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B. Los programas del modelo "Chile Joven"
1. Descripción y fundamentación conceptual del modelo "Chile
Joven"
Fundamentos conceptuales del modelo
En los diversos documentos de presentación y diseño de los programas
CHJ, aparecen recurrentemente los siguientes principios orientadores
del diseño del modelo:
Pertinencia de la capacitación con relación al mercado de trabajo
Se debe ofrecer una capacitación laboral que esté vinculada con reales
oportunidades de empleo dependiente o actividad productiva independiente.
Ello exige que las acciones de los programas respondan a señales objetivas
de demanda en el mercado de trabajo y no a la capacidad instalada de
las entidades oferentes de la capacitación. Para ello se adopta como
indicador la detección de oportunidades de práctica laboral en empresas
o proyectos específicos.
Articulación de esfuerzos del Estado, la sociedad civil y el sector
empresarial.
El Estado central asume la responsabilidad de diseño, supervisión,
control técnico y financiación de los programas. La ejecución se realiza
por medio de instituciones pertenecientes al Estado y a la sociedad
civil, las que deben recibir servicios de apoyo al fortalecimiento institucional
por parte del ente administrador, para desarrollar su capacidad operativa,
técnica y administrativa.
La sociedad civil organizada y las instancias estatales del nivel territorial
desempeñan funciones de validación general de la marcha de los programas
y de identificación - acreditación de la población objetivo que accede
al mismo. El sector empresarial aporta espacios de práctica laboral
y al hacerlo suministra señales de pertinencia a la capacitación ofrecida.
Con este arreglo institucional se busca también asegurar el cumplimiento
de criterios de transparencia y equidad en el uso y aplicación de recursos
públicos.
El logro de este criterio de articulación exige que el modelo, aún
en las mejores condiciones de contexto socio-institucional, incorpore
una fuerte estrategia de promoción/difusión, dirigida a sensibilizar
a los actores sobre la importancia de su participación y sobre las responsabilidades
que a cada uno de ellos competen en la aplicación de los procesos socio-pedagógicos
involucrados.
Autofocalización de los beneficiarios
El diseño de las acciones y en particular de los aspectos críticos
del modelo operativo, tales como ubicación geográfica de los servicios,
duración del paquete de capacitación y práctica laboral, nivel de calificación
obtenido, condiciones de la práctica laboral, monto del subsidio, etc.,
deben hacerse de manera que los programas sean atractivos sólo para
la población objetivo y no para grupos sociales "fronterizos".
Ejecución desconcentrada y regulada por mecanismos de mercado
Mediante la invitación a registro y concurso para muchos potenciales
oferentes, se persigue la máxima flexibilidad y desconcentración en
la oferta de servicios de capacitación. Mediante el mecanismo de licitación
se espera obtener óptimas relaciones costo beneficio, por cuanto se
califican las propuestas con base a criterios técnicos y financieros
dentro de un marco de parámetros que debe ser cuidadosamente elaborado
y permanentemente ajustado por los administradores de los programas,
con base en la experiencia.
Adecuación a las motivaciones, necesidades y expectativas de los
actores
Para regular las expectativas de población objetivo, organismos capacitadores
y empresas potencialmente empleadoras, el modelo requiere de una consulta
cuidadosa y permanente de sus motivaciones y expectativas. A partir
de este conocimiento se debe ejecutar una fuerte estrategia de promoción
social, factor clave para el logro de los niveles de participación,
compromiso y desempeño necesarios en todos ellos.
Integralidad en la aplicación
En consecuencia con el diagnóstico sobre la complejidad y profundidad
de la problemática psicosocial asociada al desempleo estructural de
jóvenes, el modelo supone una respuesta integral, que va más allá de
la integralidad pedagógica y que se refiere especialmente a la relación
sistémica entre sus distintos componentes y estrategias, requisito indispensable
desde una perspectiva de eficacia y de costo-beneficio.
