|
Pequeñas y medianas empresas y formación profesional Crespi, Gustavo (1997) Intermediación privada en el mercado de capacitación. Impacto en la pequeña y mediana empresa. Santiago de Chile: CEPAL-GTZ (documento desarrollado en el marco del Proyecto "Políticas para mejorar la calidad, eficiencia y la relevancia del entrenamiento profesional en América Latina y el Caribe").
La verificación de la existencia de una transformación en los patrones de inserción internacional de las economías latinoamericanas, determinada por el proceso de globalización de la economía mundial, conduce al autor de este trabajo a aproximarse a aquellos aspectos de este proceso que hacen a la realización en el mercado de trabajo del capital humano acumulado y, en particular, a la segunda de las dos fuentes de esta acumulación: el sistema de capacitación relacionado directamente con el trabajo (siendo la primera la constituida por el sistema educativo formal). Para ello, el trabajo se ocupa en particular del "Programa Empresas", que constituye una parte fundamental del sistema de capacitación chileno, siendo el responsable de más del 90% de los capacitados en ese país en el período 1991-1994. La necesidad de existencia de programas de capacitación originados en la iniciativa estatal se funda en las fallas que caracterizan al "mercado de capacitación", principalmente la incapacidad por parte de las empresas para apropiarse de todos los beneficios que se derivan de una mayor y mejor capacitación de su personal. Por ello, las empresas (primeras demandantes potenciales de servicios de capacitación) tienden a comprometer en la formación de la mano de obra recursos menores a los que, en función de sus retornos, serían socialmente óptimos, tal como se sigue de la teoría económica del bienestar. Por otra parte, las fallas en este mercado hacen también a la existencia de un diferencial en cuanto a las posibilidades de las grandes empresas, por un lado, y las Pequeñas y Medianas Empresas (PYMEs), por el otro, para capacitar a su personal e internalizar todas las ventajas derivadas de esa capacitación. Con este fundamento, la acción estatal en Chile, a través del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE) y, en particular, su "Programa Empresas", ha estado orientada a contribuir a la formación y el buen funcionamiento de un mercado de capacitación mediante el otorgamiento de subsidios que promuevan y orienten a la demanda. El trabajo en consideración se propone evaluar, a partir de un estudio empírico consistente en la realización de una encuesta entre pequeñas y medianas empresas, la incidencia del SENCE sobre el mercado de capacitación en función de tres criterios: su llegada a los individuos y sectores más necesitados, su adecuación a los requerimientos de las empresas y el grado en que se ha alcanzado a aquellos sectores que mayores beneficios generan al conjunto, en particular en cuanto a posibilidades de progreso tecnológico. La primera parte del trabajo presenta la normativa que rige al "Programa Empresas", así como estadísticas del período 1991-1995 que permiten ver la evolución del número de capacitados, y su desagregación por nivel ocupacional y área de conocimiento. Así, el documento informa que el programa se ha estructurado a partir del otorgamiento de franquicias tributarias, proporcionales a la nómina salarial, para las empresas que lleven adelante, por sí mismas o a través de un Organismo Capacitador autorizado (universidades, institutos profesionales, etc.), actividades de formación técnica. Con posterioridad se han institucionalizado los Organismos Técnicos Intermediarios Reconocidos (OTIR), entidades privadas sin fines de lucro que han jugado un importante papel como intermediadores y coordinadores de la oferta y la demanda, función que fue primitivamente potestad exclusiva del SENCE. El grado de cobertura alcanzado por el "Programa Empresas" ha evolucionado hasta llegar en 1995 al 8,03 por ciento de la fuerza de trabajo, habiendo sido en 1991 5,61 el porcentaje de trabajadores alcanzados. La desagregación de la información revela que el grueso de los capacitados está conformado por trabajadores calificados y administrativos, y que requieren capacitación en "Ciencias básicas, técnicas y ciencias aplicadas" y "Administración". El autor ve la primera de estas características como una corroboración de las hipótesis que hacen referencia al requisito de un umbral mínimo de conocimientos ya adquiridos para poder sacar provecho de la capacitación. Lo que queda claro de estos números, es el sesgo que estaría presentando el sistema en favor de la capacitación de los ya formados y en áreas de menor potencial de generación de externalidades tecnológicas y de conocimientos, básicamente técnicas administrativas y tecnologías blandas. Siempre en la primera sección, el autor focaliza su atención en el funcionamiento de los OTIR, contemplados en la reforma hecha a la legislación a fines de la década del ochenta. La aparición de estos organismos se debió a la