La formación por competencias. Instrumento
para incrementar la empleabilidad
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Muchas de las actuales tendencias atestiguadas en el mundo, no excluyen
de sus efectos prácticamente a ningún país. La búsqueda de mejores niveles
de bienestar y de un mayor grado de desarrollo es ahora un factor en
el que coinciden los países firmantes de tratados de libre comercio
y de creación de áreas comunes y uniones (NAFTA, MERCOSUR, CARICOM,
UNION EUROPEA). El motor para la integración se enciende con el interés
común de elevar las condiciones de la competitividad y productividad.
En el transcurso de este documento se mostrará como estas condiciones
requieren de adecuados niveles de formación para el trabajo y como estos
niveles, necesarios para mejorar la empleabilidad, se pueden alcanzar
mediante sistemas de formación profesional.
Iniciará analizando las tendencias que más directamente impactan hoy
día a los países y por tanto, en un ambiente globalizado, son obligatorias
referencias para mejorar la empleabilidad. Luego abordará un breve repaso
a la evolución en la institucionalidad de la formación profesional;
pasará enseguida a proponer los retos básicos para mejorar la empleabilidad
y finalmente, perfilará algunas propuestas sobre el tema de formación
profesional como instrumento para mejorar la empleabilidad.
1. LA FORMACION ANTE LAS TENDENCIAS ACTUALES
La globalización, la rápida sucesión de eventos en el ámbito de la
tecnología, la nueva configuración de la arquitectura empresarial y
los impactos en la organización del trabajo conforman un paquete interesante
de tendencias que vale la pena revisar brevemente.
Globalización: cada vez más, un solo mundo.
La globalización ha ocasionado que cualquier evento, sin importar el
lugar de la tierra en el que se presente, tenga repercusiones casi inmediatas
en todo el globo. Los acontecimientos económicos, políticos y sociales
se asemejan cada vez más a la "Aldea Global" de McLuhan. Son
progresivamente más tenues las diferencias en la estructura económica;
se difunde rápidamente la información, se eliminan las barreras proteccionistas
y aparecen categorías de "clase mundial". Los países han reconstruido
el paradigma de sus formas de relacionamiento y se asiste a una mayor
integración en lo económico que contrasta con la dispersión geográfica
propia de la nueva forma de producir.
Se ha configurado una nueva división internacional del trabajo. El
capital también se ha globalizado, de forma que se han localizado en
sitios diferentes las actividades de investigación y desarrollo, diseño
y fabricación. Los productos ya no tienen identidad nacional, la identidad
de marca se ha transnacionalizado.
La ubicación que cada país tenga en la nueva división internacional
va a depender mucho de su dotación de talento humano, que ya no de sus
recursos naturales o de riqueza material. El mundo ha entrado rápidamente
en la era de la información (1),
esta época se ha caracterizado por una verdadera revolución en el uso
de la información como fuente de desarrollo. Los procesos de producción,
la organización del trabajo, la provisión de servicios y cada vez más
actividades cruciales giran, para su exitosa ejecución, en torno al
manejo de información.
Tal como lo hiciera notar el escritor mexicano Carlos Fuentes (2),
la globalización se sustenta en información y la información a su vez,
en educación. El conocimiento es el soporte para la información de modo
que se ha convertido junto con esta, en la base para la generación de
riqueza y prosperidad.
Cambio tecnológico o revolución tecnológica
Son tan cortas las olas de cambio tecnológico que no parece aplicable
el concepto de revolución entre una y otra nueva oleada. La revolución
tecnológica llegó para quedarse; así, revolución pierde peso como concepto
para describir la conmoción generada sobre una estructura en reposo.
No obstante, el factor común en esta etapa de la evolución tecnológica
se centra en la información. Si se trata de caracterizar la gran oleada
de cambios recientes, se encontrará que están asociados en buena medida
con el insospechado avance de las tecnologías de manejo, procesamiento,
acceso y distribución de información. No han pasado aún 60 años después
de la irrupción del computador y se afirma ya que en materia de información
se avanzó más en los años transcurridos luego de la segunda guerra mundial,
que en toda la evolución humana desde el paleolítico hasta la fecha.
Las tecnologías de la información están irrumpiendo en todos los ámbitos
de la vida del hombre. Por supuesto lo hicieron en la forma como se
organiza la producción y el resultado se ha visto en la operativización
de técnicas de producir más flexibles, cortos ciclos de vida en los
productos, rápida obsolescencia de los mismos, mayor reconocimiento
del valor de la calidad y una ampliación de las actividades asociadas
con los servicios, ante la simplificación de las tareas de producción.
Se ha registrado también una mayor orientación hacia la satisfacción
de necesidades de los clientes. Las empresas, núcleo de las ventajas
competitivas y en muchos casos transnacionalizadas, han tendido a maximizar
la satisfacción de las necesidades de los consumidores; el acortamiento
tecnológico de las diferencias entre productos ha tendido a ser reemplazado
por una mayor diferenciación en servicio, calidad y accesibilidad.
Estructura empresarial: reestructuración o aplanamiento
Ineludible ha sido para las empresas el efecto de las transformaciones
en la tecnología. Los procesos productivos y la forma de concebir la
arquitectura organizacional han favorecido el acortamiento de distancias
entre los que piensan y los que hacen al punto en que se han transferido
muchas funciones de los niveles altos a los niveles operativos.
En el medio, aquellos cuyas funciones se resumían en servir de puente
entre la base y la alta gerencia, usualmente movilizando información
hacia arriba sobre resultados y hacia abajo sobre decisiones e instrucciones,
son irremediablemente desplazados por la mayor facilidad de comunicación
y por la nueva organización del trabajo. Los grupos de alto rendimiento
son capaces ahora de fijarse metas y objetivos, de promover sugerencias
y de resolver problemas con más rapidez de la que tendría el tradicional
flujo burocrático.
Así, el tradicional esquema piramidal de las estructuras organizacionales
amplía su base y reduce su cintura. El achatamiento resultante muestra
grupos de trabajadores con más participación, un mayor nivel de consulta
e interacciones y conduce a la disminución definitiva de la intermediación
propia de los mandos medios.
Ocupaciones y no puestos de trabajo
El contenido de los trabajos también ha registrado significativas transformaciones.
El restringido concepto de puesto de trabajo ha dado paso al más amplio
y expresivo concepto de ocupación. Las ocupaciones no corresponden con
un grupo de tareas aglomeradas en operaciones y en funciones; son conjuntos
más abiertos que evocan los conocimientos básicos de un área con la
característica de poder ser transferidos en el ejercicio de varios empleos.
El paso del puesto de trabajo a la ocupación bien puede representar
el paso del trabajador al individuo. La organización de los empleos
vuelve a tener un peso social elevado, se trabaja en grupos, se aporta
en equipo. Las conductas de socialización se reivindican y el aislamiento
paradójico propio de los modelos fordistas se supera. El trabajo así
visto cambia de la orientación al esfuerzo por la orientación al cerebro.
La empresa empieza a fomentar un alto contenido de relaciones sociales
y las necesidades para los trabajadores se cualifican. Estas acercan
cada vez más la vida del trabajador a la vida del ciudadano. En este
sentido se registra definitivamente una revalorización del talento humano.
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* Consultor de Cinterfor/OIT.
1. Ver Rifkin Jeremy. El fin del trabajo.
2. Fuentes Carlos. Por un progreso incluyente. En Boletín
Cinterfor/OIT. No. 137-138. 1997
