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Fecha de actualización: 2/10/2008
Gestionando
la igualdad
OIT: La promoción del diálogo social en torno a la igualdad de género
en América Latina
La creciente presencia
de las mujeres en el mundo del trabajo: nuevos desafíos para las organizaciones
sindicales
Las organizaciones sindicales se han visto
enfrentadas en los últimos años a una serie de dificultades relacionadas
a los profundos cambios que vienen ocurriendo en el mundo del trabajo.
Los procesos de ajuste y reestructuración productiva, así como las transformaciones
en los patrones de estructuración del Estado y en las relaciones de
este con la economía y la sociedad, han tenido fuertes impactos en las
formas de regulación de las relaciones entre los actores sociales y,
en particular, en las normas e instituciones básicas del mundo del trabajo
(Ermida Uriarte, 1996). Los procesos de flexibilización han disminuido
la normativa protectora y provocado, en muchos casos, un debilitamiento
del movimiento sindical y de los sistemas y procesos de negociación
colectiva.
Varios factores contribuyen a la reducción
de la proporción de asalariados en el conjunto de la fuerza de trabajo,
y, consecuentemente, de la base tradicional de los sindicatos. Entre
estos factores se destacan el aumento de los niveles de desempleo, los
cambios en la composición del empleo y los procesos de externalización
y subcontratación, que subdividen y fragmentan los antiguos colectivos
de trabajadores, expulsando importantes contingentes de estos para fuera
de los ámbitos de la negociación y la contratación colectiva. A eso
se suman los procesos de relocalización productiva, o sea, la tendencia
de muchas empresas a abandonar los centros industriales más antiguos
y consolidados, con fuerte tradición obrera y sindical, buscando los
greenfields (regiones sin pasado industrial y sindical).
Todo eso pone a los sindicatos frente a
nuevos y complejos desafíos. Uno de ellos se refiere a la creciente
incorporación de las mujeres a la fuerza de trabajo. A pesar de los
cambios cualitativos en los patrones de participación laboral femenina
y de la disminución de algunas de las brechas entre mujeres y hombres
observadas en la presente década en el mercado de trabajo, las mujeres
siguen estando sobrerepresentadas en formas de trabajo precario y desregulado,
que se encuentran, con frecuencia, fuera del ámbito de la legislación
laboral, la representación sindical o la negociación colectiva. Entre
esas situaciones se destacan, por ejemplo, el servicio doméstico, el
trabajo a domicilio y diversas formas de trabajo subcontratado.
Esa diversidad de situaciones pone a los
sindicatos frente al desafío de desarrollar la capacidad de representar
y organizar colectivamente un conjunto de trabajadores y trabajadoras
que, bajo muchos aspectos, es mucho más heterogéneo, y que se aleja
cada vez más del modelo dominante de trabajador al cual su actuación
estuvo predominantemente dirigida: el trabajador de sexo masculino,
industrial (o minero), blanco, adulto. Crecientemente se reconoce que
esa heterogeneidad se refiere no solamente a la diversidad de situaciones
de trabajo, relaciones laborales y contractuales en las cuales se encuentran
distintos sectores de la clase trabajadora, sino también a otros factores,
entre los cuales se destaca el sexo, la edad, la raza o etnia.
Por otro lado, la creciente incorporación
de las mujeres al mundo del trabajo abre también nuevas potencialidades
para el movimiento sindical. El aumento de su presencia puede contribuir
a visibilizar una serie de formas de inserción laboral (muchas de ellas
bastante precarias) y de problemas que afectan a los trabajadores de
ambos sexos. Entre ellos los relativos a las insuficiencias de los nuevos
modelos productivos en términos de generación de nuevos puestos de trabajo
y a diversos aspectos relativos a la calidad del empleo. Por ejemplo:
como se ha evidenciado en varios estudios realizados en América Latina,
la consideración de la presencia femenina en los diversos niveles de
las cadenas de subcontratación que se definen y redefinen a partir de
las estrategias de competitividad de muchas empresas dinámicas y vinculadas
al sector exportador evidencia, entre otros aspectos, el carácter limitado
y poco sistémico de muchas de esas estrategias, la manera desigual como
se distribuyen las calificaciones a lo largo de las cadenas productivas
y de los territorios en los cuales ellas se asientan, la insuficiencia
de políticas de capacitación y productividad que se dirigen solamente
a las empresas más modernas y competitivas ubicadas en la "punta"
de las cadenas, las nuevas formas de articulación entre el empleo formal
y el empleo informal, etc.
