Reunión Técnica sobre los Trabajadores
y la Formación Profesional en América Latina
Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT
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7. Algunas cuestiones abiertas en torno a la participación sindical
en la formación profesional
Siendo una característica del movimiento obrero su
compromiso histórico con el objetivo de un acceso universal a la educación
y el conocimiento, en el campo específico de la formación profesional
se asiste tanto a un incremento de la participación y el interés sindical
por el tema, como al advenimiento de novedades importantes desde un
punto de vista cualitativo.
Una cosa es mantenerse en la exclusiva representación
sindical en los órganos de dirección tripartitos o multipartitos de
Instituciones de Formación Profesional y muy otra es involucrarse en
la gestión, administración y ejecución de políticas públicas de formación
profesional y empleo. Una cosa es velar por que las IFP cumplan con
su misión originaria y otra es ampliar los grados de participación en
un creciente número de instancias tripartitas o bipartitas y aun aparecer
como agentes ejecutores de acciones formativas.
Obviamente este cambio en el grado y las formas de
participación no podía dejar intocada la interna sindical, desencadenando
una serie de cuestiones cuyo debate se encuentra hoy en su auge.
Un primer debate en este sentido, consiste precisamente
en hasta dónde deben involucrarse los sindicatos en la gestión y
ejecución de políticas de formación profesional. En la medida que
la formación profesional ha sido equiparada en ocasiones con las políticas
de desarrollo de recursos humanos, legítimamente se plantea el punto
de vista de que se trataría de una responsabilidad más que nada del
actor empresarial o, a lo sumo, pública, entendida esta última en su
acepción de "estatal". De otra parte, cuando se rescata la
dimensión educativa que la formación profesional conlleva, se plantea
el punto de vista contrario, de que los sindicatos no deberían permanecer
ausentes de las decisiones en este campo.
La profundización en este debate lleva, inevitablemente,
a su ramificación en varios subdebates. En tal sentido, la participación
de los sindicatos en tanto ejecutantes directos de acciones formativas
es una discusión en sí misma. Se vincula, por un lado, a la cuestión
de la necesidad o no necesidad de que estas organizaciones diversifiquen
sus servicios más allá de su tradicional función de representación y
defensa de los intereses de sus afiliados. En tal sentido, se parece
a las discusiones que puede suscitar la prestación de servicios sindicales
en el campo de la salud, de la educación, del deporte, u otros.
Siendo esta cuestión de por sí compleja, se le agrega
además una dimensión financiera. En la medida en que los sindicatos
asumen la función de ser ejecutantes de acciones formativas, se transforman
también en ejecutantes de dineros públicos. Esto ha despertado controversias
en muchos casos y coloca siempre sobre la mesa una exigencia de transparencia
para los sindicatos. Por otro lado, surge también la cuestión en torno
a si los sindicatos deben o no desarrollar su propias infraestructuras,
materiales didácticos, personal docente, etc.; o si, por el contrario,
lo recomendable es buscar acuerdos de complementariedad con otros organismos
o instituciones. El hecho de que muchos de estos fondos públicos no
tengan además una garantía política de su permanencia, termina también
colocando signos de interrogación sobre la sostenibilidad a futuro de
tales esfuerzos.
Sin embargo, y más allá de las controversias, una cosa
parece clara: la incursión de los sindicatos en la ejecución de acciones
formativas les ha dado un conocimiento de la complejidad del tema, y
ampliado los horizontes de acción de forma tal que los ha cualificado
para una participación más activa y eficaz en los ámbitos de decisión
que logran ocupar.
Un segundo debate o cuestión de importancia, refiere
a los desafíos que supone para la organización sindical asumir la
participación en los ámbitos de decisión sobre formación profesional.
Uno de ellos consiste en que, si la formación profesional aparece en
un número cada vez mayor de negociaciones colectivas, si es preciso
discutir cómo ella se incorpora a la legislación del trabajo (p.e. en
los contratos de aprendizaje), y si se abren nuevas instancias (en algunos
países cientos) de negociación, es preciso que los sindicatos cuenten
con representantes cualificados como para asumir funciones de representación
en un tema que no deja de tener sus complejidades. En tal sentido, varias
centrales y sindicatos vienen desarrollando experiencias de formación
sindical para cubrir tanto en número como en calidad los frentes de
negociación que se abren.
