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Discurso de apertura del Sr. Juan Somavia,
Director General de la OIT

Con ocasión del segundo Foro Empresarial
(Ginebra, 5 de noviembre de 1999)

Me complace darles la bienvenida al Foro Empresarial 99 de la OIT.

Desde que tomé posesión de mi cargo, en marzo de este año, he hecho hincapié en el papel de las empresas a la hora de alcanzar los objetivos que constituyen el eje de nuestra Organización. Las empresas desempeñan una función clave respecto al crecimiento sostenible en las economías abiertas. Sus actividades tienen repercusiones directas en todos los ámbitos de interés de la OIT: los derechos en el trabajo, el empleo, la protección social y el diálogo social.

El tema general del Foro es «Un nuevo espíritu de empresa para el siglo XXI». Se eligió con el fin de crear un marco para explorar las diferentes dimensiones de la relación entre la competitividad empresarial y el progreso social, elementos que, según nuestro firme convencimiento, no sólo son compatibles, sino que se apoyan mutuamente. Todos hemos aprendido que no es posible realizar inversiones estables en sociedades que no lo son.

Este estrecho vínculo entre las empresas competitivas y dinámicas y el fomento de la dignidad humana y del progreso social se puso claramente de relieve en la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social celebrada en Copenhague en 1995. Como ustedes sabrán, el seguimiento de la Cumbre será examinado en un período extraordinario de sesiones de la Asamblea General que tendrá lugar aquí, en Ginebra, en junio de 2000. En la Cumbre, llegamos a la conclusión de que la creación equilibrada de riqueza constituye un requisito previo para la distribución equitativa del bienestar, y que la creación de empresas es un elemento clave para generar mayores oportunidades de empleo.

A continuación, se exponen algunos comentarios sobre cómo hacer realidad estas nociones.

Creo en la actividad empresarial. Es clave para el desarrollo de las sociedades. También pienso que va más allá del ámbito del comercio. Es un potencial con el que todos contamos como seres humanos. En un sentido muy profundo, es una actitud, un enfoque de la vida.

En esencia, significa examinar los problemas y preguntarse cómo resolverlos, o imaginar nuevas formas de hacer las cosas, de combinar los recursos con los que se cuenta para generar resultados mejores.

Como individuos, esto lo hacemos todo el tiempo al abordar los aspectos prácticos de nuestra vida cotidiana. Ya sea en casa, en nuestras relaciones familiares, como consumidores o miembros de una comunidad. Sencillamente no lo denominamos actividad empresarial.

¿Por qué esto es importante? Porque creo que uno de los principales requisitos para responder eficazmente a los desafíos del siglo XXI es dar rienda suelta a la creatividad e imaginación que todos llevamos dentro y aplicarlas a nuestras diferentes esferas de actividades e influencia.

Hemos de ser líderes de nuestras propias capacidades, pioneros de nuestros propios ideales, innovadores en nuestras propias vidas. Esta es la mayor fuente de energía sin explotar del mundo. Ante la expansión de la educación, la creación de nuevas tecnologías y la información que da acceso a realidades que sobrepasan la nuestra, el potencial de esta energía crece sin cesar.

Si la actividad empresarial es fundamental para el mundo del trabajo, la organización también lo es. Las condiciones favorables para la actividad empresarial han de ir aparejadas al respeto por el derecho a organizarse. Hemos de dejar atrás la idea obsoleta de que la actividad empresarial y la organización de los trabajadores son objetivos en conflicto. Tengo la convicción de que no lo son. Al contrario, pienso que son complementarios y que se refuerzan mutuamente. Un gran desafío de la OIT es que la gente comprenda este mensaje y que actúe en consecuencia, y hace un llamamiento a favor del pensamiento creativo.