Otro tema que pasa a ser visibilizado a
partir de la creciente participación de las mujeres en el mercado de
trabajo (y del fortalecimiento de sus demandas) es el de los conflictos
entre la vida laboral y las responsabilidades familiares y el poco espacio
dejado para esa última por un modelo de organización productiva basado
con frecuencia en largas jornadas y en la intensificación del trabajo.
Inicialmente pensado como un problema "específico" de las
mujeres, se empieza a avanzar (en especial en los países desarrollados)
hacia la comprensión de que la armonización entre esas dos dimensiones
fundamentales de la vida es una necesidad y un derecho de los trabajadores
de ambos los sexos, así como de sus familias.
Esos son solamente algunos de los ejemplos
de las potencialidades que puede significar para los sindicatos la presencia
creciente de las mujeres en el mundo del trabajo, desde que estos tengan
la capacidad de dar respuesta a esa creciente heterogeneidad, recogiendo
e integrando en una estrategia común de acción la diversidad de problemas
e intereses de distintos sectores de la clase trabajadora.
Sin embargo, hasta ahora, en América Latina,
las nuevas situaciones, problemas y desafíos creados por la incorporación
de las mujeres al mundo del trabajo no han sido recogidos en toda su
magnitud por el movimiento sindical. Muchas demandas de género han quedado
sin representación, sea en las agendas sindicales, sea en los procesos
de negociación colectiva. Con frecuencia, las trabajadoras están subrepresentadas
en la dirigencia sindical, incluso en empresas y ramas productivas en
las cuales responden por un porcentaje significativo, cuando no mayoritario,
de la fuerza de trabajo. En muchos casos se observa la falta de receptividad
de los sindicatos para modificar una cultura esencialmente masculina,
que no reconoce rango sindical a muchos problemas propios del género
y a veces resiste a la incorporación de mujeres en los niveles directivos.
Por otro lado, las dificultades de tiempo de las propias trabajadoras,
que tienen que combinar sus responsabilidades laborales y familiares,
son barreras adicionales a la participación femenina en la vida sindical.
Aunque se han experimentado avances significativos
en la movilización de las mujeres sindicalistas y se observa una creciente
preocupación de las dirigencias sindicales por la situación de las trabajadoras,
falta desarrollar estrategias y mecanismos organizativos efectivos tendientes
a incorporar la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres
y mujeres como una línea estratégica y permanente (y no complementaria
o secundaria) de la política sindical (Ulshoefer, 1994).
Para superar estos obstáculos, las grandes
centrales sindicales mundiales han subrayado que la igualdad y integración
de la mujer en los organismos y agendas sindicales es de primordial
importancia. En los últimos cinco años, en varios países de América
Latina, las dirigentas sindicales han desplegado serios esfuerzos para
aumentar su peso en las estructuras sindicales. Con el fin de establecer
una estrategia común a nivel del Mercosur y potenciar sus acciones a
nivel nacional, por ejemplo, fue creada la Comisión de la Mujer de la
Coordinadora de Centrales Sindicales del Mercosur (CM-CCSCS), integrada
por representantes de los cinco países de esa subregión (Argentina,
Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay). Uno de los resultados importantes
de la actuación de la CM-CCSCS ha sido la inclusión del tema de género
en la Declaración Sociolaboral del MERCOSUR firmada, en diciembre
de 1998, por los jefes de Estado de los 5 países.
En Brasil, las Comisiones de la Mujer de
las tres principales centrales sindicales (CUT, CGT y Força Sindical)
lograron establecer cuotas mínimas para mujeres en todos sus niveles
de dirección. En el resto de los países existe un esfuerzo de fortalecimiento
de las Comisiones, Departamentos o Secretarías de la Mujer, a través
de diversas estrategias destinadas a incorporar las demandas de género
en las pautas sindicales y a promover el liderazgo sindical de la mujer
(como, por ejemplo, programas de capacitación). Aún cuando existe poca
información al respecto, se estima que alrededor del 15% en Chile y
del 10% en Paraguay de la dirigencia sindical está ocupada por mujeres.
