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Vivir
en pareja y ser padre: impactos sobre los principios de la carrera.
Bref. Paris. CEREQ. N°241, mayo 2007.
Resumen
El
Centro de Estudios e Investigaciones sobre Calificaciones (CEREQ)
publicó, recientemente, los resultados de una investigación,
desarrollada en Francia, sobre los impactos en la situación
profesional de la construcción de una familia. Los datos
provienen de una encuesta longitudinal llamada "generación",
desarrollada a nivel nacional desde el principio de los años
1990, cuya meta es analizar los principios de la trayectoria laboral
de toda una generación.
El
artículo se basa en la "generación 98"
(los que salieron del sistema escolar en 1998), más específicamente
en los 16.000 jóvenes representativos viviendo en pareja
que fueron entrevistados varias veces, la última fue en
2005, o sea a su séptimo año de vida activa.
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Este periodo es interesante
en la medida de que la estabilización de la carrera profesional
corresponde usualmente también al momento de constitución
de una familia. El artículo busca demostrar que a pesar
de la autonomización de las mujeres respecto a la función
maternal y a una participación cada vez más continua
de ellas en el mercado laboral, ser madre sigue siendo una traba
a la carrera profesional.
El artículo
contempla diferencias importantes según sexo. De manera
general, las mujeres suelen tener un comportamiento adelantado
al de los hombres respecto a la constitución de una familia.
A más temprana edad, tienden a irse de la casa de sus padres,
vivir en pareja y formar un hogar. Pero el hecho de tener hijos
tiene consecuencias totalmente disímiles en la situación
profesional según el sexo. El ser padre parece no afectar
el empleo de los varones, tanto al nivel salarial como del tiempo
trabajo. De hecho, más del 90% de los hombres padres declaran
que el nacimiento del primer y/o segundo hijo no provocó
ningún cambio a nivel profesional.
Al contrario,
la situación laboral de las mujeres en pareja es muy distinta
según que sean madre o no y eso cualquier sea el nivel
de estudio. El 20% de las mujeres que tienen varios hijos son
inactivas y 10% están desempleadas mientras que dentro
de las mujeres sin hijos, estas cifras llegan solamente al 3%
y 8% respectivamente. Estas cifras aumentan más aún
cuando el nivel educativo baja. Así, 41% de las madres
que dejaron el sistema educativo sin diploma se encuentran inactivas.
El tiempo trabajado está también vinculado con la
composición familiar ya que cuantos más hijos tienen,
menos horas suelen trabajar. Si comparamos las mujeres que estudiaron
a nivel terciario durante tres años o más, 92% de
las que no tienen hijos trabajan a tiempo completo. Este porcentaje
se reduce al 49% cuando son madres de varios hijos. Esta situación
tiene repercusiones en los ingresos percibidos, siendo menores
para las madres.
Estas diferencias parecen directamente vinculadas al momento del
nacimiento de los hijos. El 32% de las mujeres declaran que la
llegada del primer hijo tuvo una o varias incidencias en su empleo.
El 17% de las mujeres pasan de un tiempo completo a un tiempo
parcial después del nacimiento del primer hijo y luego
del segundo hijo este porcentaje es de 35%. Los cambios realizados
tienden a tener consecuencias en el largo plazo. Aquí se
dibujan dos categorías de madres. Por un lado, las mujeres
que no modificaron - o modificaron solamente en forma provisoria
- su inversión profesional cuando nacieron sus hijos, trabajan
en condiciones parecidas a las mujeres sin hijos. Por otro lado,
las que aceptaron una limitación, disminución, o
interrupción de sus ingresos profesionales para dedicarse
más a sus hijos y a las tareas domesticas se encuentran
en situación de desventaja en el mercado laboral. Estas
últimas suelen tener un nivel educativo inferior a la primera
categoría. Las dificultades de inserción profesional
de las mujeres de menor nivel de estudios tienden a reforzar los
roles sociales que hombres y mujeres interiorizaron a muy temprana
edad, o sea, un posicionamiento de ellas en el ámbito doméstico.
Las
prioridades asignadas por mujeres y hombres refleja claramente
esta interiorización de roles. Si la proporción
de jóvenes que declaran privilegiar su vida fuera del trabajo
es sensiblemente igual por ambos sexo cuando no tienen hijos,
las jóvenes madres son muchas más en poner hincapié
en la vida fuera del trabajo que los jóvenes padres. La
diferencia entre los dos sexos va aumentando con el número
de hijos. Desde ya en los primeros años de vida activa,
las prioridades profesionales de las jóvenes madres son
fuertemente ligadas a sus responsabilidades familiares. Es muy
probable que, a pesar de ser el fruto de una verdadera elección,
estas inclinaciones pueden ser también explicadas por la
asignación de las mujeres, especialmente cuando son madres,
a las tareas hogareñas.
Centrándonos en la distribución de las tareas domésticas
dentro de la pareja, llegamos a una conclusión similar.
En efecto, 37% de las mujeres y solamente 3% de los hombres declaran
realizar habitualmente lo principal de las tareas domésticas.
En la medida de que las parejas jóvenes suelen delegar
poco las tareas domésticas a terceros, estas cifras demuestran
la persistencia de una división sexual tradicional de los
roles dentro de la pareja. Esta división puede ser ligeramente
desdibujada según el capital social y escolar así
como según la profesión que la mujer o su cónyuge
ejerce. Cada vez que la familia se agranda, la especialización
en roles tradicionales tiende a acentuarse.
Las
relaciones entre responsabilidades domésticas y situación
profesional y sus cambios con la llegada de los hijos están,
a menudo, interpretadas como una opción económicamente
racional que apunta a favorecer, dentro de la pareja, la carrera
del hombre anticipada como teniendo más potencialidades.
Sin embargo, la opción de varias madres de favorecer su
vida familiar respecto a su inversión profesional contiene
riesgos en caso de separación de la pareja. Sobre todo,
este argumento económico no permite explicar muchas situaciones.
Así un cuarto de las mujeres que trabajan tanto o más
y ganan tanto o más que su pareja asume igual la mayoría
de las tareas domésticas. Adentro de las parejas jóvenes,
parece que se mantienen lógicas de reproducción
de los roles sociales y conyugales tradicionales.
El artículo
completo está accesible en francés en la página
Internet del CEREQ: http://www.cereq.fr/pdf/b241.pdf
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