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Fecha de actualización:
28/11/2008

 

 

Programas de capacitación y empleo de jóvenes en América Latina

 

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Apéndice

Acerca de los mecanismos de evaluación

La incorporación de mecanismos de evaluación sistemática en los programas de capacitación laboral -y en los programas sociales en general- no constituyó una práctica tradicional en América Latina. Los ejercicios evaluatorios padecían entonces de las dificultades de realizarse sin contar en muchos casos con la adecuada información, especialmente al tratarse de evaluaciones ex-post.

La vinculación del financiamiento de los programas aquí considerados a créditos otorgados por organismos financieros multilaterales ha implicado algunas exigencias en lo que hace a su diseño. En particular, esto ha llevado a incorporar la práctica evaluatoria desde la propia formulación de los proyectos, lo que ha permitido interesantes avances si lo comparamos con el pasado. Sin embargo, un conjunto de aspectos dificultan aun el logro de niveles de calidad de las evaluaciones asemejable a los estándares alcanzados por los países más avanzados en la materia.

Entre las dificultades existentes cabe señalar: déficit en los sistemas de información estadística de los países; dificultad para la recolección de información válida y confiable en relación a las poblaciones de referencia; y el carácter comparativamente reciente de la aplicación en la región de prácticas de investigación evaluativa.

El último aspecto mencionado, hace que la disponibilidad de técnicos con una adecuada preparación profesional en materia de evaluación constituya una dificultad para el logro de mejores resultados. No obstante lo anterior, cabe señalar el importante aporte que en este terreno ha significado la cooperación técnica brindada fundamentalmente por parte de organismos internacionales. En clave prospectiva, la dinamización del papel de los ámbitos académicos de la región -vía un mayor relacionamiento de los mismos con los organismos responsables de los programas- es un camino que, a partir de algunas experiencias ensayadas, abre perspectivas para interesantes actividades de complementación institucional.

La realidad de la práctica de los programas representa en buena medida un desafío en términos del diseño de estrategias de evaluación. Estas deben dar cuenta de la complejidad que conlleva la adecuada evaluación de estas intervenciones a partir de la multiplicidad de dimensiones involucradas. La captación de los beneficiarios de los programas implica un conjunto de instancias, con sus correspondientes efectos en términos de selección dentro de la población focalizada. Esto impone dificultades y un conjunto de restricciones en cuanto a los diseños de evaluación a aplicar, si es que se pretende lograr desentrañar relaciones causales sólidamente fundadas a partir de la información procesada.

Los diseños cuasi-experimentales con grupos de control, padecen serios problemas a efectos de dar cabal cuenta de los impactos reales de las intervenciones evaluadas. Estos cuestionamientos han sido largamente abordados en la literatura especializada, y hacen referencia básicamente a la posible espuriedad de las relaciones causales sugeridas por los resultados de investigaciones basadas en estas metodologías.

Esta metodología, consistente en la comparación de una muestra de beneficiarios con otra tomada como grupo de control o testigo, ha sido generalmente empleada en los programas considerados. El principal problema enfentado radicó en la forma de definición del grupo de control, del cual se requiere, para permitir la comparación, que posea idénticas características socioeconómicas a las del grupo de beneficiarios. En la práctica este aspecto derivó, efectivamente, en algunas dificultades tanto metodológicas como operativas. En este último plano, se ubica la posibilidad de seguimiento de los integrantes de las muestras, lo que atenta tanto en términos de representatividad como en lo que refiere a plazos y costos.

Desde el punto de vista metodológico, la dificultad fundamental estriba en la definición del grupo de control de modo de asegurar el cumplimiento de las condiciones de "equivalencia" entre las dos muestras en términos de sexo, edad, nivel de instrucción, etc. Así, en el caso del Proyecto Joven (Argentina), debió recurrirse al análisis de diferenciales en la evolución de las tasas entre ambos grupos para medir el impacto sobre la inserción laboral, dada las marcadas diferencias que presentaban estos indicadores en la medición inicial. Finalmente, existe el problema de no poder identificar con precisión la influencia que en términos de los resultados finales puedan tener diferencias no controladas de variables de tipo actitudinal.

La posible implementación de diseños de tipo experimental conlleva -en estos casos- cuestionamientos éticos que impiden su aplicación. Estos cuestionamientos hacen al hecho de incorporar individuos a los grupos de control sobre la base de su expresa exclusión de las prestaciones de los programas. En los casos de experiencias en las cuales la existencia de reales beneficios de la intervención a evaluar constituye una interrogante -típicamente el caso de la experimentación pedagógica-, este hecho salva el cuestionamiento mencionado. Sin embargo, para los casos que estamos analizando, aspectos como el otorgamiento de becas a los beneficiarios impiden realizar consideraciones en esos términos.

A la vista de las limitaciones precedentes, resulta recomendable intentar complementar la información a partir de investigaciones que, recurriendo a técnicas de investigación cualitativa, busquen aproximarse a la construcción de "conexiones de sentido" que permitan contrastar las evidencias derivadas de la información obtenida a través de relevamientos de base estadística. Por esta vía se enriquecería la interpretación que las evaluaciones permiten, lo que redundará en un mejor ajuste de la operativa de los programas. Así, elementos como los intereses de los jóvenes -parcialmente estudiados en encuestas de satisfacción con los programas-, sus percepciones en relación con la educación y su predisposición a recibir formación posterior, podrían ser incorporados más afinadamente a la planificación de las acciones a desarrollar.

Lo anterior no debe -de ningún modo- ser interpretado como un cuestionamiento a la necesidad de perfeccionar las evaluaciones actualmente realizadas en base a metodologías de base cuantitativa. Antes que esto, un valor adicional de lo planteado estriba en su potencial de retroalimentar el desarrollo y la reflexión en torno a la aplicación de dichas metodologías.

 

 

 

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