Como ejemplo de este esfuerzo por lograr
la igualdad de oportunidades en el mundo del trabajo a través de la
efectiva incorporación de una perspectiva de género en la agenda sindical,
se destaca la experiencia de elaboración del "Mapa de las cuestiones
de género", una iniciativa conjunta de las tres principales centrales
sindicales brasileñas (CUT, CGT y Força Sindical), con el apoyo del
DIEESE (Departamento InterSindical de Estadísticas y Estudios Sócio-Económicos)
y del Fondo para la Equidad de Género de la Agencia Canadiense para
el Desarrollo Internacional.
B. Negociación colectiva y equidad de
género
Los sistemas y procesos de negociación
colectiva, al lado de la inspección del trabajo y de los organismos
gubernamentales de promoción de los derechos de las mujeres, son un
instrumento poderoso para la promoción de la equidad de género en el
mundo del trabajo (Ulshoefer, 1994; Sepúlveda y Vega, 1998). A través
de ellos pueden ser aseguradas algunas pré condiciones básicas para
la igualdad de oportunidades, tales como la igualdad de acceso a los
puestos de trabajo, a la capacitación y a la promoción. También pueden
ser establecidos parámetros de equidad, tales como salario igual para
trabajo de igual valor, condiciones para el ejercicio de la maternidad
y paternidad en igualdad de condiciones, etc (DIEESE, 1997).
Sin embargo, en los países de América Latina,
la incorporación de las reivindicaciones de género en la negociación
colectiva es un proceso aún muy incipiente. Para poder evaluar los avances
realizados en los últimos años se debería analizar dos ámbitos distintos:
a) de qué manera los temas relativos a la mujer trabajadora y a las
relaciones de género en el trabajo están siendo considerados entre las
demandas presentadas por los sindicatos en los procesos de negociación
colectiva; b) de qué manera esas demandas han sido efectivamente objeto
de negociación (lo que depende también de la mayor o menor disposición
de los empleadores en negociarlas) y que acuerdos se ha logrado en torno
a ellas.
Para la efectiva incorporación de los temas
de género en la negociación colectiva, es necesario que estos estén
presentes en todos los momentos del proceso y sean tratados como de
interés estratégico para el conjunto de los trabajadores (y no sólo
de las mujeres). Frecuentemente en las mesas de negociación se nota,
además de la poca prioridad dada al tema, una falta de capacitación
de los dirigentes sindicales (hombres y mujeres) en la defensa y argumentación
de las demandas relativas a los temas de género.
La información sistemática sobre ese tema
en los países latinoamericanos es aún muy insuficiente. Hace falta un
análisis de ese tipo, con el objetivo de medir los avances logrados
y los obstáculos que persisten. Un reciente diagnóstico realizado por
la OIT sobre las tendencias y contenidos de la negociación colectiva
en los países andinos (Rueda-Catry y otros, 1998), por ejemplo, indica
que, en un contexto de debilitación de la negociación colectiva, que
se expresa, entre otros indicadores, en la reducción del número y de
la cobertura de los convenios, los temas negociados se han centrado,
básicamente, en la cuestión salarial y de la estabilidad en el empleo.
Según los autores, ha habido poca innovación en los contenidos tratados
y se percibe un estancamiento o una tendencia a la reducción de los
beneficios y ventajas adquiridas.
MAPA
DE LAS CUESTIONES DE GÉNERO
El "Mapa de las cuestiones de género" es una iniciativa
novedosa de cómo enfrentar los temas de género al interior del
movimiento sindical. Consiste en un ejercicio de diagnóstico
y planificación estratégica de los temas de género en el mundo
del trabajo, que contiene una fuerte dimensión propositiva.
Es una guía útil para orientar la discusión y la acción relativas
al tema, en la medida en que no solamente identifica y prioriza
los problemas, como también propone indicadores para verificar
sus dimensiones y formas y medios de acción para la búsqueda
de soluciones.
