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Fecha de actualización:
27/11/2008

 

 

 

"AMÉRICA ES JÓVEN"
FESTIVAL INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD
EMPELO, EDUCACIÓN, ESPACIOS DE PARTICIPACIÓN

3 al 5 de febrero, Costa Rica

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AMÉRICA ES JOVEN

Han pasado treinta años desde que en Francia, en los Estados Unidos, en México, y de una u otra forma en muchas naciones más, los jóvenes expresaron al mismo tiempo sus sueños colectivos, y su rechazo a las barreras que el mundo actual imponía a la realización de esos sueños. Indiferente, o quizá incapaz de reaccionar ante los desafíos que planteaban los jóvenes, el mundo siguió su curso. Los resultados de aquellas manifestaciones quedaron en gran medida en la esfera de los ideales y las buenas intenciones. Pareció, en los años siguientes, que los jóvenes hubieran agotado su capacidad de desafiar lo establecido. Peor aun, las estructuras del poder político y económico optaron por aprender a ignorarlos, a marginarlos, a invisibilizarlos.

Ha transcurrido desde entonces el lapso de una generación. Quienes, habiendo vivido aquellos tiempos, tenemos hoy responsabilidad en la conducción de nuestras sociedades, comenzamos a echar de menos la voz vibrante y entusiasta de los jóvenes. Nos hace falta la visión a veces quizá errática, pero a menudo lúcida y siempre noble, de las nuevas generaciones. Empezamos a preguntarnos si no debemos aprender nuevamente a escuchar esas voces, que de una manera u otra también nosotros llevamos dentro.

Dentro del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en América Latina, estamos haciendo esfuerzos para captar las nuevas señales de los jóvenes. Hemos iniciado un trabajo sistemático para explorar sus ideas, sus aspiraciones, y también sus frustraciones. Con instrumentos estadísticos estamos también tratando de conocer mejor su situación real en términos de educación, empleo y salud. Una cosa nos resulta clara : tenemos con los jóvenes una deuda de atención, una deuda de interés genuino que se ha acumulado ya por varias décadas. Estamos obligados a recuperar tiempo perdido.

El horizonte social de los jóvenes latinoamericanos es muy distinto del de los de otras partes del mundo. Región abrumadamente joven y pobre. Los jóvenes , numerosos como son, no tienen en realidad muchas opciones a las cuales acudir en busca de protección y apoyo, como pueden tenerlas en otras regiones. Para usar una frase del poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas, en América Latina la juventud no tiene dónde recostar la cabeza. Sabiéndolo, lo que buscan son oportunidades. En la creación de oportunidades de educación, empleo y participación están los grandes retos en relación con la juventud de la región.

Urge ampliar la cobertura de los sistemas educativos, y establecer mejores vínculos entre los contenidos de la educación y las demandas del mercado laboral. Una de las quejas más frecuentes entre los jóvenes es la escasa relación entre lo que aprenden y lo que el mercado laboral quiere. Hay que procurar además que la educación induzca en ellos una mentalidad emprendedora. En adelante nuestras economías van a necesitar más empresarios, técnicos y científicos.

Muchos de nuestros jóvenes se están insertando tempranamente en el mercado laboral. Ojalá en el futuro podamos retardar esa inserción, para que dediquen más años al estudio. Entretanto, tenemos que hacer grandes esfuerzos por mejorar la calidad de esa inserción, informando a los jóvenes sobre sus oportunidades y derechos, y haciendo ver a los empresarios la importancia de que la gente joven siga a prendiendo intensamente, aun cuando se haya incorporado al mundo del trabajo.

Es imperativo además que abramos más puertas a la participación de los jóvenes en los asuntos de interés. Los partidos políticos tienen en esto una responsabilidad fundamental. También la tienen las numerosas organizaciones de la sociedad civil que están surgiendo en nuestras naciones. Si no escuchamos suficientemente a los jóvenes, no sólo estaremos lejos de ayudarles a resolver sus problemas, sino que además nuestras sociedades se privarán del ímpetu, el espíritu innovador y la nobleza de visión que ha caracterizado a la juventud en todos los tiempos.

JUVENTUD O JUVENTUDES?

La juventud tiene características sociales y culturales distintas, las más aprendidas a través de los distintos procesos de socialización, así como a partir de los estímulos originados ya sea por los medios de comunicación, o bien, por el comportamiento social observado, por lo que su conceptualización deriva más de consideraciones sociológicas.

Las características sociales, y las pautas de comportamiento, hacen de esta población un grupo social con una identidad cultural diferente y con un subsistema particular de valores. Es por ello que, para esta población, el trabajo, la participación, la educación, la recreación entre otros, se constituyen en factores fundamentales para lograr su desarrollo individual y su inserción social de manera plena.