¿Dónde se necesita más la creatividad? Pienso que a la hora de tratar las incertidumbres e inseguridades que la nueva economía mundial ha provocado en todos nosotros. En general, se reconocen las ventajas de las economías y las sociedades abiertas. Lo que ahora se está volviendo cada vez más claro es que sus beneficios no llegan al suficiente número de personas. Hay obstáculos en muchos lugares. La incertidumbre ya no es el dominio exclusivo de los excluidos de la sociedad. Hoy día, afecta de lleno a las actitudes y reacciones de la clase media. Muchos de estos padres sienten que es posible que sus hijos no disfruten de una vida mejor que la suya, creencia que durante muchos años ha constituido la base de la mentalidad de la clase media. Pero no queda ahí la cosa. Los dirigentes de los sectores manufacturero y de la industria tradicional tienen muchas dudas sobre el rumbo que toma su negocio, sin mencionar a los trabajadores del Norte y del Sur que se ven conducidos río abajo por la corriente y que temen que la creciente competencia mundial ejerza una influencia negativa en las condiciones y normas del trabajo.

La mundialización y la internacionalización de los mercados afecta directamente a las empresas. Hasta ahora, la mayoría de las empresas, incluso las pequeñas y medianas, han estado vinculadas directa o indirectamente a las redes mundiales complejas y dinámicas. Todos los países se están convirtiendo en mercados para los productos de otros países. El hecho de que los mercados sean cada vez más competitivos implica una presión continua en los precios y otros factores competitivos como la velocidad, la flexibilidad y la innovación. La tecnología para diseñar, producir y suministrar tanto bienes como servicios en una nueva sociedad del saber también está cambiando con rapidez, lo que contribuye nuevamente a aumentar el ritmo del cambio. Las innovaciones tecnológicas y la utilización de sistemas flexibles de organización del trabajo hacen especialmente hincapié en una mano de obra calificada, dedicada y con conocimientos como requisitos básicos para el éxito.

Esta claro que no vamos a tratar los problemas que plantean estas realidades con una mentalidad «firme a la hora de avanzar». Se pondrá énfasis en los dirigentes del pensamiento, los pensadores prácticos, los encargados de resolver problemas que comprenden el panorama general y en las capacidades multiculturales en un mundo cada vez más integrado.

El desafío consiste en lograr que los mercados funcionen para todo el mundo. La gente se da cada vez más cuenta de que los mercados no actúan aisladamente de sus contextos sociales y políticos. Se reconoce la necesidad de dar una cara humana a la economía mundial. Klaus Schwab, Presidente del Foro Económico Mundial, ha advertido que «las fuerzas de los mercados financieros parecen estar haciendo estragos, humillando a los gobiernos, reduciendo el poder de los sindicatos y otros grupos de la sociedad civil, creando una sensación de vulnerabilidad extrema en el individuo que se ve confrontado con fuerzas que le sobrepasan». En la OIT conocemos de sobra la necesidad de un enfoque más global para definir las nuevas reglas del mercado mundial, con el fin de garantizar que alcancemos un desarrollo equilibrado que beneficie al máximo al potencial del mercado y la justicia social, la competitividad y la comunidad, el trabajo y la familia, y los intereses de los países desarrollados o en desarrollo. No son cuestiones sencillas. Todos tenemos que pensar y actuar conjuntamente para encontrar las soluciones apropiadas.

Los cambios mundiales en curso tienen
profundas repercusiones en el comercio y en la OIT

El comercio es cada vez más consciente de la importancia de la opinión pública y de aumentar las capacidades de la gente respecto de la ventaja competitiva, la reputación del mercado y la sostenibilidad comercial. Participan cada vez más en la búsqueda de nuevas formas de sistemas reguladores que fomentarán la estabilidad de los mercados y la capacidad de predecirlos. Los documentos que se presentan en este Foro corroboran ampliamente esta nueva toma de conciencia que hemos denominado «un nuevo espíritu empresarial». Este espíritu describe un marco para explorar las distintas dimensiones de la relación entre la competencia empresarial y el progreso social.