Por otro lado, el "Mapa" no se resume a un diagnóstico
de los problemas específicos de la mujer trabajadora, sino trata
de elucidar la relación entre estos temas y la situación general
vivida por el conjunto de los trabajadores de ambos sexos. A
partir de la identificación de un eje central (el empleo),
se organizaron otros 5 temas (a) salarios y remuneraciones;
b) salud, seguridad y condiciones de trabajo; c) formación
profesional; d) organización sindical, organización de
los trabajadores en los lugares de trabajo y nuevas formas de
contratación del trabajo; e) tercrización, nuevas tecnologías,
nuevas formas de gerenciamiento y organización del trabajo).
En cada uno de esos temas se diagnostican los problemas que
afectan el conjunto de los trabajadores de ambos sexos y, a
partir de ahí, su impacto específico sobre las mujeres trabajadoras
y las relaciones de género en el trabajo y formas de acción
para enfrentar esos problemas. En ese sentido, se
puede decir que el "Mapa" representa un avance en
la transversalización de la dimensión de género en los problemas
referentes al mundo del trabajo, de un punto de vista sindical.
El "Mapa" es resultado de un ejercicio exitoso de
unidad entre as 3 centrales sindicales (en especial sus comisiones
de mujeres). Refleja una gama significativa de la diversidad
de situaciones vividas por los trabajadores, en la medida en
que de su proceso de elaboración participaron representantes
de diferentes ramas productivas (metalúrgicos, trabajadores/as
del comercio, textiles y confección, conductores, eletricitarios,
policías, profesores, petroleros, químicos, bancarios, trabajadores
agrícolas y de la enseñanza); contó, además, con la presencia
de 30% de dirigentes sindicales hombres.
El "Mapa" evidencia también la carencia de indicadores
desagregados por sexo en las estadísticas oficiales de Brasil
en todos los temas definidos como centrales para los trabajadores,
a excepción de los de empleo y remuneraciones. A pesar de haber
sido elaborado a partir de la realidad brasileña, puede servir
como referencia para ejercicios similares en otros países y
regiones. A pesar de haber sido una iniciativa del movimiento
sindical y contener un análisis de la problemática de género
y propuestas de acción a partir de la perspectiva de éste actor,
su idea básica y la metodología ahí utilizada pueden servir
de referencia también para la definición de estrategias de acción
de los otros constituyentes de la OIT e incluso de organismos
de carácter bi y tripartito (como por ejemplo, las Comisiones
Tripartitas para la Promoción de la Igualdad de Oportunidades).
En el estudio realizado sobre el tema por
el DIEESE (DIEESE, 1997) en el cual fueron analizados en detalle más
de 300 convenios colectivos celebrados en Brasil entre 1993 y 1995,
tanto en el ámbito de empresas como de ramas productivas, también se
hace referencia a un contexto general caracterizado como de endurecimiento
empresarial en la negociación, en especial en lo que se refiere a las
llamadas "cláusulas sociales", en las cuales se enmarcan gran
parte de las cuestiones relativas la trabajo de la mujer. Sin embargo,
los resultados del estudio evidencian que, en promedio, cada uno de
los convenios considerados contenía 4 cláusulas relativas a la situación
de las mujeres trabajadoras. Los temas negociados aun se limitan mucho
a los derechos de las trabajadoras en tanto madres: las garantías asociadas
a la maternidad y al embarazo corresponden al 85% de las cláusulas negociadas
en el período. Las otras dimensiones de la situación de la mujer trabajadora
están poco contempladas, y corresponden a solamente el 15% del total
de las cláusulas, distribuidas de la siguiente forma: condiciones de
trabajo: 9%; salud: 3%; capacitación y calificación profesional: 2%
y equidad de género: 1%.
A pesar de eso, los resultados de las negociaciones
reflejan un avance respecto a los parámetros de la Constitución de 1988
y de la legislación laboral existente, ya que logran garantizar la aplicación
de algunos derechos establecidos por ley (que no siempre son respetados
en las empresas), además de ampliar y diseminar esa aplicación por un
número mayor de empresas y categorías profesionales.
