4. La búsqueda de una síntesis en materia
de modelos para la organización y gestión de la formación profesional
La historia de las formas de organizar y gestionar la formación profesional
en América Latina y el Caribe bien puede ser vista como la de una región
que adoptó por varias décadas un determinado paradigma a este respecto:
el de la institución nacional de formación profesional. Tal como sucede
con todos los paradigmas, sobre todo cuando han contado con un tipo
dilatado como para implementarse y probar su funcionamiento, comenzó
a mostrar una serie de carencias o fallas.
Mientras no pareció en la región un paradigma alternativo que se le
enfrentase, las fallas del antiguo paradigma quedaban disimuladas. El
nuevo paradigma surgió y se fortaleció justamente a partir de la constatación
de aquellas carencias, proponiéndose como un modelo alternativo capaz
de solucionar de mejor manera todo aquello que el antiguo paradigma
no parecía capaz de hacer.
En las etapas iniciales de este debate, cuando la implementación del
nuevo enfoque era incipiente, el paradigma de las instituciones llevó
las de perder. Era la comparación entre una realidad y una promesa,
y es sabido que siempre las promesas tienen más capacidad de ilusionar
que las duras realidades.
Pero estamos actualmente en otro momento histórico. El nuevo paradigma
ya no es tan nuevo y ha tenido, a su vez, la oportunidad de mostrarse
en acción, revelando tanto sus virtudes como las en principio no tan
evidentes falencias. Y de otra parte, las instituciones de formación
profesional no son ya las mismas, por lo que la comparación debe ser
ajustada a la nueva realidad.
Y no sólo los términos del debate ya no son iguales, sino que el propio
debate parece haber madurado. Si en algún momento se pretendió ver una
contraposición excluyente, una encrucijada en la cual era preciso escoger
entre uno u otro modelo, hoy en día los esfuerzos parecen encaminados
hacia el objetivo de lograr una síntesis superadora, que aproveche el
aprendizaje acumulado tras tantas décadas de esfuerzos compartidos.
Así como en algún momento el término predilecto fue "institución"
y en otros "red" o "mercado", hoy día es cada vez
más frecuente la utilización de la palabra "sistema" para
referirse a lo que está por construirse.
La idea de sistema de formación profesional es más abierta que la de
institución, pero también es más sólida y con mayores garantías de integración
y acumulación que la de red o mercado.
Implica una forma de conducción u orientación clara y legitimada frente
a la sociedad. El dónde se localice y cómo se estructure esa capacidad
de conducir el sistema dependerá de la historia, las características
y la situación concreta de cada país y su logro será con seguridad el
resultado de un necesario proceso de diálogo y negociación.
Conlleva la idea ampliamente difundida tanto por Ministerios de Trabajo
como por las transformadas instituciones de formación profesional, de
que es preciso articular y aprovechar los recursos y capacidades existentes
en toda la economía y la sociedad. Y asume, simultáneamente la idea
de que ningún actor o entidad podría, por sí solo, acometer el desafío
de atender en toda su magnitud y heterogeneidad las demandas y necesidades
de formación.
Si bien puede establecer un mayor grado de libertad de decisión y acción,
mediante esquemas organizativos desconcentrados y descentralizados,
no deja por ello de asignar en forma clara ciertas funciones estratégicas
a determinadas instancias o espacios.
Finalmente, el desafío de la educación permanente lleva a considerar
la apertura no sólo a más actores, sino también a ampliar los límites
históricamente asumidos para demarcar el campo de la formación profesional.
La idea de sistema, y más exactamente de sistema de educación/formación
permanente, conlleva la integración de los campos de la educación básica
necesaria para todos y derecho de todos-, la educación regular,
la educación media técnica, la educación superior, la capacitación y
la formación profesional. Más que parcelas institucionales, se contaría
con subsistemas consistentes en clusters de herramientas y respuestas
formativas para determinadas poblaciones y sectores, y para responder
eficazmente al cambio que materia de necesidades de formación atraviesan
tanto las personas, como las empresas y la economía.
Se trata en definitiva de lograr que la posibilidad de construir un
proyecto profesional, laboral y de vida, se encuentre al alcance de
todas las personas, y que para ello cuente con un sistema lo suficiente
versátil y flexible como para permitir recorrer itinerarios formativos
a lo largo de sus vidas. Todo ello sin la restricción de barreras institucionales
y con el debido reconocimiento por parte de la sociedad.