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Seminario Interamericano
Tripartito sobre Formación Profesional, Productividad y Trabajo Decente Rio de Janeiro, Brasil, 15 17 Mayo, 2002
Se supone a menudo que un sistema de certificación, por si solo, mejora la calidad y se convierte en un buen neutralizador de problemas atribuidos a la institucionalidad de la formación. Esto no es realmente así. Aunque el tejido institucional que se diseña para los sistemas de formación, sobre todo los de tercera parte, contiene mecanismos de verificación incluidos dentro de la categoría de aseguramiento de la calidad. Las normas de competencia, sobre las cuales se basa la certificación, en si mismas no garantizan el mejoramiento de la calidad intrínseca a la formación. Entendemos por calidad intrínseca a la formación aquellos atributos del proceso formativo logrados por el conjunto de insumos aplicados, tales como: materiales didácticos, capacidades docentes y ambiente educativo. Una actividad como la formación, tiene un alto contenido educativo y pedagógico; que no puede confundirse con el mero adiestramiento enfocado al desarrollo de una destreza particular. Si la empresa no es un buen lugar de aprendizaje, las competencias adquiridas en la experiencia se deterioran y minimizan. Un programa de certificación para trabajadores que no hayan tenido oportunidades de formación en sus empleos no tendría mucho éxito. El proceso de certificación actúa como un excelente medio de detectar y canalizar los esfuerzos de formación así como para sustentar una carrera ocupacional al candidato.
Fuente: Gamerdinger, George. Calificaciones profesionales: Experiencias del Caribe. Cinterfor/OIT. Boletín 149. Montevideo. 2000. El certificado es un excelente indicador del resultado de un buen proceso de formación en una institución o en la empresa. El eje de atención de estos programas, en América Latina, requerirá revisar la necesidad de mejorar las deficiencias de educación básica y la definición de los estándares que sustentan buenos currículos, quizá con más énfasis al que se suele colocar en el desarrollo de estructuras institucionales dedicadas a la certificación. En un reciente estudio sobre las normas de competencia en Inglaterra, muchos encuestados aludieron a la excesiva preocupación por los estándares refiriéndose a su detallada capacidad de descripción del "deber ser" ocupacional sin un eficiente respaldo en formación y en el interés de los trabajadores por certificarse.(12) En el diseño de los sistemas de certificación debe medirse la cantidad de presunciones y sopesarlas con las realidades que la experiencia va develando. Se puede suponer, por ejemplo, que todos los actores públicos y privados harán una mejor formación si se definen estándares que deban ser utilizados en sus programas; de este modo la certificación estimularía mejoras en la calidad de la formación, incrementaría nuevas ofertas y facilitaría el acceso de nuevos participantes. Pero la experiencia ha mostrado que las mejoras en la calidad y la atracción de los trabajadores hacia el certificado, no son automáticas. La certificación no parece ser una respuesta clara en todos los sectores y en todas las ocupaciones(13); suele ser más exitosa cuando se guía por el interés inicial de empresarios y trabajadores y se aplica de cerca a la realidad laboral y la gestión del recurso humano. La estrategia de los Estados Unidos por ejemplo es la de iniciar con un trabajo de asociación voluntaria en el que se parte del respaldo y compromiso de empresas representativas interesadas. En el Caribe inglés, se han promovido las calificaciones con un énfasis regional y sectorial; por ejemplo a nivel de CARICOM o en casos sectoriales con la Caribbean Hotel Association. En México han tenido bastante éxito las aplicaciones de la certificación que resuelven directamente necesidades de formación y gestión del personal en empresas. Difícilmente un oferente de formación puede mejorar la calidad de sus docentes, generar y acumular conocimiento aplicado a la formación (diseños curriculares, materiales pedagógicos, técnicas de evaluación y nuevas tecnologías) sin una estructura institucional estable y orientada a la generación de conocimiento aplicado a la formación. Es poco probable elevar la calidad de la formación en una perspectiva atomizada de precios licitados y muchas veces dependientes de financiamiento externo y esporádico. En cambio, cuando los programas de formación y certificación están institucionalizados, usualmente existen apoyos metodológicos en áreas como la elaboración de currículos y la formación de docentes; de este modo se puede conseguir un mejoramiento de la calidad incluyendo el esfuerzo institucional para lograrlo. (14) En los sistemas de certificación no hay que perder de vista el proceso al poner el énfasis sobre el certificado (producto) solamente. Un buen examen es resultado de un buen proceso formativo, independientemente de que tal proceso se hubiere adelantado en la empresa o en la institución de formación; así el certificado es un buen indicador de un resultado; su papel es importante como indicador y sus cualidades se resaltan en la confiabilidad y validez que posea. Siempre las buenas prácticas en la formación, la actualización de los programas, la disposición de buenos docentes, la renovación frecuente de contenidos y la provisión de materiales didácticos son esenciales en el objetivo final de alcanzar un buen nivel de desempeño y por tanto un certificado de calidad. 12. CA. Report of the
independent review of the UK national occupational standards programme. 2001.
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