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Este artículo refiere a una entrevista realizada
por Economía y Mercado al sociólogo uruguayo Alberto
Riella 1, donde se realiza una presentación
acerca de las condiciones de pobreza y situación laboral
de los trabajadores rurales. En este sentido, Riella señala
que el mundo rural ha cambiado en los últimos cuarenta años.
Los llamados "rancheríos" que fueron un problema
social grave a mediados del siglo XX, ya no tienen la relevancia
del pasado debido a diversas acciones y transformaciones que se
han dado en la sociedad uruguaya, sobre todo vinculadas al avance
de las comunicaciones, de los medios de transporte, la expansión
de los servicios públicos y a una política pública
sostenida de vivienda. Sin embargo, afirma que las situaciones de
mayor pobreza rural se siguen observando en localidades de menos
de 900 habitantes. Asimismo, sostiene que los mayores grados de
pobreza se dan entre los trabajadores vinculados a actividades zafrales
que no garantizan la ocupación durante todo el año.
Los asalariados estables cuentan con ingresos muy bajos, por lo
tanto también se constituyen en un grupo de alta vulnerabilidad
a la pobreza y a la indigencia.
El autor sostiene que en el medio rural se está
dando la articulación de dos procesos. Uno es el predominio
de la ganadería que ocupa el 90% de la superficie rural y
que ha mantenido una estructura relativamente estable en los últimos
cien años. El otro proceso consiste en que alrededor de esa
explotación ganadera hay un importante grupo de sectores
muy dinámicos que se han ido incorporando a la explotación
del agro. Todo esto muestra un panorama muy distinto al de los años
sesenta, y en consecuencia hay una nueva problemática rural
que ya no puede ser entendida a partir de los viejos esquemas de
mediados del siglo XX. El cambio más significativo radica
en que hoy la sociedad rural uruguaya está globalizada, la
organización social de todo su territorio y de su producción
ya no está referida al sistema agroalimentario nacional,
sino que está estrechamente vinculada al sistema agroalimentario
mundial, lo que ha cambiado radicalmente el marco de referencia
en el que se estructuran la sociedad y los territorios rurales.
Esta nueva realidad es un fenómeno que se observa en toda
América Latina y ha sido denominada "ruralidad globalizada",
dejando atrás la distinción entre lo urbano y lo rural.
Ejemplo de ello es que actualmente el 60% de los
trabajadores rurales viven en áreas urbanas, o sea, en localidades
de más de 5000 habitantes y van a trabajar en motocicleta
o en ómnibus a los establecimientos agrícolas y ganaderos.
La principal característica de esta nueva
ruralidad, señala Riella, es que los espacios rurales y sus
problemas comienzan a ser observados y valorados desde otro punto
de vista. Ya no sólo como espacios de producción de
alimentos y materias primas, sino que también son percibidos
como patrimonios territoriales comunes que deben ser preservados
y cuidados como áreas de recreación necesarias para
los habitantes urbanos y de mantenimiento del paisaje y como base
para otras actividades económicas no agropecuarias.
En Uruguay solamente el 60% de la población
rural económicamente activa trabaja en el sector agroganadero,
el restante 40% viven en el medio rural pero trabaja en sectores
distintos. Es así que más de un 11% de la población
rural trabajadora se desempeña en pequeñas industrias
locales y el 29% lo hace en servicios públicos y privados.
Uno de los fenómenos que adquiere cada vez
mayor relevancia es la pluriactividad de los hogares rurales. Esto
es la combinación al interior de un hogar de personas ocupadas
en actividades agrícolas y no agrícolas. La nueva
ruralidad está imponiendo cada vez más esta combinación
entre el mundo urbano y el mundo rural.
Una particularidad de la pluriactividad es que atraviesa
a toda la estructura social del medio rural por igual. Hay pluriactividad
en los hogares de los patrones de las estancias que también
pueden ser profesionales o tener actividad comercial, en los hogares
de los pequeños productores donde los miembros del hogar,
particularmente las mujeres, pueden dedicarse a actividades de servicios
sociales, y en los hogares de los asalariados permanentes y eventuales,
donde suelen trabajar en servicios personales y otras actividades
del sector terciario. Por lo tanto, la pluriactividad no determina
muchas características específicas, aunque si fija
una estructura social.
Fuente: Diario El País: http://www.elpais.com.uy/Suple/EconomiayMercado/05/08/22/
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1 Alberto Riella, uruguayo, doctor
en Sociología de la Universidade Federal do Rio Grande do
Sul, Brasil. Actualmente es profesor agregado de la Facultad de
Ciencias Sociales de la Universidad de la República y coordinador
del Programa de Investigación "Sociología Rural
y Desarrollo" del Departamento de Sociología. También
realiza la coordinación del diploma de Desarrollo Regional
de la Facultad de Ciencias Sociales, Regional Norte y de la Red
Interuniversitaria de Desarrollo Territorial e Integración
Regional.
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