"AMÉRICA ES JÓVEN"
FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD
EMPELO, EDUCACIÓN, ESPACIOS DE PARTICIPACIÓN
3 al 5 de febrero, Costa Rica
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AMÉRICA ES JOVEN
Han pasado treinta años desde que en Francia, en los Estados Unidos,
en México, y de una u otra forma en muchas naciones más, los jóvenes
expresaron al mismo tiempo sus sueños colectivos, y su rechazo a las
barreras que el mundo actual imponía a la realización de esos sueños.
Indiferente, o quizá incapaz de reaccionar ante los desafíos que planteaban
los jóvenes, el mundo siguió su curso. Los resultados de aquellas manifestaciones
quedaron en gran medida en la esfera de los ideales y las buenas intenciones.
Pareció, en los años siguientes, que los jóvenes hubieran agotado su
capacidad de desafiar lo establecido. Peor aun, las estructuras del
poder político y económico optaron por aprender a ignorarlos, a marginarlos,
a invisibilizarlos.
Ha transcurrido desde entonces el lapso de una generación. Quienes,
habiendo vivido aquellos tiempos, tenemos hoy responsabilidad en la
conducción de nuestras sociedades, comenzamos a echar de menos la voz
vibrante y entusiasta de los jóvenes. Nos hace falta la visión a veces
quizá errática, pero a menudo lúcida y siempre noble, de las nuevas
generaciones. Empezamos a preguntarnos si no debemos aprender nuevamente
a escuchar esas voces, que de una manera u otra también nosotros llevamos
dentro.
Dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en América
Latina, estamos haciendo esfuerzos para captar las nuevas señales de
los jóvenes. Hemos iniciado un trabajo sistemático para explorar sus
ideas, sus aspiraciones, y también sus frustraciones. Con instrumentos
estadísticos estamos también tratando de conocer mejor su situación
real en términos de educación, empleo y salud. Una cosa nos resulta
clara : tenemos con los jóvenes una deuda de atención, una deuda
de interés genuino que se ha acumulado ya por varias décadas. Estamos
obligados a recuperar tiempo perdido.
El horizonte social de los jóvenes latinoamericanos es muy distinto
del de los de otras partes del mundo. Región abrumadamente joven y pobre.
Los jóvenes , numerosos como son, no tienen en realidad muchas opciones
a las cuales acudir en busca de protección y apoyo, como pueden tenerlas
en otras regiones. Para usar una frase del poeta nicaragüense Carlos
Martínez Rivas, en América Latina la juventud no tiene dónde recostar
la cabeza. Sabiéndolo, lo que buscan son oportunidades. En la creación
de oportunidades de educación, empleo y participación están los grandes
retos en relación con la juventud de la región.
Urge ampliar la cobertura de los sistemas educativos, y establecer
mejores vínculos entre los contenidos de la educación y las demandas
del mercado laboral. Una de las quejas más frecuentes entre los jóvenes
es la escasa relación entre lo que aprenden y lo que el mercado laboral
quiere. Hay que procurar además que la educación induzca en ellos una
mentalidad emprendedora. En adelante nuestras economías van a necesitar
más empresarios, técnicos y científicos.
Muchos de nuestros jóvenes se están insertando tempranamente en el
mercado laboral. Ojalá en el futuro podamos retardar esa inserción,
para que dediquen más años al estudio. Entretanto, tenemos que hacer
grandes esfuerzos por mejorar la calidad de esa inserción, informando
a los jóvenes sobre sus oportunidades y derechos, y haciendo ver a los
empresarios la importancia de que la gente joven siga a prendiendo intensamente,
aun cuando se haya incorporado al mundo del trabajo.