percepción del estancamiento que afectaba al número de trabajadores alcanzados por el SENCE y, en particular, el "Programa Empresas", estancamiento que fue atribuido a la falta de acceso a la información por parte de las empresas. Los OTIR ocupan el lugar de instituciones de "2° piso", encargadas de facilitar la vinculación de los demandantes (las empresas) y los oferentes (Organismos Capacitadores) que mejor se ajusten a sus necesidades, y de internalizar la operatoria burocrática que hace al funcionamiento del programa; tareas que pueden resumirse con tres conceptos: difundir, administrar y evaluar. De su diseño institucional, se desprende que los OTIR aparecen en un principio como relativamente más provechosos para las PYMEs que para las grandes empresas, dado que éstas últimas están en mejores condiciones para internalizar los costos de gestionar por sí mismas el acceso al sistema, así como los vinculados a la búsqueda y el análisis de la información de la oferta existente (cuando no crean ellas mismas su propia oferta a través de la capacitación directa). Una medida del buen funcionamiento de los OTIR está dada por el hecho de que, siendo en 1991 menos del 8 por ciento los capacitados con la intermediación de los OTIR, estos han sido responsables de más del 40 por ciento de los nuevos ingresantes al sistema en el período 1991-1995. No obstante, el perfil de los capacitados no ha sido diferente al que presentaba el sistema antes de su aparición, es decir sesgado hacia los ya calificados y las tecnologías blandas y de gestión. Peor aún, se ha detectado, entre los capacitados con la intermediación de los OTIR, una mayor presencia relativa de los individuos con mayores ingresos. Este último sesgo sería explicado por el sistema de retribución pensado para los OTIR, que establece la compensación por sus servicios como fracción de los recursos administrados (recuérdese que estos, a su vez, son proporcionales a la nómina salarial de los trabajadores capacitados). Evaluar, desde la óptica de las PYMEs, la calidad de las prestaciones de los OTIR y el efecto de su accionar sobre las decisiones de capacitación de las empresas, es el objetivo de la segunda sección del trabajo. En este aspecto, sobresale una característica del sistema que no estaba prevista en su diseño, cual es la alta concentración de los capacitados en manos de los principales OTIR (los dos primeros dominan el 80 por ciento del mercado de la intermediación). Esto es relevante en la medida en que se esperaba que la competencia entre los organismos condujera a la mejora de los estándares de calidad y eficiencia de las prestaciones. Los resultados de la encuesta resultan reveladores en cuanto a la existencia de una demanda insatisfecha entre las PYMEs por capacitación para trabajadores no calificados y en "Tecnologías y procesos industriales". Otro dato de significación es que el 52 por ciento de los encuestados manifestó desconocer los programas del SENCE, mientras un 15 por ciento carece de información sobre los cursos ofrecidos en el mercado. Esto estaría revelando la existencia de un déficit en cuanto al cumplimiento por parte de los OTIR de una de sus funciones principales, al menos en el segmento de las PYMEs. Esto es congruente con el dato de que mientras el 20 por ciento del total de empresas hizo uso de los servicios de los OTIR, sólo el 13 por ciento de las PYMEs encuestadas está en esa situación. No obstante, un modelo de regresión de tipo logit arroja evidencia en el sentido de que la probabilidad de contratar por medio de un OTIR está negativamente correlacionada con el tamaño de la empresa. Finalmente, aunque la probabilidad de que la empresa se muestre satisfecha con los cursos es mayor para las que utilizaron a los OTIR, no existe evidencia concluyente de que esto se deba más a la existencia de estos organismos que a otro tipo de variables explicativas (regionales o sectoriales). En su conclusión, el autor especula sobre la inmadurez del mercado (reflejada en su alto grado de concentración) como un obstáculo a la superación de los niveles de calidad y eficiencia, aunque no es terminante en cuanto a si cabe esperar que esta tendencia se revierta con el paso del tiempo (favorecida por las bajas barreras al ingreso de nuevos competidores) o, por el contrario, se requerirán nuevos diseños institucionales que cubran la brecha de información entre demandantes y oferentes que los OTIR no han cerrado (aún).
(Articulación formación-empresas) (Cambio tecnológico y formación profesional) (Capacitación y empleo de jóvenes) (Competencias laborales) (Formación y trabajo en general) (Gestión ambiental y formación profesional) (Gestión de la formación profesional) (Pequeñas y medianas empresas y formación profesional) (Temas varios) |
|||||||||||||||||||||||||||
|
Centro Interamericano para el Desarrollo del
Conocimiento en la Formación Profesional (OIT/Cinterfor) Copyright © 1996-2008 Organización Internacional del Trabajo (OIT) - Descargo de responsabilidad |
||||||||||||||||||||||||||||