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Protección social:
Condiciones de trabajo en la agricultura
En muchos países las condiciones de trabajo de todos los trabajadores agrícolas, en particular de los no permanentes, siguen estando por debajo de los niveles mínimos aceptados en otros sectores de la economía. Entre los grupos más vulnerables se cuentan los que trabajan en labores de subsistencia, los trabajadores asalariados de las plantaciones, los asalariados agrícolas sin tierra que diariamente reciben sus salarios, los temporeros, los trabajadores migrantes y los niños que trabajan en labores agrícolas.
En el campo se trabaja muchas horas cada día. Tanto la legislación nacional como los convenios colectivos suelen estipular como cifra estándar más 45 horas de trabajo semanales. La índole estacional de las actividades agrícolas explica la prevalencia de jornadas de trabajo particularmente largas en las épocas de siembra y de cosecha, y de jornadas menos prolongadas en los períodos intermedios. En períodos álgidos la jornada puede extenderse desde el alba hasta el atarceder, a lo que habría que agregar lo que dura el trayecto desde y hacia el lugar de trabajo. La intensidad del trabajo deja poco tiempo para pausas de descanso y recuperación de fuerzas. La distancia entre el hogar y el lugar de trabajo impide ingerir una comida apropiada durante el día con lo que se aumenta el cansancio y baja la productividad. Las modalidades del pago de los salarios pueden incluso exacerbar esta situación tan desmedrada. Como en general el salario mínimo en la agricultura tiende a ser bajo y se tiende a pagar incluso un salario inferior al mínimo y, en el caso de muchos trabajadores ocasionales, temporeros o estacionales, en parte se les paga a destajo (por kilo de unidades recogidas o cosechadas, por hilera de semillas plantadas, por hectárea rociada, por ejemplo) existe el fuerte incentivo de extender al máximo la jornada de trabajo como medio de aumentar los ingresos.
La propia índole del trabajo agrícola exige un esfuerzo físico importante y de manera constante que incluye el estar muchas horas de pie, agachado o en cuclillas, realizando movimientos repetitivos en posiciones corporales forzadas. A la fatiga y el cansancio engendrados por lo anterior se añade el riesgo de accidentes inducido por la utilización de instrumentos mal concebidos, la dificultad del terreno en que se utilizan y la exposición a la acción de los elementos naturales (viento, lluvia, sol). Por otra parte, el cambio tecnológico, que ha implicado una reducción del esfuerzo físico requerido por el trabajo agrícola, ha traído consigo nuevos riesgos asociados sobre todo con la utilización de maquinaria agrícola sofisticada y el uso intensivo de sustancias químicas sin que se tomen las medidas pertinentes de precaución, información y formación de los usuarios. En este marco no puede sorprender que el número de accidentes sea elevado.
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