Es imperativo además que abramos más puertas a la participación de
los jóvenes en los asuntos de interés. Los partidos políticos tienen
en esto una responsabilidad fundamental. También la tienen las numerosas
organizaciones de la sociedad civil que están surgiendo en nuestras
naciones. Si no escuchamos suficientemente a los jóvenes, no sólo estaremos
lejos de ayudarles a resolver sus problemas, sino que además nuestras
sociedades se privarán del ímpetu, el espíritu innovador y la nobleza
de visión que ha caracterizado a la juventud en todos los tiempos.
JUVENTUD O JUVENTUDES?
La juventud tiene características sociales y culturales distintas,
las más aprendidas a través de los distintos procesos de socialización,
así como a partir de los estímulos originados ya sea por los medios
de comunicación, o bien, por el comportamiento social observado, por
lo que su conceptualización deriva más de consideraciones sociológicas.
Las características sociales, y las pautas de comportamiento, hacen
de esta población un grupo social con una identidad cultural diferente
y con un subsistema particular de valores. Es por ello que, para esta
población, el trabajo, la participación, la educación, la recreación
entre otros, se constituyen en factores fundamentales para lograr su
desarrollo individual y su inserción social de manera plena.
Se puede decir que "la juventud es una categoría social construida
para propiciar condiciones que favorezcan el desarrollo individual de
los jóvenes, a través de determinadas estructuras de actividad".
Sin embargo, la juventud no es un bloque homogéneo, las diferentes formas
de percibir la realidad, sus intereses y las maneras de acceder a las
oportunidades y estructuras sociales, están determinadas por su procedencia,
su situación socioeconómica, sus experiencias personales, su cultura
y su nivel de educación, entre otros. Como categoría social "su
presencia no siempre es igual ni en el tiempo, ni en su actividad social,
ni entre países distintos". De ahí que cuando se hace referencia
a los procesos sociales, resulta necesario hablar de "las juventudes".
Todo lo anterior dificulta establecer una definición precisa de lo
que se entiende por juventud, así como de las edades que comprende esta
etapa, aunque en la mayoría de los casos, y por razones estadísticas,
se hacen segmentaciones por rangos de edad (grupos etarios).
DEUDA CON LA JUVENTUD
Según un estudio reciente de la CEPAL, algunos elementos generadores
de pobreza entre niños y jóvenes son: la reproducción incesante del
ciclo de pobreza, el cual tiene como base a la familia; déficit en su
desarrollo físico y mental; debilidades en su formación; bajo nivel
de educación, poco desarrollo de habilidades y destrezas; orientaciones
socioculturales limitantes; baja capacidad de inserción social; y pocas
oportunidades para obtener los recursos que necesitan para su pleno
desarrollo.
Para romper el ciclo de pobreza, se deben generar condiciones entre
los jóvenes que les permitan una inserción ventajosa en los mercados
laborales. Para ello es indispensable invertir en este sector de la
población, ya que es durante la juventud que se consolidan sus habilidades,
destrezas y valores. Es indispensable ampliarles las oportunidades para
que asuman un papel protagónico como actores estratégicos del desarrollo,
y para que participen activamente en la construcción de una sociedad
más justa y equitativa en lo económico. Los jóvenes no pueden aprender
valores de justicia, paz y de equidad cuando carecen de alimentación,
trabajo, oportunidades de participación, de acceso a la educación y
a los servicios de salud, entre otros.
Uno de los vehículos importantes para romper con este ciclo es la educación,
tanto la formal como la informal, juega un papel relevante en la construcción
de una nueva sociedad, pues a través de ella podemos transmitir valores,
cultura y formas de pensamiento menos dependientes. La educación tanto
formal como informal, es fundamental para que las actuales y futuras
generaciones de jóvenes, gocen de las oportunidades que les permitan
un desarrollo integral.
Generalmente las y los jóvenes carecen de los instrumentos necesarios
para responder a las exigencias del medio, y sin embargo se les impone
la responsabilidad de definir acciones que permitan resolver la contradicción
entre las oportunidades y la exclusión.
