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COMENTARIOS DE APERTURA DEL Sr. JUAN SOMAVIA,
DIRECTOR GENERAL,
OFICINA INTERNACIONAL DEL TRABAJO,
CON OCASION DEL COLOQUIO
DEL CONSEJO DE ADMINISTRACION

(Ginebra, 19 de marzo de 1999)


La celebración del presente Coloquio refleja la honda preocupación expresada en reuniones anteriores del Consejo de Administración respecto de las devastadoras consecuencias sociales de la crisis financiera asiática.

La importancia de la cuestión no sólo se deriva de las repercusiones sociales directas en Asia, sino también de su trascendencia a una escala más amplia.

Considero que tenemos la obligación de examinar la crisis y los problemas de los países afectados desde la perspectiva más amplia de la mejor manera de gestionar el proceso de mundialización y de que cada país pueda diseñar su marco político nacional para participar de manera más eficaz en este proceso. También existe una conciencia creciente de que la crisis asiática bien podría ser un ejemplo elocuente de los nuevos peligros que acechan a los países de todo el mundo en una era de creciente interdependencia financiera. Esto representa a su vez un reto para la labor de la OIT. Plantea la cuestión fundamental de cómo puede dotarse mejor a la OIT para que ayude a sus mandantes a reducir la vulnerabilidad de los países frente a las inesperadas crisis financieras o de otro tipo; para aliviar de manera eficaz las penalidades sociales cuando se producen las crisis; y para contribuir a una rápida recuperación. Por encima de todo, plantea la cuestión de cómo puede colaborar la OIT con otras instancias para promover políticas que contribuyan a evitar estas crisis.

Se trata de complejos problemas de alcance mundial que exigen una acción concertada en los planos internacional y nacional. Nuestra discusión debe tratar de indicar cuál es el mejor modo de que todos podamos contribuir a encontrar soluciones, a partir de nuestros mandatos respectivos y de nuestras bases de conocimientos. En mi calidad de nuevo Director General de la OIT, afirmo que los principios de cooperación, asociación y trabajo de equipo orientarán las relaciones de la OIT con las demás organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y con las instituciones de Bretton Woods.

Dentro de este espíritu, me complace contar con la participación de representantes del FMI, el Banco Mundial, el Banco Asiático de Desarrollo y las Naciones Unidas en el presente Coloquio.

Quisiera desear una especial bienvenida al Ministro del Trabajo de Indonesia, el Sr. Idris, y al Ministro del Trabajo de Tailandia, el Sr. Sompong, que se encuentran hoy entre nosotros. Procedentes de dos de los países más afectados por la crisis, sus experiencias y conocimientos políticos revisten especial utilidad para nuestra reunión. También esperamos con expectación la contribución del representante de la República de Corea, cuyo país se vio profundamente afectado por la crisis.

A este respecto, deseo mencionar los esfuerzos realizados desde el comienzo de la crisis en Indonesia, la República de Corea y Tailandia en materia de política laboral y social. Indonesia ha ratificado los convenios fundamentales de la OIT sobre la libertad sindical y el derecho de negociación colectiva, y existe un compromiso a nivel presidencial para ratificar los demás convenios fundamentales de la OIT. Tailandia ha intensificado sus esfuerzos para introducir reformas de política social como parte de su respuesta a la crisis. La República de Corea ha iniciado el diálogo social tripartito sobre las medidas destinadas a aliviar los costos sociales de la crisis y a lograr la recuperación económica. También ha procedido a una importante ampliación de la cobertura de su sistema de seguro de desempleo.

En mi opinión, el programa del Coloquio abarca las cuestiones fundamentales que se nos plantean. La primera sesión abordará las cuestiones relativas al sistema financiero internacional y a la gestión económica nacional. Estas cuestiones resultan esenciales para la labor de reducción de la vulnerabilidad de los países frente a las crisis financieras y económicas y para limitar la recesión que éstas acarrean cuando, pese a todo, tienen lugar. El interés de la OIT en estas cuestiones se deriva de la relación acusada y directa que existe entre la política económica y la política social. Como ha demostrado la crisis asiática, las crisis financieras tienen repercusiones sociales rápidas y amplias. Decenios de progreso social pueden desmoronarse espectacularmente frente a las pérdidas masivas de empleo y al incremento de la pobreza.

Así pues, nos incumbe directamente la búsqueda de una mayor estabilidad financiera en la economía mundial y en la gestión de la economía nacional, que promueva un crecimiento económico estable y equitativo. Desde esta perspectiva, resulta especialmente importante que las políticas económicas sean plenamente coherentes con objetivos sociales tales como el mantenimiento de altos niveles de empleo, un reparto equitativo de los beneficios y de las cargas del crecimiento económico, y la aplicación universal de las normas fundamentales del trabajo, tal y como se recogen en la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo que se aprobó recientemente.