Entre las cláusulas negociadas, se pueden
diferenciar 3 tipos: a) aquéllas que buscan garantizar la aplicación
de los derechos establecidos en ley (y que son la gran mayoría); b)
aquéllas que amplían esos derechos (en general en lo que se refiere
al tiempo de duración de los beneficios, tales como la estabilidad de
la madre); c) aquéllas que logran establecer nuevos derechos, no consagrados
en la ley (y que son la minoría).
Garantías relativas a la maternidad/paternidad
y a la salud de la mujer embarazada: como se ha señalado, esos dos
grupos de temas son responsables por la gran mayoría de las cláusulas
negociadas. Los principales ítems acordados se refieren a la estabilidad
de la mujer embarazada, ampliando o reafirmando las garantías previstas
en ley. Sin embargo se logra negociar también algunos nuevos derechos
(aunque en un número limitado de casos), tales como permiso para que
la mujer embarazada se retire antes del término de la jornada de trabajo;
permiso de ausencia para cuidar de hijos enfermos (no previstos por
la legislación brasileña), estabilidad para el padre en caso de nacimiento
de un hijo (30 o 60 días) y garantías relativas a la adopción (extensión
del derecho a los servicios de guardería para hijos adoptivos, permiso
post natal a la madre y al padre adoptante, estabilidad para madre/padre
adoptante).
Como se puede observar, aunque la tendencia
a atribuir a la mujer la responsabilidad principal y casi exclusiva
del cuidado infantil sea refrendada en la mayoría de los convenios firmados,
algunos de ellos avanzan en el sentido de la extensión de esas garantías
a todos los trabajadores (de ambos sexos) con responsabilidades familiares,
en el espíritu del Convenio 156 de la OIT.
Condiciones de trabajo: las cláusulas
relativas a las condiciones de trabajo son negociadas en pocas ramas
productivas y se refieren, en general, a cuestiones muy básicas y garantías
mínimas para las trabajadoras, tales como disponibilización de toallas
higiénicas; derecho a trabajar sentada, prohibición de revisión corporal
y de efectos personales en el momento de retirarse del trabajo (o que
ésta sea efectuada por alguien del mismo sexo del/a trabajador/a), eliminación
del control de la utilización de los baños, entrega de uniformes (zapatos
y medias) cuando exigidos por la empresa. Obsérvase la total ausencia
de cláusulas relacionadas al ambiente, ritmo y organización de los puestos
de trabajo (ítems que también son muy poco negociados en relación al
conjunto de los trabajadores).
Salud: las principales cláusulas
se refieren a la prevención del cáncer ginecológico y del Sida, y a
la preservación de la salud de la mujer en caso de aborto. No se registran
temas relacionados a enfermedades profesionales provocadas por las condiciones
de trabajo, tales como las lesiones por esfuerzo repetitivo (a las cuales
las mujeres están más expuestas que los hombres debido a su concentración
en tareas manuales, rutinarias y repetitivas), contaminación e intoxicación
por productos químicos, cansancio mental, stress, etc., temas
estos que también son difícilmente negociados para los trabajadores
en general (hombres y mujeres).
Formación profesional: A pesar
de su importancia y de la creciente participación sindical en los foros
bi y tripartitos de discusión de este tema en Brasil, muy poco ha sido
negociado. Las pocas cláusulas encontradas no se refieren a ninguna
garantía o medida concreta, resumiéndose a penas a establecer protocolos
de intención.
Equidad de género: Solamente el
1% de las cláusulas registradas se refieren a la equidad de género,
o sea, a aquellas acciones y garantías que tratan de establecer la igualdad
de oportunidades para hombres y mujeres en el trabajo. Eso significa
que fueron encontradas en solo 4 acuerdos en cada uno de los 3 años
analizados. Esas cláusulas repiten, en su mayoría, los textos legales,
sin definir cualquier forma de control de posibles acciones discriminatorias.
Se refieren básicamente a la prohibición de diferencia de salario, ejercicio
de función, criterio de admisión, oportunidades de promoción y capacitación
por motivo de edad, sexo, color o estado civil.
Las formas positivas de acción para superación
de las desigualdades (tales como planes de igualdad de oportunidades),
a pesar de ya estar presentes en algunas de las pautas sindicales presentadas
a la negociación, no han logrado concitar ningún acuerdo de los empleadores.
A su vez, el tema del acoso sexual no fue considerado en ningún convenio.
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