En la actualidad la riqueza de los países está determinada por el potencial
humano; de ahí la importancia de invertir en la juventud para desarrollar
sus capacidades de creatividad, de gestión y de control sobre los procesos
de producción. Hoy el conocimiento adquiere un nuevo valor, la distancia
económica entre países está marcada por la inteligencia y el dominio
de la tecnología. Es por eso que todo proceso económico y social que
se pretenda desarrollar en América Latina, deberá plantear al desarrollo
integral de la juventud como eje fundamental.
MENOS OPORTUNIDADES DE EMPLEO
Las medidas de ajuste estructural han restringido las oportunidades
de empleo para los jóvenes. A la generación anterior le bastaba cursas
estudios universitarios para conseguir trabajo. Actualmente, una carrera
universitaria no es sinónimo de empleo. Más aun, para la inmensa mayoría
de los jóvenes que no logran cursar una carrera universitaria son mayores
las dificultades que enfrentan para incorporarse al mercado laboral.
De acuerdo con el sociólogo Ernesto Rodríguez, los jóvenes constituyen
la mitad del total de desempleados de todos los países de América Latina
seleccionados para su estudio. Su investigación indica que, para 1992,
el desempleo juvenil en la región duplicaba el desempleo global . Lo
anterior trae importantes consecuencias económicas pues se desaprovechan
recursos humanos valiosos, aptos para adaptarse a las demandas tecnológicas
que requieren los países para lograr mejores niveles de desarrollo económico
y una mejor inserción en los mercados internacionales.
Recientes investigaciones demuestran que existe una serie de situaciones
que dificultan la inserción laboral de la juventud: en relación con
los jóvenes en situación de pobreza, se ha podido constatar que el principal
desafío a encarar es su escasa y defectuosa capacitación y, en cuanto
a los provenientes de estratos medios, la debilidad reside en su falta
de experiencia.
Uno de los principales problemas que enfrentan las y los jóvenes para
lograr la inserción laboral es la débil relación entre el sistema educativo
y el trabajo. Cada vez es más grande el numero de personas que ven frustradas
sus aspiraciones al constatar que la educación obtenida no necesariamente
se traduce en mayores oportunidades de inserción laboral. En el mejor
de los casos, la educación contribuye a promover esquemas de dependencia,
pues los prepara para ser empleados, o bien los capacita para ejecutar
trabajos operativos que no les brindan oportunidades de desarrollo individual
ni social, y elude la formación de actitudes, habilidades y destrezas
que les ayuden a forjar una mente emprendedora, preparada para enfrentar
las exigencias del mercado actual, por lo que la función de la educación
como instrumento privilegiado de integración social ascendente tiende
a disminuir, a la par que, paradójicamente, en el mercado de trabajo
aumentan sostenidamente las exigencias educativas para acceder a ocupaciones
productivas.
Una oferta laboral que excede la demanda del mercado, aunado a la inexperiencia
de la juventud, la necesidad cada vez mayor de contar con mano de obra
especializada y una educación que no se ajusta a las exigencias del
mercado laboral, son elementos que tal vez contribuyan en alguna medida
a explicar por qué el 80% del empleo generado en América Latina
en los últimos tiempos es informal.
Todo lo anterior nos lleva a la necesidad de replantear los modelos
educativos en América Latina y a definir política laborales para las
juventudes, que permitan formar nuevas generaciones bajo perfiles más
acordes con la realidad y las necesidades que, como seres humanos enfrentarán
en sus procesos de desarrollo persona y social.
El poco o ningún acceso a las oportunidades de trabajo tiene además
otras consecuencias negativas entre las juventudes, en especial para
los grupos que se encuentran en situación de pobreza, ya que esta condición
no va sólo en detrimento de su situación socioeconómica, sino que interfiere
con su autoestima, con la posibilidad de construir su proyecto de vida
y de lograr un desarrollo psicosocial pleno, por lo que terminan, en
su gran mayoría reproduciendo las condiciones que generan el círculo
de pobreza iniciado por sus padres. Para romper con este esquema es
necesario invertir en el presente, debemos darles a las juventudes instrumentos
que les ayuden a orientar sus acciones como sujetos activos y protagónicos
hacia la construcción de una nueva sociedad, a partir de sus propias
realidades, donde el desarrollo económico esté sustentado en oportunidades
y espacios de interacción.