En la OIT reconocemos que la principal tarea individual que tiene ante sí la Organización Internacional del Trabajo en el siglo XXI es dar oportunidades a mujeres y hombres de desempeñar un trabajo decente. Anteriormente, este año, en el informe que presenté a la Conferencia Internacional del Trabajo titulado Trabajo Decente, señalé la importancia de tratar los problemas que se plantean en el trabajo, tanto en los sectores estructurados como en los no estructurados; la necesidad de crear un entorno de equidad y seguridad para el crecimiento sostenido; y la necesidad de promover el principio de que todo aquel que trabaja tiene derechos en el trabajo. Tenemos que mundializar el progreso social.

Es fundamental reconocer que para que el trabajo sea decente ha de haber trabajo y que la empresa es el elemento clave para lograr el trabajo decente. Esto requiere una relación productiva y de apoyo mutuo entre el comercio, el Estado y la sociedad, donde los sindicatos y el comercio son los actores organizados más relevantes. El modelo futuro del desarrollo empresarial es, por tanto, básico para todos los ámbitos de acción de la OIT.

El medio ambiente empresarial es una pieza determinante de la competitividad de las empresas y, por ello, de la capacidad de las naciones para generar empleos adecuados. La experiencia muestra que es importante contar con una política estable y que preste apoyo, y con un contexto regulador. La presencia de la actividad y la cultura empresarial facilita la energía y el dinamismo que se necesitan para sacar provecho de las oportunidades. El acceso al capital, la infraestructura en los ámbitos de la educación y la formación, las instituciones para el diálogo social, la ciencia y la tecnología, las comunicaciones, el transporte y la logística son factores fundamentales que permiten a las empresas competir en el mercado mundial.

Para ilustrar mi punto de vista, quiero que simplemente reflexionen sobre cómo incide en las empresas la lucha contra la pobreza mundial. Actualmente 3.000 millones de personas viven con menos de dos dólares diarios. Si abandonan esa miseria absoluta, si se convierten en consumidores, si se introducen en el mercado de bienes y servicios producidos por las empresas, podemos imaginarnos los beneficios resultantes.

La realidad del futuro es una economía mundial marcada por una mayor integración de las políticas económica y social; un reflejo más intenso de los valores personales en términos de índices de mercado; y una concienciación cada vez mayor respecto a la primacía de las necesidades humanas como objetivo último y principal actor del proceso económico. Tanto el comercio como la OIT tienen que trabajar con este entorno y dentro de él. Estas son las realidades del futuro. Si la mundialización se olvida de la gente, la gente se opondrá a ella.

Este reconocimiento de un futuro común entre el comercio y las organizaciones internacionales llevó al Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, a proponer un «acuerdo global» entre las Naciones Unidas y la comunidad del comercio mundial.

Hace un llamamiento al sector privado para que abarque, apoye y aplique en su esfera de influencia una serie de valores fundamentales en los ámbitos de las normas de trabajo, los derechos humanos y las prácticas medioambientales. Esto puede llevarse a cabo a través de sociedades individuales y de asociaciones comerciales. En el terreno de los derechos de los trabajadores, entre los principios básicos figuran los de la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo; la libertad de asociación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva; la eliminación de la discriminación respecto al empleo y las profesiones; la eliminación de todas las formas de trabajo obligatorio y forzoso; y la eliminación efectiva del trabajo infantil.

En muchos aspectos, al comercio le interesa directamente que se promueva una mundialización fructífera para todos.

Ya se siente la presión por el cambio. El comercio se enfrenta a demandas sociales crecientes de prácticas empresariales eficaces, lo que incide directamente en la demanda de los consumidores y en la reputación empresarial a través de los medios de comunicación. Una buena imagen social de la empresa es cada vez más importante para el éxito comercial, una imagen que se cimiente en prácticas adecuadas. Para ello, algunas empresas están introduciendo prácticas empresariales centradas en los ciudadanos y poniendo en marcha una serie de iniciativas sociales. Durante el Foro, examinaremos estas tendencias, además de algunos ejemplos prácticos de iniciativas encaminadas a integrar la respuesta social a las estrategias empresariales y, así, contribuir a construir una ventaja competitiva a largo plazo.