Organización Institucional
Los Programas son administrados desde una Unidad Coordinadora Central
(UCC), establecida generalmente como grupo interdisciplinario ad
hoc, ubicada en un Fondo de Inversión Social, un Ministerio u otra
unidad administrativa del gobierno central. La UCC responde a un Consejo
Directivo o entidad similar, en donde se espera que tengan asiento representantes
de las diversas instancias del sector público involucradas así como
de otros actores claves del Programa, señaladamente los empresarios
vinculados a la misma como agentes de práctica laboral y como potenciales
contratantes finales de los egresados.
En Chile, como se ha mencionado, el Programa surgió en el Fondo de
Inversión Social (FOSIS) y allí aún opera una de sus variantes actuales,
la dirigida a poblaciones en situación de agudo riesgo social o con
limitaciones especiales. Posteriormente se institucionalizó dentro del
Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE), ubicado en el Ministerio
de Trabajo. En Argentina, inusitadamente, el programa inició sus actividades
ubicado en el Ministerio de Economía y Hacienda Pública y posteriormente
pasó a la Secretaría de Empleo y Formación Profesional del Ministerio
de Trabajo. En Uruguay, luego de surgir como un programa piloto del
Instituto de la Juventud (INJU) financiado por el Fondo Multilateral
de Inversiones del BID, pasó a ser coejecutoado por elINJU y la Dirección
Nacional de Empleo del Ministerio de Trabajo, financiándose con recursos
destinados por la Junta Nacional de Empleo (de integración tripartita).
En Colombia está bajo la administración directa del SENA (la IFP nacional),
por delegación de la Red de Solidaridad Social de la Presidencia de
la República, la que además financia la Unidad Coordinadora Central,
con lo cual tiene por lo menos parcialmente el control del programa.
La característica más distintiva de este arreglo es que evita o delimita
cuidadosamente la participación de las de las instituciones tradicionales
de la capacitación laboral: los ministerios de educación y/o las instituciones
del modelo IFP, en la administración y ejecución del programa. Sobre
este aspecto se volverá más adelante.
Descripción operativa del modelo
El servicio básico ofrecido a los usuarios consiste en un paquete de
capacitación y prácticas laborales. El componente de capacitación laboral
está dirigido a desarrollar un nivel de semicalificación en un oficio
específico, y puede - dependiendo de las estrategias diferenciales para
ciertos grupos de población objetivo - estar complementado con actividades
de formación de habilidades psicosociales, formación remedial de habilidades
básicas, información sobre mercado de trabajo, etc.
El componente de práctica laboral debe ser realizado en una empresa
que ha sido comprometida para tal fin por la entidad ejecutora de la
capacitación y debe corresponder al oficio en el cual se dio la capacitación
. La empresa asume un papel coformador, bajo la supervisión y responsabilidad
de la entidad ejecutora. En algunas variantes, orientadas al autoempleo,
la fase de práctica laboral se sustituye por la ejecución supervisada
de un proyecto productivo independiente.
El proceso de capacitación y de práctica laboral típicamente oscila
alrededor de los seis meses (entre 200 y 300 horas de capacitación y
de dos a tres meses de práctica laboral aunque en alguna variante del
caso chileno se llega hasta las 420 horas de capacitación).
Durante su permanencia en el programa el usuario recibe un subsidio
de manutención y transporte, dirigido a estimular su retención en el
programa. Se recomienda que el subsidio sea cuidadosamente graduado
según el comportamiento del mercado de trabajo para evitar que se convierta
en factor distorsionador de la demanda del Programa, en la medida en
que pueda llegar a extraer a algunos jóvenes de empleos actuales y/o
del sistema escolar. Normalmente el subsidio se ubica alrededor del
50% del salario mínimo vigente.
Las empresas que ofrecen su espacio productivo para la fase de práctica
laboral no están obligadas a remunerar al capacitando, ni adquieren
ninguna otra responsabilidad laboral con el mismo. Tampoco están obligadas
a contratarlo posteriormente.
