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3. Presiones del cambio en el modelo de desarrollo sobre la
Institucionalidad de la Formación Profesional
Durante el período de predominancia del modelo de sustitución de importaciones
hasta la década de los ochenta, en la región latinoamericana el tema
de la formación profesional no aparecía como un problema relevante de
políticas públicas, pues se contaba con dos grandes sistemas públicos:
a) el de las Instituciones de Formación Profesional (IFP), con su régimen
tripartito y su mecanismo de financiamiento por la vía de la contribución
parafiscal, y b) el de las áreas de Educación Técnico-Vocacional (ETV)
integradas en los sistemas educativos formales.
Estos dos sistemas coexistían en la mayoría de los países, con predominancia
de uno u otro según el caso, y resultaban, en lo fundamental, suficientes
y adecuados para las demandas de calificación de la fuerza laboral de
economías cuyas dinámicas de cambio tecnológico no eran muy intensas,
protegidas como estaban de la presión competitiva del comercio internacional.
En este mismo contexto, el esfuerzo directo de las empresas en la formación
de sus trabajadores era una actividad de carácter más bien secundario,
con predominancia de las prácticas informales y sin involucrar
en general inversiones significativas, de lo que se derivaba
que las ofertas privadas de educación técnica y capacitación laboral
fueran relativamente marginales.
Pero la internacionalización del comercio, la aceleración del cambio
tecnológico y organizacional, la flexibilización de los mercados laborales,
la emergencia de la formación permanente como paradigma en las trayectorias
laborales de los trabajadores y en los procesos de desarrollo productivo,
han colocado a la formación de recursos humanos en uno de los primeros
lugares de la agenda de políticas de desarrollo, lo que a su vez ha
puesto en cuestión la capacidad, la pertinencia y la relevancia de los
aparatos públicos tradicionales de formación para el trabajo, a los
que se señala su autocentrismo, su rigidez y su burocratismo.
Por otra parte, al paso del cambio económico y social, han surgido
nuevos oferentes de formación y capacitación para el trabajo: las instituciones
de capacitación no formal privadas, los renovados aparatos de capacitación
en la empresa, las instituciones de capacitación de origen empresarial,
los centros de desarrollo tecnológico que integran servicios de innovación
y transferencia de tecnología por la vía de la capacitación, las ONG
que llevan servicios a poblaciones marginales, etc.
Todo ello ha colocado en la discusión de políticas públicas de educación
y de empleo la necesidad de reformar los sistemas de formación para
el trabajo. Ahora bien, esta discusión no se reduce al tema de la reforma
"interna" de los sistemas tradicionales, sean ellos las IFP
o los sistemas de ETV, sino que coloca sobre la mesa tres grandes temas
de políticas públicas estrechamente relacionados: a) la conveniencia
de concentrar los esfuerzos en la formación básica general de la población
y de dejar la capacitación ocupacional específica al campo de la formación
sobre el puesto de trabajo en la empresa; b) el imperativo de orientar
las ofertas de formación profesional desde la demanda y no desde la
oferta; y c) la necesidad de reconocer y estimular mercados abiertos
de competencias laborales en donde concurran libremente los aparatos
públicos y los oferentes privados de formación.
En el sustrato de este debate aparece el dilema acerca de los papeles
que deben desempeñar los sectores público y privado en el terreno de
la formación para el trabajo, tanto desde la perspectiva de la economía
pública al diferenciar entre las funciones de bien público y bien privado
en diferentes manifestaciones de la misma, como desde la preocupación
por la equidad social en el interés de garantizar el acceso de toda
la población a iguales oportunidades de formación.
Se pueden tipificar tres grandes acercamientos en el actual debate
latinoamericano sobre el tema: