Banco Mundial. Informe sobre el Desarrollo Mundial 2007:
el desarrollo y la próxima generación. Washington, 2006
Aspectos
regionales destacados para América Latina y el Caribe
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SINGAPUR,
16 de septiembre de 2006. De acuerdo con un nuevo
informe del Banco Mundial, presentado en las Reuniones Anuales del Banco
en Singapur, los países en desarrollo que inviertan en mejor
educación, atención de la salud y formación laboral
para sus habitantes jóvenes de entre 12 y 24 años de edad,
cuyo número ha alcanzado un nivel sin precedente, podrían
lograr un pujante crecimiento económico y reducir marcadamente
la pobreza.
Habida cuenta de que hoy viven en el mundo en desarrollo 1.300 millones
de jóvenes el grupo más extenso en toda la historia,
no ha existido jamás un mejor momento para invertir en los jóvenes,
que gozan de mejor salud y han recibido más instrucción
que las generaciones anteriores e ingresarán en la fuerza de
trabajo con menos dependientes debido a los cambios demográficos.
Por el contrario, no aprovechar esta oportunidad de darles una formación
más eficaz para desempeñarse laboralmente y para ser ciudadanos
activos, podría ocasionar una desilusión generalizada
y tensiones sociales.
El gran número de jóvenes que viven en los países
en desarrollo ofrece amplias oportunidades al tiempo que plantea riesgos,
afirma François Bourguignon, Primer Vicepresidente y Primer Economista,
Economía del Desarrollo, del Banco Mundial. Las posibilidades
son enormes, pues muchos países tendrán una fuerza de
trabajo más extensa y calificada y un menor número de
dependientes. No obstante, estos jóvenes deberán recibir
una preparación adecuada que les permita crear y encontrar buenos
empleos.
En el informe se señala que los jóvenes constituyen casi
la mitad de las filas de desempleados de todo el mundo y que exclusivamente
en la región de Oriente Medio y Norte de África, por ejemplo,
deben crearse 100 millones de empleos para el año 2020 a fin
de estabilizar su situación en la esfera laboral. Asimismo, las
encuestas de jóvenes en Asia oriental y en Europa oriental y
Asia central que se llevaron a cabo como parte de la investigación
para el informe señalan que el acceso al empleo, así
como la seguridad física, es su mayor preocupación.
Muchísimos jóvenes unos 130 millones de entre 15
y 24 años de edad no saben leer ni escribir. La enseñanza
secundaria y la adquisición de aptitudes sólo tienen sentido
si se ha completado con éxito la escuela primaria. Y como éste
no es el caso, deben redoblarse los esfuerzos en esta esfera. Además,
más del 20% de las empresas de países como Argelia, Bangladesh,
Brasil, China, Estonia y Zambia declaran que uno de los obstáculos
importantes o graves que afectan a sus operaciones consiste en la falta
de aptitudes y educación adecuadas de los trabajadores. Para
superar esta desventaja se requieren más y mejores inversiones
en los jóvenes.
La mayoría de los países en desarrollo tiene una
breve ventana de oportunidad para resolver la situación antes
de que su vasta población juvenil llegue a la edad madura, y
pierda así su ventaja demográfica. Es más que una
política social acertada; es una de las decisiones de fondo que
los países en desarrollo podrían tomar para erradicar
la pobreza y galvanizar su economía, afirma Manny Jimenez,
principal autor del informe y Director de Desarrollo Humano del Departamento
de Asia Oriental y el Pacífico del Banco Mundial.
Según un estudio, el hecho de que en 1965-90 la tasa de crecimiento
de Asia oriental haya superado en más del 40% a la de América
Latina obedece a políticas progresistas en materia de macroeconomía,
comercio, educación, salud y formación profesional, así
como al crecimiento más rápido de su población
en edad de trabajar. Los países que dejen pasar esta oportunidad
demográfica quedarán aún más rezagados en
el marco de la economía mundial.
En el Informe sobre el desarrollo mundial se señala que la mayoría
de las autoridades normativas sabe que los jóvenes ejercerán
una gran influencia en el destino social y económico de su nación,
pero al mismo tiempo enfrentan graves dilemas al escoger la manera más
eficaz de invertir en ellos. También se identifican tres políticas
estratégicas que permiten potenciar las inversiones en la población
juvenil: 1) ampliar las oportunidades, 2) mejorar las capacidades, y
3) ofrecer segundas oportunidades a los jóvenes que han quedado
rezagados debido a circunstancias difíciles o decisiones desacertadas.
