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1er Documento del Foro por la
Integración
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Reflexiones Políticas Acerca del Proceso de Integración
Introducción
El presente documento es el producto de una serie de encuentros y coincidencias,
de compañeros y compañeras, en su mayoría provenientes del campo sindical,
que han participado de alguna forma en las diversas instancias y negociaciones
del Proceso de Integración Subregional denominado MERCOSUR.
El principal objetivo de estos encuentros, y de documentos como el
presente, es el de efectuar un análisis político sobre el proceso de
integración a fin de ampliar la base de sustentación para la participación
amplia y plena en sus estructuras.
La concreción de estas reuniones fue iniciada por el Espacio de Integración
Peronista bajo el conocimiento del altísimo interés por parte de los
convocados, de generar entre todos un ámbito que ofreciera el estímulo
para realizar una tarea de tal naturaleza.
Desde el encuentro fundacional, acaecido en los primeros días de junio
del corriente año, se convino en la elaboración de documentos que ayuden
a la interpretación de las metas, estructuras y funcionamiento del MERCOSUR,
como así también a la orientación y resultados producidos por la implementación
del modelo en curso.
Con la idea de dar continuidad a esta actividad y con un espíritu amplio
y participativo, que de lugar a la integración de todos aquellos que
tengan o quieran compartir informaciones, reflexiones, inquietudes,
etc., sobre las cuestiones de la Integración, independientemente de
su actividad, militancia gremial o política, creamos el "Foro
por la Integración".
¿Qué es el MERCOSUR?
Sin desconocer la existencia de abundante literatura sobre la cuestión,
que además la aborda desde distintas áreas, la respuesta a este interrogante
intentará ser de carácter estrictamente político.
Ello no supone desconocer otras respuestas ya dadas, más bien es
la complementación necesaria a aquéllas y pretende dar marco a las
estrategias que permitirán implementar con éxito la defensa de los
intereses nacionales en armonía con los intereses subregionales, supuestamente
representados en el Proyecto MERCOSUR.
Un mercado común, según las definiciones académicas más frecuentes,
es un nivel de integración que comprende:
El texto del Tratado de Asunción sólo aborda algunos de los componentes
que implica un mercado común, y establece sobre ellos los ejes de
desarrollo del proceso, sin consideración alguna a las cuestiones
sociales y culturales que los trabajadores proponemos.
Es importante recordar en este análisis, que este proceso se inicia
formalmente en pleno auge de la globalización y "...teniendo
en cuenta la evolución de los acontecimientos internacionales, en
especial la consolidación de grandes espacios económicos y la importancia
de lograr una adecuada inserción internacional para sus países..."
(Tratado de Asunción)
Por otra parte, no debe olvidarse que la precarización laboral, las
privatizaciones, el desempleo y la exclusión social son resultado
de una flexibilización unidimensional, o sea de un proceso que se
va imponiendo en el mundo sin admitir otras formas de expresar y realizar
políticas económicas y sociales alternativas.
Tal como era dable esperar, los ejes del Tratado son los aspectos
comerciales, productivos y económicos. De los sociales y culturales
no habla, y con respecto al servicio de quien pondrán estos esfuerzos,
proclama que "...la integración, constituye condición fundamental
para acelerar sus procesos de desarrollo económico con justicia social...".
El MERCOSUR actual, ¿es el proceso de integración que nosotros
queremos?
Desde el principio pensamos en el MERCOSUR como en la integración
del Cono Sur, porque resultó más fácil la referencia inmediata a
nuestra historia económica, política y social y a las diferentes
enseñanzas doctrinarias de nuestros líderes históricos y políticos
sobre la cuestión.
La Integración del Sur remite a la idea de aunar las posibilidades
de cada pueblo para lograr una mejor posición y potenciar las fuerzas
que individualmente resultan insuficientes. Naturalmente surge que
esto es para posicionarse frente al Norte, si hablamos de potenciar
fuerzas. Cuando pensamos en las estrategias para nivelar las asimetrías
al interior de esa integración, vamos a pensar en una nivelación
hacia arriba con estrategias de compensación y de cooperación horizontal.
El MERCOSUR puede llamarse así o de cualquier otra manera, ese
no es el problema. El problema empieza cuando las palabras que no
nos pertenecen ni involucran, condicionan o distorsionan nuestra
historia e identidad. No podemos olvidar que nuestra definición
de mercado común deberá responder a una construcción social y política
a partir de la integración de las realidades socioculturales de
los países que lo integremos.
En este escenario, es importante rescatar del primer testimonio
escrito por el Movimiento Sindical del Cono Sur, sobre el MERCOSUR,
un párrafo que ilustra la claridad política de los trabajadores
frente a un desafío que era necesario afrontar. En diciembre de
1991 la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur, de la
que el Movimiento Obrero Argentino fue y es parte, afirmaba en un
documento a los Ministros de Trabajo de los Países Miembros del
MERCOSUR:
"El compromiso con la integración existe, a condición de
que aquella sea real, en el sentido de que se garantice protección social,
política y cultural, y que la transformación de la estructura productiva
no se desarrolle en perjuicio de trabajadores y del conjunto de los
sectores populares".
Para nosotros, la construcción de un mercado común involucra los
componentes clásicos pero puestos al servicio de nuestros pueblos.