Es indispensable definir acciones concretas tales como :
- Fomentar entre las y los jóvenes una mentalidad emprendedora
- Mayor acceso a la capacitación formal e informal
- Promover la creación de formas de fomentar el empleo juvenil
- Crear un sistema de información sobre trabajo para jóvenes
LOS ESPACIOS PARA LA PARTICIPACIÓN
Dentro del nuevo esquema económico, los espacios de participación cobran
más importancia, ya que para hacerle frente a la competitividad tanto
el Estado como la sociedad civil se han visto obligados a redefinir
sus roles tradicionales: el Estado debe brindar los espacios y los instrumentos
que hagan posible la participación, la sociedad civil, por su parte,
debe estar preparada para saber cómo, cuándo, dónde y para qué participar.
Dentro de este esquema generalmente las y los jóvenes se han visto marginados,
se ven relegados de la toma de decisiones y de los logros sociales,
su espacio de acción se reduce al papel que la sociedad les confiere
en un sentido paternalista y socialmente determinado.
A pesar de que con frecuencia las y los jóvenes son invocados como
actores del presente, esto no ha pasado de ser nada más que un discurso
ya que en la realidad se brindan pocos espacios y oportunidades para
su participación política y social, tanto en el ámbito nacional como
en el local, por lo que se convierten en espectadores pasivos del
presente, sin ninguna injerencia en la construcción del futuro,
pero con la responsabilidad de asumir su conducción de manera responsable.
En este sentido es importante definir dos vertientes de participación
política : una es el derecho al acceso a cargos públicos, muchas
veces restringido por la edad. La segunda vertiente está relacionada
con una participación que va más allá de lo electoral: se trata de que
puedan manifestarse y participar en el diseño y evaluación de políticas
públicas importantes para el país.
El ejercicio pleno de la ciudadanía, comprende también la puesta en
práctica de una serie de derechos : libertad de expresión, libertad
de petición y libertad de asociación.
Como parte de un esfuerzo para homologar criterios, en 1985, durante
el Año Internacional de la Juventud, las Naciones Unidas emitió una
propuesta en el sentido de que la etapa de la juventud comprende de
los 15 a los 25 años. De la misma forma y con el propósito de promover
la formulación de políticas de juventud, la Organización Iberoamericana
de la Juventud considera como jóvenes a quienes se encuentran comprendidos
entre los 15 y 30 años.
En conclusión, la juventud no es una edad específica, sino que se define
a partir de un tipo de conducta y praxis que la diferencia de los demás
miembros de la sociedad.
LA JUVENTUD EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN
El nuevo orden económico imperante, ha determinado una serie de cambios
y transformaciones, sobre todo para los países de América Latina, no
sólo a nivel de la economía internacional, con la conformación de alianzas
regionales y la reestructuración de los mercados internacionales, sino
también en el manejo de los recursos. La globalización supone el uso
intensivo del conocimiento, por lo que a nivel nacional se ha hecho
necesario iniciar un proceso de formación integral de los individuos,
que contemple el desarrollo de sus capacidades innovadoras por una parte,
y el dominio de herramientas tecnológicas por otra, de tal manera que
puedan insertarse efectivamente en un mercado laboral cada vez más competitivo.
Por lo tanto, es en este escenario donde los jóvenes se constituyen
en uno de los principales ejes.
En este contexto la exclusión social, económica y política, se convierte
en el principal reto para que los países latinoamericanos logren una
inserción de calidad en los mercados internacionales.
