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2. TAMBIÉN HAY CAMBIOS EN LA INSTITUCIONALIDAD DE LA FORMACIÓN
PROFESIONAL(3)
La formación profesional, como muchos otros temas de interés público,
fue liderada por el Estado en los comienzos de su institucionalidad.
Sin el ánimo de una enumeración exhaustiva puede referirse como la entidad
más antigua que surgió en el modelo de instituciones que aún existe,
es el SENAI de Brasil (1942), luego el SENAC también en Brasil (1944),
el SENA de Colombia (1957), el INCE de Venezuela (1959), el INA de Costa
Rica (1965) y el INACAP en Chile (1966). El grupo de instituciones de
formación profesional cuenta también con el INSAFORP de El Salvador,
el INFOP de Honduras, el INTECAP de Guatemala, el INATEC de Nicaragua,
INFOTEP de República Dominicana, el INAFORP de Panamá, el SECAP de Ecuador,
el SNPP de Paraguay y el SENATI del Perú.
El común denominador de estos esquemas es la existencia de una institución
pública (o privada como SENATI, SENAI y SENAC que tienen hoy orientación
del sector empresarial) ligada a la financiación proveniente de fondos
aportados por los empresarios con base en un porcentaje aplicado al
monto de los salarios pagados (varía entre el 0,5% y el 2%).
Las instituciones tomaron bajo su responsabilidad el problema de lograr
recursos humanos adecuados a las necesidades de los puestos de trabajo
que se creaban como resultado de las políticas de desarrollo hacia dentro
y sustitución de importaciones, en boga por esos días. Por lo general
la composición de sus juntas directivas fue tripartita, esto es, integradas
con representantes de trabajadores, empresarios y gobierno. Su esquema
inicial de funcionamiento tuvo amplio éxito debido a la relativa facilidad
en la identificación de necesidades de nueva mano de obra en un contexto
de expansión del empleo y relativa estabilidad.
Ya en los años ochenta se empiezan a atestiguar cambios en la institucionalidad
de la formación. En general los modelos de entidades grandes y únicas
empezaron a dar paso a modelos de múltiples entidades y con esencias
más sistémicas en su concepción y funcionamiento. Se notó también una
mayor participación de instancias gubernamentales asociadas a los Ministerios
del Trabajo, como la Secretaría de Empleo y Formación Profesional en
Argentina, la creación del SENCE en Chile, con rango de subsecretaría,
la Dirección Nacional de Empleo en el Uruguay, la Secretaria de Empleo
y Formación Profesional del Brasil. Su papel es el de orientadores de
políticas de formación no de ejecutores y en el ejercicio de ese papel
van dando cabida a más y más agentes públicos y privados que participan
de la formación en los países.
En general, en muchos países se han venido conformado diferentes arreglos
institucionales los cuales van desde la prevalencia de instituciones
de formación profesional dependientes del gobierno hasta mecanismos
de coordinación facilitados desde el estado y con la participación de
agentes ejecutores privados.
Pero al lado de esta maraña institucional han empezado a crecer experiencias
de formación lideradas desde el sector privado por empresarios o por
trabajadores.
La formación profesional ha ampliado su concepción y presencia
Inició centrada en la creación de conocimientos, habilidades y destrezas
para la vinculación a un empleo. Ahora, además de haber pasado de un
concepto inicialista a uno de formación continua, ha ampliado su significado
y alcances hacia aspectos como el desarrollo tecnológico y el complejo
mundo de las relaciones laborales.
En el primer caso, muchas entidades y muchos contenidos de formación
se están vinculando a procesos de innovación tecnológica, apoyando actividades
de investigación aplicada, control de calidad, pruebas y ensayos de
laboratorio y fabricación de prototipos. Se están creando estructuras
de Centros de Formación y Desarrollo Tecnológico en los que los alumnos
y los empresarios concurren y en los que la formación es a la vez comprobación
y verificación.
En el segundo caso, la formación se toma cada vez más en cuenta en
las complejas relaciones laborales y forma parte de la negociación colectiva
al igual que los temas de higiene y salud ocupacional, remuneración
y seguridad social.
Para responder a la rapidez con que los cambios están afectando el
mundo de trabajo, la formación esta acudiendo a nuevos enfoques de la
calificación laboral. La nueva configuración de las ocupaciones y los
drásticos ajustes en las formas de trabajo y en los procesos productivos
han ocasionado el nacimiento de nuevas exigencias hacia los trabajadores.
Muchas de estas no existían antes, en presencia de los rígidos modelos
basados en la organización científica del trabajo.
Ahora la formación profesional debe buscar la generación de competencias
en los trabajadores no la simple conjunción de habilidades, destrezas
y conocimientos. La configuración adquirida por las ocupaciones exige
a los trabajadores un más amplio rango de capacidades que involucran
no solo conocimientos y habilidades sino también la comprensión de lo
que están haciendo. Paulatinamente se piden más competencias de contenido
social asociadas a la comunicación, capacidad de dialogo, capacidad
de negociación, pensamiento asertivo y facilidad para plantear y resolver
problemas.
La Formación Profesional hasta hace poco tratada y concebida como un
tema aislado, se vincula progresivamente en nuestros días al paquete
complejo de las relaciones laborales y forma parte en las negociaciones
colectivas de igual a igual con temas como la seguridad en el trabajo,
la fijación de remuneraciones, la salud ocupacional, bienestar al personal,
etc.
Se esta reconociendo la necesidad de formar trabajadores competentes
no de cualificar trabajadores. Esta sutil diferencia evoca un conjunto
de competencias (capacidad de ejecutar un trabajo) nuevas que además
pueden transferirse de un empleo a otro disminuyendo el riesgo de obsolescencia
y mejorando por tanto la empleabilidad.