Hasta el presente, el MERCOSUR tal como se ha desarrollado e implementado,
no se ha convertido en la respuesta adecuada.
Tampoco el espacio de participación conquistado, ha sido el ámbito
apropiado para custodiar que los principios políticos afirmados
en aquella declaración, se cumplieran tal como fueron concebidos.
Hubo en este sentido por variados motivos una clara
desviación del tratamiento de la problemática derivada de la Integración,
que es esencialmente política, hacia una cuestión técnica-administrativa
que resultaba necesaria en la medida que se la entendiera como soporte
de decisiones de carácter político.
El Movimiento Obrero de la Subregión, advirtió rápidamente esta
situación y así lo hizo saber a todos los niveles de las estructuras
del MERCOSUR. Pero sucedieron algunas cosas: por un lado esas advertencias,
que se acumulan hasta el presente, no fueron suficientemente apoyadas
por otros actores sociales (sector empresario, sector político,
colegios profesionales, etc.), tan perjudicados como los propios
trabajadores; por otro, aun en el propio esquema de complejidades
técnicas de la integración, se supo avanzar en la conquista del
reconocimiento de la dimensión social en el Proceso MERCOSUR, hasta
entonces dotado de concepciones economicistas.
El sustento esencialmente político de nuestros reclamos, perdió
fuerza y se diluyó por estar inserto en las observaciones de carácter
técnico al modelo de integración que formulamos a lo largo del proceso.
Por ello ratificamos que la integración es un proceso esencialmente
político, cuya principal caracterización consiste, precisamente,
en una sistemática armonización de intereses sectoriales y nacionales,
dentro de una realidad internacional dinámica, compleja y difícil.
Desde la misma creación del MERCOSUR y a través de todo su desarrollo,
el proceso pareció mas ocupado y motivado por precisiones técnico
comerciales o por la pulcritud de los discursos, antes que por entender
y asumir que se trata del gran tema del poder político, conforme
al cual las opiniones y decisiones van articulando los escenarios
donde se definen los intereses económicos y sociales (contenido
de la integración) y políticos (condición de la integración).
Hoy en día, el desafío estratégico que enfrentan nuestros pueblos
es de tal magnitud, que no distingue alineamientos partidarios.
Estamos convencidos en la necesidad de ampliar la base de opinión
y de acción acerca de los Procesos de Integración.
Creemos que debemos generar un mecanismo de reflexión, debate y
consenso para que con otros sectores, a partir de compartir las
mismas preocupaciones, podamos compartir las mismas propuestas.
Algunas concepciones políticas que asumimos son:
- En primer lugar, queremos reafirmar nuestra certeza que es necesaria
y fundamental la confirmación de una dimensión política que
abarque no solamente el área económica sino también lo social
y cultural de los países del Cono Sur y, en el futuro, de
América Latina, como instrumento que aumente la capacidad de respuestas
autónomas a las necesidades de la región a través del establecimiento
de relaciones más justas y equitativas.
- Creemos firmemente en la democracia y consideramos que ésta
no debe ser sólo una forma de gobierno, sino que debe contener
una organización más justa de la sociedad, que haga retroceder
firmemente la pobreza, la exclusión y la fragmentación social.
- La creación de un mercado ampliado debe ser un ámbito en el
cual, al promoverse el desarrollo económico de los países participantes,
también se facilite la modernización integrada de base social
amplia de cada uno de ellos.
- Estos deben ser aspectos de un mismo proceso de crecimiento
económico, de consolidación de la democracia y de mejores condiciones
de vida y trabajo para los pueblos involucrados. Con ello se
tiende a obtener un proceso progresivo de crecimiento económico
con equidad social.
- El logro de esos objetivos exige la implementación de políticas
nacionales que proporcionen la definición de políticas de promoción
productiva y social, las que requieren una intervención destacada
y permanente de los actores sociales.
- El proceso de integración debe asentarse en una política
de complementación regional, lo que requiere la adopción de
políticas de desarrollo nacional apuntando a la especialización
y la modernización tecnológica, destacando la importancia de aplicar
internamente sistemas e instrumentos de compensación, para protección
de los sectores y regiones de menor desarrollo relativo.
- Afirmamos que sin empleo, sin distribución de la renta o sin
un modelo de desarrollo, los derechos sociales y laborales se
debilitan o se niegan. Esas políticas son decisivas y exigen legitimidad
para que se tornen eficaces.
- La integración regional viene siendo una antigua aspiración
de las organizaciones sindicales y de los movimientos populares,
para quienes ese proceso debe trascender los temas económicos
y mucho mas los comerciales.
La participación del conjunto de la sociedad, (representaciones
de trabajadores, pequeños productores, pequeños y medianos empresarios,
organizaciones de defensa de los consumidores, cooperativas y demás
componentes de la sociedad civil) es también una forma de profundizar
y fortalecer la democracia.
Adrián Risofón; Antonio Jara; Antonio Valiño, Alicia Molina; Carlos
Espelt; Carlos Romero; Carlos Tomada; Eduardo San Román; Gustavo
Gándara; Horacio Moavro; José Legio; Juan Cerabona; Julio Diaz Gerardi;
Lucio Castillo; Marta Argibay; Nora Zarini; Ramón Ermácora; Roberto
Cabral; Verónica Mujico.