Se puede decir que "la juventud es una categoría social construida para propiciar condiciones que favorezcan el desarrollo individual de los jóvenes, a través de determinadas estructuras de actividad". Sin embargo, la juventud no es un bloque homogéneo, las diferentes formas de percibir la realidad, sus intereses y las maneras de acceder a las oportunidades y estructuras sociales, están determinadas por su procedencia, su situación socioeconómica, sus experiencias personales, su cultura y su nivel de educación, entre otros. Como categoría social "su presencia no siempre es igual ni en el tiempo, ni en su actividad social, ni entre países distintos". De ahí que cuando se hace referencia a los procesos sociales, resulta necesario hablar de "las juventudes".

Todo lo anterior dificulta establecer una definición precisa de lo que se entiende por juventud, así como de las edades que comprende esta etapa, aunque en la mayoría de los casos, y por razones estadísticas, se hacen segmentaciones por rangos de edad (grupos etarios).

DEUDA CON LA JUVENTUD

Según un estudio reciente de la CEPAL, algunos elementos generadores de pobreza entre niños y jóvenes son: la reproducción incesante del ciclo de pobreza, el cual tiene como base a la familia; déficit en su desarrollo físico y mental; debilidades en su formación; bajo nivel de educación, poco desarrollo de habilidades y destrezas; orientaciones socioculturales limitantes; baja capacidad de inserción social; y pocas oportunidades para obtener los recursos que necesitan para su pleno desarrollo.

Para romper el ciclo de pobreza, se deben generar condiciones entre los jóvenes que les permitan una inserción ventajosa en los mercados laborales. Para ello es indispensable invertir en este sector de la población, ya que es durante la juventud que se consolidan sus habilidades, destrezas y valores. Es indispensable ampliarles las oportunidades para que asuman un papel protagónico como actores estratégicos del desarrollo, y para que participen activamente en la construcción de una sociedad más justa y equitativa en lo económico. Los jóvenes no pueden aprender valores de justicia, paz y de equidad cuando carecen de alimentación, trabajo, oportunidades de participación, de acceso a la educación y a los servicios de salud, entre otros.

Uno de los vehículos importantes para romper con este ciclo es la educación, tanto la formal como la informal, juega un papel relevante en la construcción de una nueva sociedad, pues a través de ella podemos transmitir valores, cultura y formas de pensamiento menos dependientes. La educación tanto formal como informal, es fundamental para que las actuales y futuras generaciones de jóvenes, gocen de las oportunidades que les permitan un desarrollo integral.

Generalmente las y los jóvenes carecen de los instrumentos necesarios para responder a las exigencias del medio, y sin embargo se les impone la responsabilidad de definir acciones que permitan resolver la contradicción entre las oportunidades y la exclusión.

En la actualidad la riqueza de los países está determinada por el potencial humano; de ahí la importancia de invertir en la juventud para desarrollar sus capacidades de creatividad, de gestión y de control sobre los procesos de producción. Hoy el conocimiento adquiere un nuevo valor, la distancia económica entre países está marcada por la inteligencia y el dominio de la tecnología. Es por eso que todo proceso económico y social que se pretenda desarrollar en América Latina, deberá plantear al desarrollo integral de la juventud como eje fundamental.

MENOS OPORTUNIDADES DE EMPLEO

Las medidas de ajuste estructural han restringido las oportunidades de empleo para los jóvenes. A la generación anterior le bastaba cursas estudios universitarios para conseguir trabajo. Actualmente, una carrera universitaria no es sinónimo de empleo. Más aun, para la inmensa mayoría de los jóvenes que no logran cursar una carrera universitaria son mayores las dificultades que enfrentan para incorporarse al mercado laboral.

De acuerdo con el sociólogo Ernesto Rodríguez, los jóvenes constituyen la mitad del total de desempleados de todos los países de América Latina seleccionados para su estudio. Su investigación indica que, para 1992, el desempleo juvenil en la región duplicaba el desempleo global . Lo anterior trae importantes consecuencias económicas pues se desaprovechan recursos humanos valiosos, aptos para adaptarse a las demandas tecnológicas que requieren los países para lograr mejores niveles de desarrollo económico y una mejor inserción en los mercados internacionales.

Recientes investigaciones demuestran que existe una serie de situaciones que dificultan la inserción laboral de la juventud: en relación con los jóvenes en situación de pobreza, se ha podido constatar que el principal desafío a encarar es su escasa y defectuosa capacitación y, en cuanto a los provenientes de estratos medios, la debilidad reside en su falta de experiencia.