De todos los desafíos que tenemos ante nosotros, la necesidad de crear trabajo decente y productivo para mujeres y hombres en todo el mundo es la prioridad por excelencia de todos. Pese a que las grandes empresas tienen gran influencia en la creación de puestos de trabajo, la mayor parte de los nuevos empleos se crean en la pequeña empresa. La iniciativa propia es un elemento importante que existe en abundancia, incluso en las comunidades más pobres. La pequeña empresa aprovecha este elemento y lo transforma en trabajos y riqueza.

A menudo, las pequeñas empresas están vinculadas con empresas mayores a través de una serie de redes de producción y de cadenas de valores. Durante el Foro, tendremos la oportunidad de analizar cómo esta cooperación mutuamente beneficiosa entre la pequeña y la gran empresa puede constituir una forma de promover la creación de los puestos de trabajo que se necesitan. Algunos de los estudios presentados demostrarán que cada vez se valoran más las fuerzas y debilidades relativas de las pequeñas y grandes empresas. Se necesitan mutuamente, lo que constituye la razón por la que los vínculos entre ellas revisten tal importancia en el proceso de renovación que se requiere para crear empleos en el siglo XXI. Durante el Foro, emprenderemos un análisis práctico del mecanismo de funcionamiento de dicha cooperación, de cómo se puede seguir llevando a cabo y de qué medidas políticas son necesarias para que esto ocurra.

Uno de los fenómenos más importantes de los últimos años es el crecimiento de las actividades comerciales en manos de mujeres. Ellas constituyen una fuerza cada vez más importante como empleadoras, clientas, proveedoras y rivales en el mercado mundial. Mientras que muchos de estos negocios se enmarcan en la categoría de pequeñas empresas, cada vez son más los que están pasando a convertirse en empresas mayores. Además, hay indicios de que las estructuras sociales que inciden en la actividad empresarial de las mujeres a menudo conducen a políticas y prácticas comerciales alternativas. Estas nuevas vías hacen hincapié en las políticas sociales, el proceso participatorio de adopción de decisiones, la cooperación y la diversidad. Estos son, en gran medida, los valores y estrategias que probablemente tendrán mayor éxito en las actividades empresariales del próximo siglo. Durante el Foro, analizaremos las experiencias hasta la fecha en lo que se refiere a las estrategias fructíferas para promover la actividad empresarial de las mujeres.

La actividad empresarial y la creación de negocios también constituye una alternativa creciente para los jóvenes, cuya franja de edad a menudo se enfrenta a un mercado laboral donde los índices de desempleo tienen dos cifras. Las carreras profesionales y las oportunidades tradicionales están desapareciendo con rapidez. Cada vez son más las personas que aceptan el desafío de emprender su propio negocio y se están extrayendo muchas lecciones sobre cómo aumentar las probabilidades de éxito a través de distintos tipos de asistencia y de la creación de un contexto de apoyo. Esta es otra cuestión que se examinará durante el Foro.

Permítanme finalizar diciendo que la OIT es la única organización internacional en la que los empleadores y los trabajadores disfrutan de un papel igual junto a los gobiernos. Quiero contribuir a fortalecer este carácter tripartito fomentando el diálogo social y las asociaciones. El Foro Empresarial y su presencia aquí hoy constituye parte de ese esfuerzo.

Como última reflexión, permítanme dejarles con la idea de que todos debemos entender mucho mejor cómo se perciben las cuestiones en nuestros respectivos ámbitos a través de los ojos de la gente. También debemos crear un enfoque sensible del «otro» -- otras lenguas, otras culturas, otras razas, otras religiones, otras realidades: en suma, una capacidad de ser una persona multicultural. Esto forma parte del éxito futuro, especialmente del comercio en un contexto mundial.


Puesto al día por SG. Aprobada por GBR. Ultima actualización: 2 de mayo de 2000.