Las entidades ejecutoras
Las ejecutoras directas de los servicios de capacitación son entidades
o empresas públicas o privadas (empresas que venden comercialmente servicios
de capacitación y consultoría, organizaciones no gubernamentales, entidades
privadas de educación no formal, Institutos técnicos oficiales o privados,
etc.), las que son llamadas mediante convocatorias públicas a inscribirse
en un Registro Nacional administrado por la Unidad Coordinadora Central
(UCC). Para ingresar al registro se debe demostrar el cumplimiento de
unos requisitos de experiencia, capacidad técnica y operativa, solvencia
económica, etc. A las entidades inscritas en el registro posteriormente
se les invita a presentar propuestas en licitaciones públicas, de las
que eventualmente deriva la contratación de sus servicios.
Las propuestas de las entidades ejecutoras deben demostrar, además
de su competencia para ejecutar el componente de capacitación laboral,
la capacidad que tengan para convenir con empresas la realización del
componente de práctica laboral, o para orientar y supervisar el proyecto
productivo independiente.
El servicio contratado incluye - como se ha dicho - no sólo la capacitación
laboral sino también el aseguramiento de la práctica laboral. La remuneración
a las entidades ejecutoras debe ser suficiente para permitirles pagar
sus costos reales a precios de mercado y para realizar una razonable
utilidad, dependiendo de su desempeño, pues el pago final está subordinado
al cumplimiento de estándares de eficiencia y efectividad. Hay castigos
relacionados con los niveles de retención en la fase de capacitación
y de colocación en la fase de práctica laboral. Igualmente se controla
la calidad de la formación lograda.
Selección de usuarios y de actividades de capacitación
La selección de candidatos es realizada mediante procesos de identificación,
selección y canalización que son responsabilidad de las entidades estatales
responsables del Programa, siempre en estrecha relación con entidades
territoriales. La selección final de usuarios es realizada por la entidades
ejecutoras de la capacitación.
En un primer momento la entidad nacional responsable realiza una selección
de zonas geográficas con base en el análisis de indicadores de empleo
y pobreza. Posteriormente se acuerda con las entidades territoriales
los mecanismos de promoción-difusión, convocatoria y selección de participantes.
Este es el momento en el que se debe asegurar la focalización. Se considera
deseable la participación cercana de organizaciones sociales del nivel
local, así como un esfuerzo de difusión muy intenso entre la población
objetivo, para lograr la autofocalización del Programa.
La selección de las actividades objeto de capacitación es realizada
también en dos momentos: en el nivel macro, la entidad administradora
aporta información indicativa sobre el mercado de empleo, pero ella
no tiene carácter restrictivo. El segundo momento, que a la vez constituye
el mecanismo clave del modelo, consiste en la selección de cursos que
ofrece la entidad ejecutora, la que es determinada no sólo por su capacidad
instalada sino especialmente por la identificación de oportunidades
de práctica laboral. Mediante este mecanismo se persigue romper el ciclo
de determinación por la oferta y asegurar la pertinencia de la capacitación
ofrecida.
La estrategia pedagógica
En este terreno, y en correspondencia con el diagnóstico hecho sobre
la población meta y la caracterización e su situación de desempleo estructural,
se plantean los siguientes criterios:
- La capacitación debe ir más allá de la pura provisión de habilidades
laborales específicas y debe incorporar contenidos y procesos dirigidos
a desarrollar habilidades de comunicación, de relación, de autoestima
y de información. A este objetivo formativo, según estrategias específicas,
se le asigna en algunos casos un componente especial dentro del paquete,
o por lo menos se plantea que el mismo debe estar integrado dentro
de los contenidos de la capacitación.
- La capacitación laboral debe tener un alto contenido práctico.
- En algunos casos se plantea como opcional la posibilidad de incorporar
actividades remediales de carencias de formación básica: lecto-escritura,
matemáticas, pensamiento lógico.
- La etapa de práctica laboral debe conservar su naturaleza formativa,
por lo que las empresas deben asumir responsabilidades en este sentido
y las entidades ejecutoras deben supervisar su cumplimento.
