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Fecha de actualización:
8/10/2008

 

 

 

Reunión Técnica sobre los Trabajadores y la Formación Profesional en América Latina

São Paulo, Brasil, los días 17 al 19 de mayo del año 2000

 

Documento de Referencia /3

La Participación sindical en la formación profesional en
América Latina y el Caribe

Cinterfor/OIT

 

Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT

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7. Algunas cuestiones abiertas en torno a la participación sindical en la formación profesional

Siendo una característica del movimiento obrero su compromiso histórico con el objetivo de un acceso universal a la educación y el conocimiento, en el campo específico de la formación profesional se asiste tanto a un incremento de la participación y el interés sindical por el tema, como al advenimiento de novedades importantes desde un punto de vista cualitativo.

Una cosa es mantenerse en la exclusiva representación sindical en los órganos de dirección tripartitos o multipartitos de Instituciones de Formación Profesional y muy otra es involucrarse en la gestión, administración y ejecución de políticas públicas de formación profesional y empleo. Una cosa es velar por que las IFP cumplan con su misión originaria y otra es ampliar los grados de participación en un creciente número de instancias tripartitas o bipartitas y aun aparecer como agentes ejecutores de acciones formativas.

Obviamente este cambio en el grado y las formas de participación no podía dejar intocada la interna sindical, desencadenando una serie de cuestiones cuyo debate se encuentra hoy en su auge.

Un primer debate en este sentido, consiste precisamente en hasta dónde deben involucrarse los sindicatos en la gestión y ejecución de políticas de formación profesional. En la medida que la formación profesional ha sido equiparada en ocasiones con las políticas de desarrollo de recursos humanos, legítimamente se plantea el punto de vista de que se trataría de una responsabilidad más que nada del actor empresarial o, a lo sumo, pública, entendida esta última en su acepción de "estatal". De otra parte, cuando se rescata la dimensión educativa que la formación profesional conlleva, se plantea el punto de vista contrario, de que los sindicatos no deberían permanecer ausentes de las decisiones en este campo.

La profundización en este debate lleva, inevitablemente, a su ramificación en varios subdebates. En tal sentido, la participación de los sindicatos en tanto ejecutantes directos de acciones formativas es una discusión en sí misma. Se vincula, por un lado, a la cuestión de la necesidad o no necesidad de que estas organizaciones diversifiquen sus servicios más allá de su tradicional función de representación y defensa de los intereses de sus afiliados. En tal sentido, se parece a las discusiones que puede suscitar la prestación de servicios sindicales en el campo de la salud, de la educación, del deporte, u otros.

Siendo esta cuestión de por sí compleja, se le agrega además una dimensión financiera. En la medida en que los sindicatos asumen la función de ser ejecutantes de acciones formativas, se transforman también en ejecutantes de dineros públicos. Esto ha despertado controversias en muchos casos y coloca siempre sobre la mesa una exigencia de transparencia para los sindicatos. Por otro lado, surge también la cuestión en torno a si los sindicatos deben o no desarrollar su propias infraestructuras, materiales didácticos, personal docente, etc.; o si, por el contrario, lo recomendable es buscar acuerdos de complementariedad con otros organismos o instituciones. El hecho de que muchos de estos fondos públicos no tengan además una garantía política de su permanencia, termina también colocando signos de interrogación sobre la sostenibilidad a futuro de tales esfuerzos.

Sin embargo, y más allá de las controversias, una cosa parece clara: la incursión de los sindicatos en la ejecución de acciones formativas les ha dado un conocimiento de la complejidad del tema, y ampliado los horizontes de acción de forma tal que los ha cualificado para una participación más activa y eficaz en los ámbitos de decisión que logran ocupar.

Un segundo debate o cuestión de importancia, refiere a los desafíos que supone para la organización sindical asumir la participación en los ámbitos de decisión sobre formación profesional. Uno de ellos consiste en que, si la formación profesional aparece en un número cada vez mayor de negociaciones colectivas, si es preciso discutir cómo ella se incorpora a la legislación del trabajo (p.e. en los contratos de aprendizaje), y si se abren nuevas instancias (en algunos países cientos) de negociación, es preciso que los sindicatos cuenten con representantes cualificados como para asumir funciones de representación en un tema que no deja de tener sus complejidades. En tal sentido, varias centrales y sindicatos vienen desarrollando experiencias de formación sindical para cubrir tanto en número como en calidad los frentes de negociación que se abren.

