Confederación General de Trabajadores - CGT
Central Unica de Trabajadores - CUT
Força Sindical
Secretaría de Empleo y Relaciones de Trabajo del Estado de São Paulo
Proyecto de Fortalecimiento Sindical para el Diálogo Social - OIT/ACTRAV-AECI
CINTERFOR/OIT
Trabajemos como ciudadanos
Para los trabajadores, la producción ocupa un lugar
importante en todo proyecto de progreso y muchas de las reivindicaciones
de otros movimientos sociales, que son contradictorias con él, tendrán
que ser resueltas en un plano temporal y mediante transacciones y acuerdos.
La base material y productiva de la sociedad no puede colapsar.
Es previsible entonces, que ante los cambios tecnológicos,
ante los procesos de internacionalización de la economía y ante los
procesos de profesionalización cada vez mayor, de la actividad productiva,
los trabajadores clásicos, infortunadamente adopten posiciones defensivas.
Lo anterior también hace urgente cambios y transformaciones
en la propia base social y cultural de los trabajadores.
Una primera condición para que esto ocurra es que los
trabajadores y sus organizaciones puedan efectivamente entender la nueva
dinámica de los movimientos sociales y concertar con ellos.
Para ello es necesario que ampliemos la mira, es decir,
que no veamos simplemente como trabajadores sino que nos consideremos
como ciudadanos. Una transformación tal implica cambios en la mentalidad
y en su estructura de relación con los demás integrantes de los sectores
subordinados.
Siguiendo a Gramsci, parece obvio que los trabajadores
tenemos que superar la mira y la práctica meramente gremial para proyectarnos
con una visión social y cultural más amplia, lo cual implica necesariamente
la plena autoconciencia del trabajador como ciudadano.
Ello también hace que se trabaje por una cultura colectiva
del ciudadano como trabajador. Lo anterior supone recuperar la conciencia
de la producción como responsabilidad colectiva y de la ética del trabajo
como fundamento de la cooperación social. En suma, estos serían presupuestos
mínimos para crear una gran identidad colectiva, capaz de aglutinar
a los trabajadores productivos, de los servicios, de la clase media,
de la microempresa y aún de los sectores informales, en un proyecto
político solidario frente a la desintegración individualista del neoliberalismo.
Concertemos nacionalmente la
formación
Como es de nuestro conocimiento, el modelo económico
educativo que los gobiernos latinoamericanos impulsan, apunta a sustituir
el subsidio actual que se da a las escuelas públicas en forma de maestros
y recursos para las instalaciones, por una suma fija por alumno que
se entregaría a los establecimientos según él numero de estudiantes.
Esta modalidad, propuesta por Milton Friedman, marca
la iniciación de la privatización de la educación pública. Cada escuela
obtiene el subsidio en términos del número de alumnos y lo moviliza
de acuerdo con los estímulos del mercado. El sistema mantiene la ingenuidad
de las reformas de libre mercado que intentan forzar soluciones de competencia
en sectores dominados por las deficiencias del mercado.
Estas formulaciones reiteran la lucha por un sistema
nacional de formación, que articule en un todo lo correspondiente a
lo educativo. Necesitamos cambiar para avanzar, y si es preciso romper
esquemas, para darle paso a una concertación nacional sobre la formación.
Por supuesto que para este diálogo nacional requerimos
plantearnos un modelo de desarrollo alternativo que precise cual es
la prioridad económica o productiva de cada país, para saber hacia donde
se prioriza la formación y que contenido se le da.
Estamos por una educación vitalicia; que nadie deje
jamás de aprender. La enseñanza moderna es un proceso inacabable y mientras
más educado sea un latinoamericano, más educación seguirá necesitando
a lo largo de su vida. Queremos educación para la democracia y en la
democracia.
El ejercicio de repensar la escuela implica ubicarnos
en un momento histórico crucial, cual es el inicio de un nuevo siglo
que anuncia cambios en la economía, el conocimiento, los niveles de
relaciones, la cultura y, por supuesto, la educación.
En este sentido se vienen haciendo algunos esfuerzos
por involucrar el sistema educativo en procesos de apropiación de conocimientos,
que aporten a la base productiva, teniendo en cuenta el desarrollo de
la ciencia y la tecnología y su incidencia en lo económico y lo social,
pero también, y con no menos empeño, mediante la implementación de una
cultura política que en el ejercicio cotidiano, genere nuevas relaciones
democráticas y de convivencia, que permitan la reconstrucción del tejido
social y que puedan llevar, como colectividad, a asumir los nuevos retos
económicos y políticos de la modernidad en el marco de la humanización.
Esta dinámica, alrededor de lo educativo, abre escenarios
para la participación, el intercambio, la conformación de comunidad
educativa, la actualización permanente, la dinamización de la investigación
y la transformación pedagógica, entre otras.
Es en este contexto, que Cinterfor- OIT y el sindicalismo,
propician espacios de participación y discusión con la intención de
lograr propuestas alternativas surgidas desde los propios protagonistas
del proceso educativo, en la perspectiva de repensar la escuela, articulando
en un sistema nacional de formación, la educación regular y la formación
profesional.
