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Seminario Interamericano
Tripartito sobre Formación Profesional, Productividad y Trabajo Decente Rio de Janeiro, Brasil, 15 17 Mayo, 2002
La aplicación de la máxima jurídica "no se puede ser juez y parte", repetida mecánicamente, aporta poco en relación con la validez de la certificación y dista mucho de ser universalmente cierta. Los modelos de certificación han seguido la evolución de las prácticas educativas, a su vez surgidas de valores y herencias culturales históricamente acumuladas. Cada sistema expresa las creencias sobre lo que un modelo de formación debe lograr. Trasponer esa expresión de un país a otro, sin una adecuada revisión, puede ser poco exitoso. De hecho no existe una única y mejor fórmula para la organización de un modelo institucional de formación. Lo común a todos ellos suele ser la búsqueda de una mejor calidad, cobertura y pertinencia; obviamente existen diversas modalidades para alcanzar tales ideales. Al observar la institucionalización que realizan los distintos países, muchas veces tomados como modelos inspiradores, se debe tener presente que esta es resultado de sus prácticas culturalmente asimiladas en el ámbito educativo y formativo. También es importante no perder de vista que las recientes reorganizaciones y preocupaciones por los sistemas de formación se derivan de diagnósticos nacionales que han revelado, usualmente, algunos de los siguientes aspectos:
Acudiendo a una rápida revisión histórica, se encuentra que las primeras referencias a sistemas de formación y certificación centrados en las capacidades laborales aparecen en diferentes momentos en Europa. Por ejemplo en Alemania los estándares de formación, en el marco de la modalidad dual, se fijaron hacia 1937; en Francia los referenciales para la formación se establecieron hacia 1950; más tardíamente en España se promulgan leyes estableciendo referentes basados en capacidades laborales hacia los 70 y finalmente, en Inglaterra estándares nacionales vocacionales, en los años 80. La introducción de referentes laborales en los programas de formación, desplazó el énfasis en los contenidos académicos hacia el desempeño laboral. Mientras los programas educativos tradicionales desarrollaron contenidos de corte centralmente académico; los programas de formación tomaron como base la descripción detallada de las tareas y operaciones vinculadas a un puesto de trabajo. Hoy en día, los nuevos estándares, que sirven de base a los programas de formación, describen el trabajo competente: un conjunto de habilidades y actitudes movilizadas para resolver exitosamente una situación particular en el desempeño laboral. Adicionalmente, ante el creciente número de ofertas formativas tanto públicas como privadas, los niveles de calidad de los certificados son disímiles creando, entre otras cosas, la necesidad de mecanismos que garanticen la conexión entre la formación y las necesidades de los empleos. En varios países se acudió a la elaboración de estándares en la cual participaban empleadores y trabajadores y muchas veces amparadas en medidas de política activa originadas en una autoridad pública- para tratar de elevar y uniformizar los niveles de calidad de la formación y capacitación laborales. Una reciente investigación en la Unión Europea demostró las diferencias entre varios modelos nacionales de certificación (10) de Alemania, Bélgica, Francia e Inglaterra. Aunque todos los países comparten la meta de mantener un modelo formativo capaz de responder con calidad a la demanda de las empresas y albergar la mayor cantidad posible de jóvenes y adultos con necesidades de formación; los caminos elegidos son distintos. En el cuadro siguiente se efectúa una comparación de los rasgos más fuertemente distintivos en cada uno de los casos nacionales.
ALGUNOS RASGOS DE LOS SISTEMAS DE CERTIFICACION EN PAISES DE LA UNION EUROPEA
Fuentes: Construcción propia con base en: QCA. Report of the independent review of the UK national occupational standards programme. 2001. CEDEFOP. Certification and legibility of competences. 2001. Fretwell, David. A Framework for defining and assessing occupational and training standards in developing countries. 2001.
Como se describió al inicio de este documento, en América Latina se registra una variedad de aplicaciones en materia de certificación; para establecer una comparación, a guisa de ejemplo, presentamos un cuadro en el que se han extractado solamente algunas experiencias a fin facilitar la comparación de sus distintas intencionalidades y actores principales:
RASGOS DE ALGUNAS EXPERIENCIAS DE CERTIFICACION EN AMERICA LATINA
Fuente: Elaboración a partir de documentos institucionales de las experiencias referidas y conceptos propios. Agreguemos ahora una consideración que nace de verificar la vieja regla metodológica según la cual, no hay segundo sin primero. O sea, la existencia de un modelo de certificación de tercera parte presupone la de uno de segunda y entonces, debe existir también un modelo de primera parte. La certificación de primera parte es otorgada por la institución que hace la formación y que dispone de los mecanismos para asegurar la calidad, transparencia y validez del certificado. Las instituciones de formación de América Latina caen, casi todas, dentro de este modelo. Al efecto desarrollan las funciones de formación, evaluación y certificación. Normalmente los modelos de segunda parte se verifican en el sistema educativo formal, un certificado de culminación de curso requiere la firma de una autoridad de segunda parte, usualmente el Ministerio de Educación. Ello significa que dicha autoridad dispone de los mecanismos de verificación de calidad y los aplica; en prueba de ello refrenda el certificado. En el modelo de tercera parte, en cambio, hay una plena separación de funciones y preferencialmente, de organismos. Por un lado los que forman, por otro los que evalúan y en la tercera parte los que certifican. Su origen se ubica en la Inglaterra del siglo XVIII cuando el Estado intentó regular su sistema de formación, con un alto protagonismo en los gremios y corporaciones; creando reglas del juego en las que estos mantuvieron su carácter certificador.
ARREGLOS INSTITUCIONALES DE PRIMERA, SEGUNDA Y TERCERA PARTE PARA LA CERTIFICACION
Fuente: Elaboración propia 10. Bouder, Annie y
otros. Certification and legibility of competences. CEDEFOP. 2001.
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