Para asegurar la sostenibilidad a esta inserción el "nuevo paradigma
de desarrollo requiere la inclusión de acciones sociales, culturales
y políticas que, sin restarle importancia al crecimiento económico,
consolide una sociedad civil más activa, participativa y capacitada
para el trabajo. De ahí que la apertura de espacios para sectores de
la población que tradicionalmente excluidos es a la vez una necesidad
y una condición". En este sentido uno de los sectores más afectados
ha sido el de la juventud, sobre todo en aquellas amplias franjas que,
por su situación de pobreza, abandonan el sistema educativo y se ven
obligados a participar en el sistema laboral en forma desventajosa,
con lo que en la mayoría de los casos terminan inmersos en un círculo
vicioso de precariedad laboral. Para ilustrar esta situación basta recordar
que, según estudios efectuados, de los 90 millones de jóvenes de 15
a 24 años existentes en América Latina (en 1990), cerca de 50 millones
formaban parte de la PEA ( aproximadamente al 30% de la PEA total),
pero 5 millones (10%) de ellos, se encontraban desocupados, y otro importante
grupo ( de más difícil cuantificación), se encontraba subempleado trabajando
en condiciones muy precarias, lo anterior es reflejo del proceso de
inserción temprana que ha caracterizado a muchos países de la
región.
La participación de las juventudes es una consecuencia automática de
derechos inherentes a toda persona humana. Para ejercicio de estos derechos
es necesario promover su participación en lo concerniente al control
político de las actividades de quienes gobiernan. Así mismo, el ejercicio
cada vez más temprano de la ciudadanía, producto del mayor acceso a
la información y a la educación, así como la aceleración del tiempo
social, obligan a crear espacios para la participación con prontitud,
imaginación y creatividad.
Debemos tomar en cuenta que la participación no sólo constituye un
elemento importante para nuestros jóvenes, sino que únicamente a través
de su práctica cotidiana, en todos los ámbitos de acción, podremos asegurar
la consolidación de la democracia como forma de vida y de ejercicio
pleno de la ciudadanía, de ahí que es necesario definir líneas de acción
tales como:
- Crear canales que permitan la participación de las y los jóvenes
en los procesos de toma de decisión con respecto a temas de su interés.
- Establecer o ampliar la comunicación entre jóvenes e instituciones
con programas de desarrollo local.
- Divulgar sus derechos y sus responsabilidades.
- Abrir espacios para una participación real y activa en las organizaciones
políticas.
CONCLUSIONES
Si a nuestros jóvenes se les brinda la oportunidad de vivir la democracia,
y se les posibilita el disfrute real de sus derechos, éstos lograrán
encontrarle sentido a la existencia de esta forma de convivencia.
En momentos en que en algunos países de América Latina se habla de
ingobernabilidad, debemos fijar nuestros ojos y cifrar esperanzas en
las y los jóvenes, ya que la paz, la democracia y el desarrollo de nuestros
países están marcados por los aportes de las presentes y las nuevas
generaciones.
Los y las jóvenes que día a día asisten a las aulas, a menudo oyen
hablar sobre sus derechos, el derecho a la educación, el derecho al
trabajo y el derecho a espacios para la participación, entre otros,
pero cuando encaran el discurso con la realidad, se ven sometidos a
la contradicción entre los derechos que tienen y la imposibilidad de
gozarlos, por lo que muchos optan por soluciones individuales no legítimas
para tratar de alcanzarlos. De ahí que la inversión social es indispensable
e impostergable. Alguien dijo una vez que un país que no invierte en
sus jóvenes es un país sin futuro, pongamos nuestros ojos en el futuro
sin perder de vista nuestro presente, debemos tener claro que la paz,
la democracia y la inversión social, especialmente en nuestras juventudes,
constituyen tres ejes importantes para darle sostenibilidad a los procesos
de desarrollo económico de los países, debemos recordar que la paz no
es solamente ausencia de guerra, la paz se construye día a día con acceso
a las oportunidades de educación, participación y trabajo.