Uno de los principales problemas que enfrentan las y los jóvenes para lograr la inserción laboral es la débil relación entre el sistema educativo y el trabajo. Cada vez es más grande el numero de personas que ven frustradas sus aspiraciones al constatar que la educación obtenida no necesariamente se traduce en mayores oportunidades de inserción laboral. En el mejor de los casos, la educación contribuye a promover esquemas de dependencia, pues los prepara para ser empleados, o bien los capacita para ejecutar trabajos operativos que no les brindan oportunidades de desarrollo individual ni social, y elude la formación de actitudes, habilidades y destrezas que les ayuden a forjar una mente emprendedora, preparada para enfrentar las exigencias del mercado actual, por lo que la función de la educación como instrumento privilegiado de integración social ascendente tiende a disminuir, a la par que, paradójicamente, en el mercado de trabajo aumentan sostenidamente las exigencias educativas para acceder a ocupaciones productivas.

Una oferta laboral que excede la demanda del mercado, aunado a la inexperiencia de la juventud, la necesidad cada vez mayor de contar con mano de obra especializada y una educación que no se ajusta a las exigencias del mercado laboral, son elementos que tal vez contribuyan en alguna medida a explicar  por qué el 80% del empleo generado en América Latina en los últimos tiempos es informal.

Todo lo anterior nos lleva a la necesidad de replantear los modelos educativos en América Latina y a definir política laborales para las juventudes, que permitan formar nuevas generaciones bajo perfiles más acordes con la realidad y las necesidades que, como seres humanos enfrentarán en sus procesos de desarrollo persona y social.

El poco o ningún acceso a las oportunidades de trabajo tiene además otras consecuencias negativas entre las juventudes, en especial para los grupos que se encuentran en situación de pobreza, ya que esta condición no va sólo en detrimento de su situación socioeconómica, sino que interfiere con su autoestima, con la posibilidad de construir su proyecto de vida y de lograr un desarrollo psicosocial pleno, por lo que terminan, en su gran mayoría reproduciendo las condiciones que generan el círculo de pobreza iniciado por sus padres. Para romper con este esquema es necesario invertir en el presente, debemos darles a las juventudes instrumentos que les ayuden a orientar sus acciones como sujetos activos y protagónicos hacia la construcción de una nueva sociedad, a partir de sus propias realidades, donde el desarrollo económico esté sustentado en oportunidades y espacios de interacción.

Es indispensable definir acciones concretas tales como :

  • Fomentar entre las y los jóvenes una mentalidad emprendedora
  • Mayor acceso a la capacitación formal e informal
  • Promover la creación de formas de fomentar el empleo juvenil
  • Crear un sistema de información sobre trabajo para jóvenes

LOS ESPACIOS PARA LA PARTICIPACIÓN

Dentro del nuevo esquema económico, los espacios de participación cobran más importancia, ya que para hacerle frente a la competitividad tanto el Estado como la sociedad civil se han visto obligados a redefinir sus roles tradicionales: el Estado debe brindar los espacios y los instrumentos que hagan posible la participación, la sociedad civil, por su parte, debe estar preparada para saber cómo, cuándo, dónde y para qué participar. Dentro de este esquema generalmente las y los jóvenes se han visto marginados, se ven relegados de la toma de decisiones y de los logros sociales, su espacio de acción se reduce al papel que la sociedad les confiere en un sentido paternalista y socialmente determinado.

A pesar de que con frecuencia las y los jóvenes son invocados como actores del presente, esto no ha pasado de ser nada más que un discurso ya que en la realidad se brindan pocos espacios y oportunidades para su participación política y social, tanto en el ámbito nacional como en el local, por lo que se convierten en espectadores pasivos del presente, sin ninguna injerencia en la construcción del futuro, pero con la responsabilidad de asumir su conducción de manera responsable.

En este sentido es importante definir dos vertientes de participación política : una es el derecho al acceso a cargos públicos, muchas veces restringido por la edad. La segunda vertiente está relacionada con una participación que va más allá de lo electoral: se trata de que puedan manifestarse y participar en el diseño y evaluación de políticas públicas importantes para el país.

El ejercicio pleno de la ciudadanía, comprende también la puesta en práctica de una serie de derechos : libertad de expresión, libertad de petición y libertad de asociación.

Como parte de un esfuerzo para homologar criterios, en 1985, durante el Año Internacional de la Juventud, las Naciones Unidas emitió una propuesta en el sentido de que la etapa de la juventud comprende de los 15 a los 25 años. De la misma forma y con el propósito de promover la formulación de políticas de juventud, la Organización Iberoamericana de la Juventud considera como jóvenes a quienes se encuentran comprendidos entre los 15 y 30 años.

En conclusión, la juventud no es una edad específica, sino que se define a partir de un tipo de conducta y praxis que la diferencia de los demás miembros de la sociedad.

