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AntecedentesEl auge del sector de los servicios es uno de los fenómenos más espectaculares de los últimos decenios y ha modificado la estructura de las actividades económicas, tanto en los países industrializados como en los de ingresos medianos o bajos. Este sector ha pasado a ser la fuente principal de empleo en los países más ricos y, en muchos casos, representa más del 60% de todos los puestos de trabajo. Buena parte del aumento reciente del empleo se ha registrado en los niveles superiores de instrucción, es decir, en los puestos ocupados por profesionales y personal de dirección. Las cifras correspondientes a Australia, el Canadá, los Estados Unidos, Irlanda, el Japón y el Reino Unido, por ejemplo, ponen de manifiesto que el crecimiento previsto del empleo de personal profesional y técnico, así como de personal administrativo y de dirección, supera al de otras categorías profesionales en este último decenio del siglo XX. Las empresas del sector de los servicios se diferencian principalmente de las de la agricultura y de la industria en el sentido de que generan un valor económico sin crear bienes tangibles. Sus "productos" pueden consistir, por ejemplo, en bienes tan intangibles como la facilidad de acceso, información, asesoramiento, planificación y estrategia, instrumentos financieros, o simplemente la satisfacción de los consumidores. Muchos de estos bienes intangibles representan una parte importante del valor añadido en sectores como los de la banca, los servicios financieros y los seguros, los servicios comerciales y jurídicos, los de contabilidad e intervención de cuentas, la informática, la publicidad y la consultoría de empresas. Estas tareas también absorben cada vez más un volumen de empleo considerable en la industria. La mundialización de la economía y la intensificación de la competencia que la acompaña han influido más en las empresas del sector de los servicios en los años últimos que en el decenio anterior. La experiencia de la banca ofrece ejemplos sobresalientes de la forma en que unas organizaciones tradicionales y jerárquicamente estructuradas se han adaptado a las nuevas exigencias en materia de flexibilidad, orientación de los consumidores y adecuación al nuevo entorno económico en el que se desenvuelven hoy muchas empresas de servicios. La banca ha sido por tradición una actividad principalmente interna y muy protegida de las economías nacionales, pero el rápido desarrollo de la informática y la liberalización de las corrientes de capital han impulsado al auge prodigioso de las transacciones internacionales y de la interpenetración transfronteriza de las operaciones bancarias. Una competencia más enconada, tanto en el plano nacional como internacional, ha puesto de relieve la importancia de la reducción de los costos y del aumento de la productividad, que pueden conseguirse con una reorganización del trabajo. La banca fue el primer subsector de los servicios que informatizó la mayoría de sus operaciones. En un inicio, esta informatización impulsó una rápida expansión del volumen de negocios, al ofrecerse nuevos servicios y abrirse nuevas cuentas. El empleo en la banca también aumentó muy de prisa, sobre todo en tareas de tratamiento de datos, pero esta tendencia inicial se invirtió conforme fue aprovechándose más de lleno el potencial de la tecnología de la información. La automatización de tareas repetitivas ha reducido considerablemente las necesidades de personal, en particular de personal poco cualificado. La estructura del empleo en el sector se ha modificado con la eliminación de tareas subalternas y la contratación de un nuevo personal más cualificado. La evolución registrada por el empleo en el sector bancario también se ha experimentado en otros, ya que las empresas se han reestructurado y la informática se ha generalizado en todo el entorno de trabajo. Muchas empresas grandes que antes ofrecían un amplio mercado de trabajo interno han adoptado una visión cada vez más fragmentada de la contratación, con múltiples niveles de acceso. Hoy los empleadores recurren más al mercado de trabajo externo para conseguir el personal polivalente que exigen puestos de trabajo profesionales y especializados. El personal de nivel medio ha de someterse a una readaptación profesional intensiva y peligra el empleo de los trabajadores menos cualificados. Los nuevos puestos de trabajo requieren niveles de conocimiento y de capacitación
más altos y una combinación de calificaciones más amplia
que antes. En los servicios empresariales más técnicos, como
los de contabilidad, consultoría de empresas y programación
informatizada, el personal de apoyo representa menos de un tercio del personal
total. La mayoría de los empleados tiene una formación universitaria,
y las plantillas constan cada vez más de un personal profesional y
de dirección con estudios superiores. Se espera del personal que adopte nuevas prácticas de trabajo flexibles en un entorno empresarial radicalmente diferente y en constante fluctuación. La carga de trabajo se distribuye horizontalmente y los mandos intermedios han de asumir ahora funciones múltiples en las empresas. Estos nuevos puestos de trabajo multifuncionales exigen una gama más amplia de calificaciones profesionales. La nueva pauta es la polivalencia. A juicio del personal de dirección y de otros profesionales de especialidad única, la polivalencia es un elemento cada vez más necesario en toda progresión profesional, y puede llegar a ser incluso un requisito previo para el empleo. Los nuevos puestos de trabajo creados en las empresas del sector de los servicios se dividen claramente entre los que requieren un alto nivel de conocimientos y los demás. El personal más preparado y más cualificado ha conseguido en gran medida aprovechar las oportunidades que ofrece un entorno económico en rápida evolución y cada vez más competitivo. A pesar de ello, la recesión reciente ha afectado más que antes a los trabajadores no manuales. Se pone ahora en tela de juicio la seguridad del empleo, las perspectivas de carrera y la validez a largo plazo de los títulos y diplomas profesionales. La actividad profesional se caracterizará con toda probabilidad por una movilidad mayor en la empresa y entre empresas. El desarrollo profesional ya no se definirá solamente como un ascenso en la estructura jerárquica, sino que presupondrá cada vez más un cambio de empleador, de actividad e incluso de profesión. Las pautas de progresión profesional serán, pues, cada vez más individuales, y muchos profesionales dedicarán cuando menos una parte de su vida activa a un trabajo por cuenta propia. Los profesionales tendrán que enfrentarse con nuevas situaciones y por ello será indispensable que adquieran constantemente nuevas calificaciones para adecuarse a la demanda. Esta nueva realidad podría sustituir progresivamente la noción de seguridad del empleo. |
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