Reunión Técnica sobre los Trabajadores
y la Formación Profesional en América Latina
Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT
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1. Formación y relaciones laborales
La formación es hoy un componente central y estratégico
de los sistemas de relaciones laborales. Así lo confirma el interés
y el creciente involucramiento de empresas y trabajadores, de las organizaciones
representativas de unas y de otros, de los Ministerios de Trabajo a
través de sus unidades especializadas en el tema, sus programas de formación
y capacitación y las nuevas políticas activas de empleo, la más reciente
legislación laboral y el incremento de convenios colectivos que contienen
acuerdos referidos a formación.
Esto marca una diferencia importante con lo que acontecía
hasta hace cerca de dos décadas, cuando la formación fue una actividad
que rara vez era objeto de negociación. Ella conocía escasas menciones
dentro de los convenios colectivos de trabajo, y en la legislación laboral
tenía sólo algunas referencias básicamente declarativas o bien que especificaban
el ámbito institucional en el marco del cual debía resolverse su ejecución
(normalmente una entidad de carácter público y nacional). En varios
países las organizaciones de trabajadores y de empleadores mantuvieron
durante décadas un interés importante, pero al fin y al cabo limitado
al participar mediante delegados en las instancias directivas de las
instituciones de formación profesional.
Esta situación de la participación e interés tanto
de trabajadores como de empresarios, se correspondía con sistemas de
relaciones laborales insertos en un contexto donde:
- El Estado jugaba un rol central en varios órdenes, entre ellos en
el de la negociación colectiva, en el de la producción y prestación
directa de servicios, y en la protección mediante barreras arancelarias
de la producción nacional.
- Las empresas se desarrollaron justamente en un contexto fuertemente
proteccionista, orientadas al mercado de consumo interno, y no tenían
por tanto grandes presiones ni desde los consumidores, ni desde la
competencia.
- Los trabajadores y sus organizaciones luchaban por una extensión
y profundización de sus derechos, asumiendo un supuesto básico que
también asumía el Estado y los empresarios: la producción y el empleo
habrían de crecer sostenidamente, más allá de eventuales crisis cíclicas.
Los sindicatos eran, además, organizaciones en proceso de fortalecimiento,
en la medida en que también se creía que, tanto la producción industrial,
como los contratos basados en salarios, crecerían indefinidamente
y por tanto también su base de representación y su poder.
- Como consecuencia de la misma estrategia de desarrollo "hacia
adentro", el imperativo de la innovación y desarrollo tecnológico
se vio morigerado, los ciclos de vida de los productos eran más bien
largos, y las exigencias de calificación y sobre todo de recalificación
de la mano de obra, no resultaban tan altas en términos de actualización
con nuevas técnicas, herramientas, materiales o formas de organización
del trabajo. El desafío era en todo caso cuantitativo: proveer en
número suficiente personal calificado y semicalificado para las industrias.
En los últimos veinte años esta realidad ha cambiado
de modo radical en prácticamente todos sus aspectos provocando, entre
otras consecuencias, una revalorización de la formación dentro de los
sistemas laborales y un interés creciente de los distintos actores en
ella. ¿Por qué?
Primero, porque han cambiado las estrategias de
inserción internacional de las economías de la región. Ya sea a
través de políticas de apertura comercial unilateral, o en el contexto
de procesos de integración regional, de forma más o menos drástica la
producción nacional comienza a verse expuesta a otro tipo de reglas
que exigen medidas urgentes para mejorar su competitividad. Esto ha
generado una intensificación del ritmo del cambio tecnológico aplicado
a la producción, una disminución de los ciclos de vida de los productos
y, por tanto, también de la calificación, generando presiones constantes
por su actualización.
Segundo, la importancia relativa del «factor conocimiento»
dentro de las nuevas formas de organización de la producción y el trabajo
se ha incrementado notablemente. El control de la información y
el conocimiento pasa entonces a ser estratégico, tanto como antaño fue
el control de la tierra o de los medios de producción. La capacidad
de generar conocimiento y gerenciarlo bajo el concepto de las organizaciones
que aprenden, está considerado como una fortaleza clave para la competitividad
y ha desembocado en una revalorización del talento humano. De ahí que
el interés de los diferentes actores en acceder a la toma de decisiones
en materia de diseño, ejecución o financiamiento de la formación se
torne también algo vital.
Tercero, el supuesto del crecimiento sostenido e
indefinido de la producción y el empleo -o más bien de la relación directa
entre ambos- se ha revelado a la postre como sin validez. Si bien
la producción puede seguir creciendo, como de hecho lo hace, la generación
de empleo no sucede correlativamente y, en muchos casos, se asiste al
nuevo y preocupante fenómeno del crecimiento económico y productivo
con aumento del desempleo. El crecimiento del empleo en aquellos sectores
con mayor dinamismo económico no alcanza a compensar, en muchos casos,
el despido originado por la nueva relación capital-trabajo, afectada
por la introducción de innovaciones tecnológicas, y por los cierres
que se producen en sectores incapaces de contrarrestar la competencia
de bienes del exterior. En el antiguo contexto, alcanzaba con aplicar
durante los períodos de crisis, políticas de tipo compensatorio, como
el seguro de desempleo o los programas de empleo de emergencia. Actualmente
ha surgido una nueva generación de políticas activas de mercado de trabajo
que, invariablemente consideran a la formación y a la capacitación como
su elemento más central y estratégico.
En este nuevo contexto, el posicionamiento de los actores
productivos y laborales cambia, la negociación se vuelve más compleja
y comienza a ser cada vez más difícil abordar temas como el salario
o la estabilidad laboral de manera independiente. Se presta ahora mucho
más atención a las relaciones entre empleo, salario, productividad,
producción, competitividad, calidad, etc. Es dentro de este nuevo estado
de cosas que la formación aparece revalorizada y comienza a percibirse
como un tema estratégico. Ella es incorporada a un creciente número
de convenios colectivos y también se incluye dentro de la legislación
laboral. Surgen y se multiplican experiencias de diálogo social y concertación
en el campo de la formación, que demuestran tener una capacidad de desarrollo
y de sostenibilidad muy grande, aun en contextos de alta conflictividad.