Otro desafío de entidad, es el lograr que la intervención sindical en la formación profesional asuma una carácter distintivo, con un desarrollo conceptual y práctico más cercano a las ópticas del movimiento obrero. Aquí la cuestión radica en si los sindicatos habrán de limitarse a entregar una capacitación de tipo técnico, no demasiado diferente a los que podría entregar una academia o instituto privado, o si, por el contrario, se busca una integralidad y una coherencia entre las acciones formativas y los otros ejes de acción del sindicato. Uno de los caminos que vienen siendo ensayado es que las experiencias de formación profesional vayan acompañadas de módulos o contenidos sistemáticos de temas más vinculados a la tradición de la formación sindical o de la educación obrera.

En otro plano, es posible afirmar que el movimiento sindical, al menos en algunos países, viene descontando la distancia que el actor empresarial tomó en cuanto a presencia directa dentro de la oferta de formación (ya sea realizando directamente la ejecución o supervisándola). No existe sin embargo el mismo ritmo de recuperación en cuanto al desarrollo de una visión conceptual propia del movimiento obrero acerca de la formación profesional. Los enfoques que han analizado y explicitado las relaciones entre la formación profesional y la capacitación y el comportamiento de la productividad, la calidad y la competitividad, se encuentran ya muy desarrollados y ampliamente difundidos. En cambio los aportes de la formación profesional a la integración social, la lucha contra la pobreza, su rol dentro de las políticas públicas de empleo, así como su potencial para contribuir a un ejercicio pleno y moderno de la ciudadanía, son todavía incipientes.

Una tercer cuestión de importancia estratégica, refiere a la posibilidad de que la formación profesional se constituya en una herramienta que permita al movimiento obrero recuperar espacios de negociación, especialmente en un contexto (como el actual) donde la debilidad del actor sindical se incrementado en varios planos: salario, empleo, legislación del trabajo, etc. Como ya se manifestó en el presente documento, la formación profesional es cada vez menos un tema en sí mismo, autorreferente, y cada vez más un interfaz entre las esferas de los laboral, lo tecnológico y lo educativo. Pero fundamentalmente en lo que refiere a su dimensión laboral, la negociación de la formación profesional permitiría avanzar progresivamente en la consideración de otros temas, usualmente más conflictivos.

Este argumento aparece reforzado con el advenimiento de nuevos enfoques en materia de organización de la producción y el trabajo, donde la empresa, en aras de su objetivos productivos, se ve obligada a recurrir al conocimiento, la pericia, el compromiso y a lo que se ha dado en llamar "saber obrero", como fuente de innovación, eficiencia y mejora continua. Se ha entendido que dichos cambios pueden significar una "vuelta de tuerca" donde el movimiento obrero podría recuperarse de la expropiación de conocimientos a que los trabajadores fueron sometidos por los enfoques fordista-tayloristas.

La contracara de esta oportunidad es, probablemente, la extinción de las formas del trabajo asociadas a la era industrial y la reducción del empleo. Sin embargo esto, que es uno de los mayores problemas a que se enfrentan no ya los sindicatos sino la sociedades globalmente consideradas, no conoce ningún intento de solución que no contemple centralmente a la formación profesional. Así, cuando tienden a desaparecer los espacios para negociar en pie de igualdad cuestiones como el empleo o el salario, es en el campo de la formación profesional donde aún se constata con cierta frecuencia una apertura a la participación sindical.

En cuarto y último lugar, se tiene una situación que refiere exclusivamente a nuestra región: los avances del movimiento obrero en el campo de la formación profesional no son homogéneos entre los países y subregiones. Mientras en países como Argentina y Brasil, y en menor medida Uruguay y México, se registran importantes avances, aunque con características diversas, en el resto de los países de la región la participación del movimiento sindical es aún incipiente, cuando no nula. En muchos casos la participación sindical sigue restringida exclusivamente a la representación en las juntas directivas de instituciones públicas de formación profesional, mientras que en otros, a consecuencia de la privatización de las antiguas instituciones no se cuenta siquiera con ese ámbito. Esto coloca un desafío tanto al movimiento obrero como a la cooperación internacional y, específicamente en nuestro caso, a la OIT. No sólo aparece como necesario fortalecer los procesos nacionales de incorporación activa del movimiento sindical a la gestión de la formación profesional, sino que surge una nueva oportunidad de desarrollar mecanismos de solidaridad entre las organizaciones sindicales de los distintos países, como puede ser mediante el establecimiento de redes de cooperación técnica horizontal y el intercambio.

 

 


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