LA JUVENTUD EN TIEMPOS DE GLOBALIZACIÓN

El nuevo orden económico imperante, ha determinado una serie de cambios y transformaciones, sobre todo para los países de América Latina, no sólo a nivel de la economía internacional, con la conformación de alianzas regionales y la reestructuración de los mercados internacionales, sino también en el manejo de los recursos. La globalización supone el uso intensivo del conocimiento, por lo que a nivel nacional se ha hecho necesario iniciar un proceso de formación integral de los individuos, que contemple el desarrollo de sus capacidades innovadoras por una parte, y el dominio de herramientas tecnológicas por otra, de tal manera que puedan insertarse efectivamente en un mercado laboral cada vez más competitivo. Por lo tanto, es en este escenario donde los jóvenes se constituyen en uno de los principales ejes.

En este contexto la exclusión social, económica y política, se convierte en el principal reto para que los países latinoamericanos logren una inserción de calidad en los mercados internacionales.

Para asegurar la sostenibilidad a esta inserción el "nuevo paradigma de desarrollo requiere la inclusión de acciones sociales, culturales y políticas que, sin restarle importancia al crecimiento económico, consolide una sociedad civil más activa, participativa y capacitada para el trabajo. De ahí que la apertura de espacios para sectores de la población que tradicionalmente excluidos es a la vez una necesidad y una condición". En este sentido uno de los sectores más afectados ha sido el de la juventud, sobre todo en aquellas amplias franjas que, por su situación de pobreza, abandonan el sistema educativo y se ven obligados a participar en el sistema laboral en forma desventajosa, con lo que en la mayoría de los casos terminan inmersos en un círculo vicioso de precariedad laboral. Para ilustrar esta situación basta recordar que, según estudios efectuados, de los 90 millones de jóvenes de 15 a 24 años existentes en América Latina (en 1990), cerca de 50 millones formaban parte de la PEA ( aproximadamente al 30% de la PEA total), pero 5 millones (10%) de ellos, se encontraban desocupados, y otro importante grupo ( de más difícil cuantificación), se encontraba subempleado trabajando en condiciones muy precarias, lo anterior es reflejo del proceso de inserción temprana que ha caracterizado a muchos países  de la región.

La participación de las juventudes es una consecuencia automática de derechos inherentes a toda persona humana. Para ejercicio de estos derechos es necesario promover su participación en lo concerniente al control político de las actividades de quienes gobiernan. Así mismo, el ejercicio cada vez más temprano de la ciudadanía, producto del mayor acceso a la información y a la educación, así como la aceleración del tiempo social, obligan a crear espacios para la participación con prontitud, imaginación y creatividad.

Debemos tomar en cuenta que la participación no sólo constituye un elemento importante para nuestros jóvenes, sino que únicamente a través de su práctica cotidiana, en todos los ámbitos de acción, podremos asegurar la consolidación de la democracia como forma de vida y de ejercicio pleno de la ciudadanía, de ahí que es necesario definir líneas de acción tales como:

  • Crear canales que permitan la participación de las y los jóvenes en los procesos de toma de decisión con respecto a temas de su interés.
  • Establecer o ampliar la comunicación entre jóvenes e instituciones con programas de desarrollo local.
  • Divulgar sus derechos y sus responsabilidades.
  • Abrir espacios para una participación real y activa en las organizaciones políticas.

CONCLUSIONES

Si a nuestros jóvenes se les brinda la oportunidad de vivir la democracia, y se les posibilita el disfrute real de sus derechos, éstos lograrán encontrarle sentido a la existencia de esta forma de convivencia.

En momentos en que en algunos países de América Latina se habla de ingobernabilidad, debemos fijar nuestros ojos y cifrar esperanzas en las y los jóvenes, ya que la paz, la democracia y el desarrollo de nuestros países están marcados por los aportes de las presentes y las nuevas generaciones.

Los y las jóvenes que día a día asisten a las aulas, a menudo oyen hablar sobre sus derechos, el derecho a la educación, el derecho al trabajo y el derecho a espacios para la participación, entre otros, pero cuando encaran el discurso con la realidad, se ven sometidos a la contradicción entre los derechos que tienen y la imposibilidad de gozarlos, por lo que muchos optan por soluciones individuales no legítimas para tratar de alcanzarlos. De ahí que la inversión social es indispensable e impostergable. Alguien dijo una vez que un país que no invierte en sus jóvenes es un país sin futuro, pongamos nuestros ojos en el futuro sin perder de vista nuestro presente, debemos tener claro que la paz, la democracia y la inversión social, especialmente en nuestras juventudes, constituyen tres ejes importantes para darle sostenibilidad a los procesos de desarrollo económico de los países, debemos recordar que la paz no es solamente ausencia de guerra, la paz se construye día a día con acceso a las oportunidades de educación, participación y trabajo.

 

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