Las modalidades de financiamiento se han
diversificado desde modelos basados en fuentes únicas, hasta aquellos que combinan
fuentes externas con recursos de crédito de organismos internacionales. Incluso algunas
instituciones "venden" servicios en cuya generación participan los alumnos.
Ello facilita que la organización mejore sus relaciones con sus clientes
"empresas" quienes acuden para obtener servicios como en el caso de aquellos
centros educativos que suministran servicios asociados a la formación y el desarrollo
tecnológico tales como: pruebas y ensayos de laboratorio, documentación y asistencia
técnica. Estas actividades además de tender un puente escuela-empresa, traducen la
eficiencia en términos de ingresos por productos que los empresarios perciben como
útiles y en cuyo suministro los alumnos encuentran casos reales de aplicación de
conocimientos en contextos de trabajo; una verdadera e inigualable fuente de competencias.
La lógica del financiamiento está acercándose a favorecer ingresos
atados a indicadores de eficiencia. Temas como el costeo de las actividades formativas o
el abordaje de las mismas bajo la lógica de la administración de proyectos facilitan que
no se diseñen y ejecuten acciones con el signo de la perpetuidad y sí con la facilidad
de estar asociadas a un entorno laboral altamente cambiante.
También el acceso de las diferentes unidades ejecutoras a las
posibilidades de planificar, gestionar y evaluar su financiamiento es parte fundamental de
los nuevos modelos de gestión. La descentralización de las atribuciones torna a los
ejecutores más conscientes de su papel y de la necesidad de mantener niveles de
eficiencia competitivos.
La gestión del proceso formativo debe ser abierta y flexible, su
protagonista es el participante (flexibilidad programática)
Quizá esta es una de las más francas áreas de impacto del enfoque de
competencia. En las actuales condiciones del entorno, las instituciones de formación han
de avanzar hacia sistemas de ingreso más abiertos en los que los participantes, de
acuerdo con sus disponibilidades e intereses, puedan acceder según su disponibilidad. En
los modelos tradicionales, los momentos de ingreso y la oferta de acciones formativas
están prefijados. Ahora, es otra la necesidad de participantes que pueden requerir
alternar momentos de trabajo y formación y que eligen las acciones formativas según los
ritmos a que desarrollan su propia carrera.
Los participantes deben tener más autonomía no solo para el ingreso
sino para la elección de los módulos (unidades de competencia) en los que desean
formarse y certificarse. La oferta por competencias es abierta y flexible en
contraposición a las tradicionales ofertas de cursos que deben realizarse en su totalidad
y no dan opción de salidas ocupacionales previas a la certificación plena.
El participante debe ser animado a construir su propio itinerario
formativo y a recurrir a institución en busca de una mezcla variada de recursos
formativos.
La generación de competencias ocurre en diferentes ámbitos,
además de la formación en un ambiente escolarizado, la competencia se genera en
ambientes reales de trabajo. (flexibilidad contextual)
No se desarrollan convenientemente procesos formativos que recurren
solamente a ambientes escolarizados (aulas y talleres); la competencia se genera y
verifica en el trabajo. La adquisición y certificación de competencias convoca la
necesidad de nuevos arreglos para facilitar una relación más expedita entre escuela y
empresa. El tradicional esquema formativo basado en la impartición de contenidos se
moverá hacia la generación y certificación de competencias evaluadas y certificadas en
el trabajo.
La escuela tiene un papel fundamental en la formación de competencias
básicas y genéricas pero no puede reemplazar la verificación de la competencia en un
contexto laboral.
Las instituciones de formación competentes adoptan modelos
organizacionales flexibles
Se ha corroborado en el desarrollo de los procesos de
modernización de las instituciones que adoptan el modelo de competencia aquella vieja
sentencia según la cual la estructura sigue a la estrategia. En estos casos, se han
debido generar modelos de organización más planos en los que el docente tiene un papel
más activo y en el cual la supervisión juega un papel formativo y de apoyo.
Modelos descentralizados de instituciones en los que a partir de una
serie de directrices nacionales se da pie para que las escuelas o centros desarrollen su
propios currículos adaptados a las necesidades locales; son parte del nuevo significado
de temas como descentralización y autonomía.