Los sindicatos y las estrategias
de reducción de la pobreza.
Educación Obrera 2004/1-2, Número 134-135
Ginebra, OIT/ACTRAV
ÍNDICE
Editorial
Los sindicatos y las estrategias de lucha contra la pobreza,
por Claude Kwaku Akpokavie
República Centroafricana: Alivio de la deuda suspendido,
los trabajadores a la espera,
por Ramon Vivanco y Isabelle Hoferlin
Más de lo mismo - La experiencia del DELP de Níger,
por Soumaila Mamadou
Los DELP africanos -Diálogo sindical con el Banco Mundial
y el FMI,
por Mohammed Mwamadzingo
Los sindicatos de Kirguistán y la lucha contra la pobreza,
por Svetlana F. Semyonova
Pobreza y reforma en el reino mágico: El DELP de Nepal,
por Robert Kyloh
En duda pero a bordo - Los sindicatos de Ghana y el DELP,
por Anthony Baah
Los sindicatos y los DELP - Un análisis de la opinión
del Banco Mundial,
por Lawrence Egulu
Incómodos pero participando - Los sindicatos de Camboya y
el DELP,
por Raghwan Raghwan
Ajuste estructural y lucha contra la pobreza en Africa,
por Kamran Kousari
Crecimiento favorable a los pobres: vínculos y políticas,
por Rizwanul Islam
La India: una luz de esperanza para las rescatadas de la pobreza,
por Luc Demaret
La igualdad y la lucha contra la pobreza,
por Rolph van der Hoeven
Derechos sindicales - ¿un factor de competencia?,
por David Kucera
Sacando provecho de los pobres: privatización y lucha contra
la pobreza,
por Mike Waghorne y Wendy Caird
Diálogo social para luchar contra la pobreza - La OIT señala
el camino,
por Giuseppe Casale
Salario mínimo: ¿Reduce la pobreza?,
por Catherine Saget
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Editorial
Hace cinco años, las instituciones de Bretton Woods - el Fondo
Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial- declararon que a partir
de ese momento la lucha contra la pobreza sería un objetivo prioritario
de ambas instituciones. Es algo que deberían haber hecho mucho
tiempo antes. En realidad, el paso fue dado respondiendo a las agudas
(y muy merecidas) críticas que habían generado hasta entonces
sus políticas, bajo el nombre de programas de ajuste estructural.
Las mismas no solamente no consiguieron que hubiera crecimiento económico
ni que terminara el estancamiento económico sino que, en la práctica,
provocaron penurias adicionales a las poblaciones de los países
en desarrollo que se suponía debían ayudar. En lugar de
disminuir, la pobreza aumentó.
Una de las principales razones del fracaso de los programas de ajuste
estructural fue que se los había preparado sin llevar a cabo
previamente ningún tipo de consulta con las voces representativas
de las sociedades donde se los debía poner en práctica
y que impusieron durísimas condiciones a los gobiernos que debían
llevarlos a cabo. La receta se basaba en el libre mercado y las dimensiones
sociales del cambio, al igual que los derechos laborales, figuraban
entre las denominadas "rigideces" que se debían eliminar.
Tampoco merecieron mejor atención las recomendaciones de la Organización
Internacional del Trabajo (OIT). En realidad se hizo educadamente caso
omiso de las mismas ya que las instituciones financieras internacionales
pensaban que en sus instrucciones podían incluir también
reformas de la legislación laboral.
Afortunadamente las cosas han cambiado. Pero ¿han cambiado realmente?
Es verdad que en los nuevos Documentos de Estrategia de Lucha contra
la Pobreza (DELP), por lo menos en teoría, se ha cambiado la
orientación declarada de los programas de ayuda a los países
en desarrollo. El objetivo que se proclama ahora es el de luchar contra
la pobreza. Y se supone que los DELP -que ahora constituyen la base
para todo préstamo en condiciones concesionarias y para el alivio
de la deuda de los países de bajos ingresos- son de autoría
nacional, que están orientados hacia los resultados y que se
los elabora a través de un proceso participativo a escala nacional.