Estas políticas abordan las cinco fases de transición
fundamentales que afrontan los jóvenes e inciden en toda su vida
económica, social y familiar, a saber: seguir estudiando, comenzar
a trabajar, adoptar un estilo de vida saludable, formar una familia
y ejercer los derechos cívicos.
Oportunidades. Cuando sus posibilidades de recibir buenos servicios
de educación y de atención de la salud son mayores, los
jóvenes pueden adquirir las aptitudes de vida que les permiten
navegar sin zozobras por el mar de la adolescencia y la juventud; en
forma similar, una mejor formación profesional los ayuda a competir
en el ámbito laboral. La participación de los jóvenes
en actividades políticas y en organizaciones sociales es fundamental
para potenciar la voz de los jóvenes en la vida cívica
de sus propias comunidades y también es de vital importancia
para un buen gobierno.
Si los jóvenes no tienen la posibilidad de participar productivamente
en la vida cívica, sus frustraciones pueden generar tensiones
económicas y sociales, con la consiguiente creación de
conflictos que persisten durante largo tiempo. En Sri Lanka, por ejemplo,
el actual enfrentamiento étnico entre los cingaleses y los tamiles
fue causado inicialmente por la frustración experimentada por
los estudiantes tamiles, a quienes se había privado de la posibilidad
de ingresar en universidades y otros canales de participación
cívica.
Capacidades. Es importante proporcionar información a los jóvenes
y desarrollar sus aptitudes para tomar decisiones, especialmente respecto
de su salud y del aprendizaje continuo. Armados con la información
y los incentivos adecuados, estos jóvenes pueden tomar decisiones
acertadas.
El análisis del programa Mejores Alternativas de Vida, en la
India, que ofrece información sobre salud y servicios reproductivos
y formación profesional a mujeres de entre 12 y 20 años
de edad que viven en barrios de tugurios urbanos y zonas rurales, indica
que las jóvenes que participaban en el programa intervenían
en forma más significativa que las restantes en decisiones vitales
clave.
Segundas oportunidades. Los países deben establecer programas
destinados a jóvenes que han quedado rezagados debido a circunstancias
difíciles o decisiones desacertadas, entre ellas: deserción
escolar, drogadicción, conducta delictiva o desempleo prolongado.
Las segundas oportunidades ayudan a los jóvenes a reconstruir
su futuro y, consiguientemente, generan beneficios a largo plazo para
la sociedad en su conjunto. La rehabilitación es costosa, pero
los beneficios son máximos para los jóvenes que aún
tienen por delante toda una vida de productividad potencial.
Según el informe, 300.000 personas menores de 18 años
han participado recientemente en conflictos armados, y otras 500.000
han sido reclutadas por fuerzas militares o paramilitares. La experiencia
de los programas de desmovilización y rehabilitación demuestra
que los jóvenes combatientes pueden reconstruir su vida cuando
reciben formación laboral y apoyo médico y psicológico.
Si bien estas cuestiones no se resuelven fácilmente, los países
en desarrollo, así como su población juvenil pueden extraer
enseñanzas de docenas de ejemplos en que los jóvenes,
con el apoyo de políticas e instituciones públicas acertadas,
no sólo han podido hacer frente a sus dificultades, sino que
han prosperado.
En comparación con sus predecesores, los jóvenes
de hoy tienen un mayor grado de instrucción, gozan de una apertura
política más amplia y tienen más contacto con el
mundo exterior a través de la televisión, internet y la
migración, gracias a lo cual pueden recorrer con más facilidad
la etapa de transición y convertirse en los ciudadanos del futuro
comprometidos y respetuosos de la ley, afirma Mamta Murthi, coautora
del Informe sobre el desarrollo mundial, 2007, y economista superior
en el Departamento de Europa y Asia Central del Banco Mundial.
Murthi sostiene que la canalización de los conocimientos y
la creatividad natural de los jóvenes contribuye a estimular
el crecimiento económico y puede producir beneficios perdurables
que también tendrán efectos positivos en las futuras generaciones.
En otras palabras, incidirán en los resultados de la lucha mundial
contra la pobreza durante los próximos 40 ó 50 años.
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