Otro desafío de entidad, es el lograr que la intervención
sindical en la formación profesional asuma una carácter distintivo,
con un desarrollo conceptual y práctico más cercano a las ópticas del
movimiento obrero. Aquí la cuestión radica en si los sindicatos
habrán de limitarse a entregar una capacitación de tipo técnico, no
demasiado diferente a los que podría entregar una academia o instituto
privado, o si, por el contrario, se busca una integralidad y una coherencia
entre las acciones formativas y los otros ejes de acción del sindicato.
Uno de los caminos que vienen siendo ensayado es que las experiencias
de formación profesional vayan acompañadas de módulos o contenidos sistemáticos
de temas más vinculados a la tradición de la formación sindical o de
la educación obrera.
En otro plano, es posible afirmar que el movimiento
sindical, al menos en algunos países, viene descontando la distancia
que el actor empresarial tomó en cuanto a presencia directa dentro de
la oferta de formación (ya sea realizando directamente la ejecución
o supervisándola). No existe sin embargo el mismo ritmo de recuperación
en cuanto al desarrollo de una visión conceptual propia del movimiento
obrero acerca de la formación profesional. Los enfoques que han analizado
y explicitado las relaciones entre la formación profesional y la capacitación
y el comportamiento de la productividad, la calidad y la competitividad,
se encuentran ya muy desarrollados y ampliamente difundidos. En cambio
los aportes de la formación profesional a la integración social, la
lucha contra la pobreza, su rol dentro de las políticas públicas de
empleo, así como su potencial para contribuir a un ejercicio pleno y
moderno de la ciudadanía, son todavía incipientes.
Una tercer cuestión de importancia estratégica, refiere
a la posibilidad de que la formación profesional se constituya en
una herramienta que permita al movimiento obrero recuperar espacios
de negociación, especialmente en un contexto (como el actual) donde
la debilidad del actor sindical se incrementado en varios planos: salario,
empleo, legislación del trabajo, etc. Como ya se manifestó en el presente
documento, la formación profesional es cada vez menos un tema en sí
mismo, autorreferente, y cada vez más un interfaz entre las esferas
de los laboral, lo tecnológico y lo educativo. Pero fundamentalmente
en lo que refiere a su dimensión laboral, la negociación de la formación
profesional permitiría avanzar progresivamente en la consideración de
otros temas, usualmente más conflictivos.
Este argumento aparece reforzado con el advenimiento
de nuevos enfoques en materia de organización de la producción y el
trabajo, donde la empresa, en aras de su objetivos productivos, se ve
obligada a recurrir al conocimiento, la pericia, el compromiso y a lo
que se ha dado en llamar "saber obrero", como fuente de innovación,
eficiencia y mejora continua. Se ha entendido que dichos cambios pueden
significar una "vuelta de tuerca" donde el movimiento obrero
podría recuperarse de la expropiación de conocimientos a que los trabajadores
fueron sometidos por los enfoques fordista-tayloristas.
La contracara de esta oportunidad es, probablemente,
la extinción de las formas del trabajo asociadas a la era industrial
y la reducción del empleo. Sin embargo esto, que es uno de los mayores
problemas a que se enfrentan no ya los sindicatos sino la sociedades
globalmente consideradas, no conoce ningún intento de solución que no
contemple centralmente a la formación profesional. Así, cuando tienden
a desaparecer los espacios para negociar en pie de igualdad cuestiones
como el empleo o el salario, es en el campo de la formación profesional
donde aún se constata con cierta frecuencia una apertura a la participación
sindical.
En cuarto y último lugar, se tiene una situación que
refiere exclusivamente a nuestra región: los avances del movimiento
obrero en el campo de la formación profesional no son homogéneos entre
los países y subregiones. Mientras en países como Argentina y Brasil,
y en menor medida Uruguay y México, se registran importantes avances,
aunque con características diversas, en el resto de los países de la
región la participación del movimiento sindical es aún incipiente, cuando
no nula. En muchos casos la participación sindical sigue restringida
exclusivamente a la representación en las juntas directivas de instituciones
públicas de formación profesional, mientras que en otros, a consecuencia
de la privatización de las antiguas instituciones no se cuenta siquiera
con ese ámbito. Esto coloca un desafío tanto al movimiento obrero como
a la cooperación internacional y, específicamente en nuestro caso, a
la OIT. No sólo aparece como necesario fortalecer los procesos nacionales
de incorporación activa del movimiento sindical a la gestión de la formación
profesional, sino que surge una nueva oportunidad de desarrollar mecanismos
de solidaridad entre las organizaciones sindicales de los distintos
países, como puede ser mediante el establecimiento de redes de cooperación
técnica horizontal y el intercambio.