De los 81 países que reúnen las condiciones para los
DELP, 52 han confeccionado ya sus DELP completos o provisionales. Sin
embargo, lo menos que puede decirse de la participación sindical
en los mismos es que ha diferido mucho de un país a otro.
En este número, los colaboradores de Educación obrera
examinan la naturaleza y la calidad del proceso participativo y evalúan
la participación sindical en el modelado del contenido de los
DELP oficiales. Sigue habiendo numerosos obstáculos. Según
las observaciones del mismo Banco Mundial, las consultas con los sindicatos
no fueron sistemáticas: en algunos países se dejó
a los sindicatos completamente fuera del proceso y en muchos de los
casos fue escasa la implicación de los sindicatos más
allá de las etapas de formulación.
Además, el hecho de que una serie de gobiernos represivos de
los países que reúnen las condiciones para los DELP consideran
que su papel consiste en reprimir la libre expresión del sindicalismo
no conduce precisamente a que se haga una consulta adecuada con la fuerza
laboral. Se puede lamentar asimismo que se da a los ministerios de trabajo
tan sólo un papel menor - si es que se les da algún papel-
en el modelado de las estrategias de lucha contra la pobreza, que parecen
continuar siendo el coto de caza exclusivo de los ministerios de economía.
No cabe duda de que al no efectuarse una discusión auténtica
con las organizaciones representativas de trabajadores (o de empleadores,
para el caso) no es probable que se obtengan los deseados resultados
políticos, aunque más no sea porque los sindicatos, como
actores clave del escenario económico, social y político,
tendrán una función crucial en la aplicación estratégica.
No obstante, parece haberse pasado esto por alto. No es de extrañar
entonces que en muchos de los DELP actuales no se preste la atención
necesaria a las políticas del mercado laboral y haya una aparente
concentración en dudosos programas de privatización y
de reformas de la legislación laboral, programas que en la opinión
de muchos socavan los derechos de los trabajadores. ¿No recuerda
esto acaso las prácticas pasadas?
Las cosas tienen que cambiar. Y pueden cambiar. Los colaboradores de
esta edición de Educación obrera no se han limitado a
señalar las lagunas existentes en el proceso de los DELP. Son
unánimes en hacer hincapié en el potencial de los gobiernos
de los países en desarrollo para concebir opciones políticas
que reflejen verdaderamente las prioridades nacionales, incluyendo las
estrategias para creación de empleos, protección social,
mejor salud y educación para todos... en resumidas cuentas, trabajo
decente para todos.
Por lo tanto, el movimiento sindical no debería cejar en sus
esfuerzos por influir en el proceso. Esto último es fundamental
para el futuro de sus países y de sus sociedades. Reviste importancia
crucial para el futuro de los trabajadores que representan y para los
que siguen privados de la voz a la que tienen derecho. Una vez más,
se hacen aquí propuestas para realzar el papel del movimiento
sindical, para mejorar su capacidad de tratar las cuestiones cada vez
más complejas que se plantean y para someter alternativas políticas
detalladas. A las instituciones financieras internacionales les convendría
dedicar recursos para promover esta evolución. La OIT alienta
a los gobiernos a mantener serias consultas con los interlocutores sociales
y su Oficina de Actividades para los Trabajadores está brindando
respaldo para reforzar las capacidades de los sindicatos en lo concerniente
a preparar su contribución al proceso.
No obstante, las IFI y los gobiernos en cuestión deben tener
claro que la credibilidad de los DELP - y, por lo tanto, la continuación
del compromiso del movimiento sindical con procurar ser parte de esos
procesos - dependerá en gran medida de que la autoría
nacional y la participación de la sociedad civil (los dos elementos
que distinguen a los DELP de los ahora mal reputados programas de ajuste)
continúen siendo genuinos atributos del proceso. En realidad,
los DELP deben permanecer fieles a sus objetivos originales. Esto no
parece ser pedir demasiado. Sin embargo, en Washington será necesario
un decidido aforamiento y un renovado compromiso con el diálogo
social en los países en cuestión.
Jim Baker
Director
Oficina de Actividades para los Trabajadores, OIT