6. ¿Qué ventajas obtiene una
empresa de la formación basada en competencias?
Las empresas han comenzado a reconocer que su principal fuente de diferenciación
y competitividad es su gente. Se recogen cada día más
experiencias de organizaciones empresariales que orientan sus esfuerzos
competitivos a fortalecer su activo humano. Generar ambientes propicios
a la innovación y al aprendizaje continuo son objetivos que se
sustentan en los procesos de capacitación para el desarrollo
de competencias laborales.
El enfoque de competencias aclara notablemente el panorama para la
selección de personal, el cual puede fundamentarse, ya no sobre
diplomas, sino sobre capacidades demostradas. Las nuevas líneas
en materia de vinculación de personal se describen sobre la base
de perfiles de competencia. La simplificación en las atiborradas
y muchas veces inoperantes descripciones de puestos se facilita enormemente
con conceptos como el de los niveles de desempeño y las áreas
de competencia, antes que por la tradicional y desgastada forma de bautizar
puestos y crear diferenciaciones innecesarias entre colaboradores que
interactúan a niveles similares y con altos grados de interdependencia.
La formación de los trabajadores tiene una más fácil
identificación y provisión mediante mecanismos de evaluación
de las competencias que cada uno dispone, que faciliten la identificación
de aquellas competencias a desarrollar en cada caso, y por tanto, de
las acciones de formación requeridas. Muchos programas de capacitación
empresarial caen en la fácil e ineficaz fórmula del recetario
que, por repetitivo, sólo logra dar cuenta de recursos en tiempo
y dinero pero no significan mayor avance a los ojos de los trabajadores.
Algunas empresas, en los países que cuentan con sistemas de
competencia laboral, han logrado conectar sus políticas de remuneración
e incentivo con modelos de gestión de recursos humanos basados
en competencia laboral. Tales modelos asocian el logro de competencias
con los mecanismos de compensación; éste, sin embargo,
es un campo aún poco recorrido y que presenta grandes desafíos.
Uno de los puntos de más tensión se centra en la suposición
de que un certificado de competencias debería habilitar directamente
a su poseedor a recibir una compensación adicional; este argumento,
extremadamente simplista podría disuadir a muchas empresas de
la implementación de un sistema de competencias.
Una práctica cada vez más utilizada y más requerida
por muchas empresas, consiste en medir la variación que una acción
de capacitación y desarrollo de competencias ocasiona en su productividad.
Además de la metodología SIMAPRO(1)
que ya se refirió anteriormente, se encuentran aplicaciones como
la desarrollada por el SENCE de Chile(2)
que consistió en medir en casos concretos el impacto de la capacitación
en la productividad mediante el uso de técnicas econométricas.
1 Mertens, Leonard, Productividad en las organizaciones,
Montevideo, Cinterfor/OIT, 2000.
2 Soto, E. y otros, Evaluación del impacto
de la capacitación en la productividad, Santiago de Chile,
SOFOFA, SENCE, FUNDES, 2003.