La segunda sesión abordará directamente las enseñanzas en materia de política social y económica que cabe extraer de la crisis asiática. Las suposiciones tradicionales respecto de la protección frente a los riesgos sociales han demostrado carecer de base. En el pasado, se suponía que el apoyo comunitario tradicional y la existencia de una fuerza de trabajo migrante servirían de amortiguadores durante los períodos de dificultades económicas y sociales. Pero la modernización y la urbanización han cambiado las estructuras económicas y sociales de la región, y los mecanismos no estructurados de ajuste del mercado de trabajo han dejado de funcionar como lo hacían anteriormente. Un reto clave es el del reforzamiento de las instituciones de protección social. El sufrimiento que han padecido millares de trabajadores y sus familiares durante la crisis podría haberse atenuado de manera importante si, durante los decenios de elevado crecimiento anteriores a la crisis, se hubiera concedido la debida prioridad al desarrollo de estas instituciones, incluyendo sistemas de seguro de desempleo y de asistencia social. Durante el período anterior a la crisis, se lograron progresos evidentes en términos de reducción de la pobreza y de mejora de las condiciones sociales, pero no se dedicó la atención suficiente a la protección de estas mejoras en tiempos de mayor dificultad.

Tenemos que desarrollar instituciones más fuertes para la negociación colectiva y el diálogo social, pues proporcionan un mecanismo de valor incalculable para reducir la pérdida de empleos, contener la conflictividad industrial y social, y movilizar un consenso social en torno a programas de recuperación económica. Otro reto clave es el de proporcionar mayor apoyo a los trabajadores en la traumática tarea de adaptarse a trastornos graves del mercado de trabajo. Un mayor acceso a los programas de formación y de readaptación, a la asistencia para la búsqueda de empleo y a los mecanismos de creación de empleo podría contribuir de manera importante al alivio de las dificultades experimentadas por los trabajadores desplazados.

Es necesario crear un entorno político, económico y social estable, que permita un crecimiento económico duradero y la creación de empleo, lo cual incluye un marco macroeconómico estable y un marco legal e institucional que garantice los derechos fundamentales en el trabajo y que asegure los derechos de propiedad y el carácter ejecutivo de los contratos. Los países tienen que promover un entorno normativo que proporcione los incentivos adecuados para la inversión productiva, el cambio estructural y una mayor competitividad internacional. Todo ello debería recibir el apoyo de la acción estatal para mejorar la infraestructura y el nivel de aptitud de la fuerza laboral y para promover la innovación y la investigación. Es necesario adoptar medidas destinadas a propiciar los ajustes del mercado de trabajo y a proporcionar una red de seguridad a quienes se ven afectados por el cambio económico y tecnológico. Es importante aplicar políticas que protejan a los trabajadores vulnerables y que faciliten la reintegración al mercado de trabajo de los desempleados de larga duración. Por último, es necesario desarrollar con carácter prioritario en el programa político nacional modalidades de diálogo social tripartitas en apoyo de la creación de empleo y de la mejora de la productividad.

La tercera sesión nos llevará a concentrarnos en la difícil tarea de convertir las enseñanzas políticas extraídas en una acción eficaz. Son muchas las enseñanzas que pueden obtenerse de un balance crítico de la adecuación de las respuestas de la OIT a la crisis. Tenemos que apoyar activamente la incorporación de las preocupaciones en materia de empleo y política social como elementos integrantes de la formulación de la política económica. Para ello, tenemos que identificar y hacer explícitas las implicaciones económicas de las instituciones del mercado de trabajo, tanto para favorecer dicho apoyo activo como para garantizar una mejor asociación con las instituciones de Bretton Woods. Tenemos que contar con un proceso de movilización de recursos más efectivo y con una respuesta política conjunta por parte de la comunidad internacional en su totalidad. Reconocemos que aún queda mucho por hacer dentro de la OIT para mejorar nuestra contribución a tales asociaciones, pero deberíamos hacerlo con amplitud de miras. Tenemos que enfrentarnos de manera imaginativa a algunos de los principales retos que he señalado en materia de política económica y social. Necesitamos ideas prácticas acerca de la manera de conseguir que las políticas económicas y sociales se complementen mejor entre sí, de lograr una colaboración más eficaz entre la OIT y las instituciones financieras internacionales, de reforzar la capacidad de la OIT para responder con rapidez a los problemas sociales originados por las crisis económicas, y también sobre la manera de que la OIT pueda propiciar con mayor eficacia el proceso de reforma política y de creación de instituciones, cuya importancia fundamental ha quedado demostrada por la crisis.

Permítanme dos comentarios finales.

Al final de la Guerra Fría, el mundo ha alcanzado un consenso sin precedentes en la historia sobre la necesidad de promover sociedades y economías abiertas, pero aún no ha logrado ponerse de acuerdo para dar la misma importancia al desarrollo social a la hora de formular las políticas. Creo firmemente que, sin una sólida base social que no se limite a la mera creación de redes de seguridad social, una economía mundializada ocasionará una erosión progresiva de la credibilidad y, en último término, de la legitimidad del Estado. Dentro del sistema multilateral, tenemos una responsabilidad colectiva para asegurarnos de que esto no ocurra.

En segundo lugar, nos enfrentamos a la necesidad de dos procesos de ajuste simultáneos, el que yo llamaría el ajuste a las realidades de la mundialización, y el ajuste de la mundialización a las realidades de las necesidades humanas. Esto es lo que se llamó «globalidad responsable» en la reciente reunión de Davos. Esta visión abre el camino a diversas formas de cooperación multilateral para mejorar el gobierno del sistema internacional.

Confío en que, durante el próximo día y medio, tendremos un debate fructífero y creativo sobre estas cuestiones esenciales.

Puesto al día por VS. Aprobada por DS. Ultima actualización: 29 de abril de 1999.