Sr. Presidente, Sr. Secretario General, queridos amigos:
El documento que están ustedes examinando («La función del empleo y el trabajo en la erradicación de la pobreza: la potenciación y el adelanto de la mujer») constituye un esfuerzo de colaboración dentro del sistema de las Naciones Unidas, entre el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DAES), el Banco Mundial, el FMI, el PNUD y la OIT. Prefigura ya la manera como deberíamos trabajar en adelante, en otras muchas cuestiones.
Asimismo, ha servido de base al Proyecto de Comunicado Ministerial que ustedes examinarán en el curso de esta reunión. Desearía felicitar a los delegados que han preparado este proyecto de comunicado. Es una declaración muy clara, bien integrada y completa, y yo la voy a utilizar como base de algunos de los comentarios que desearía hacer aquí. Permítanme que cite el párrafo 3 de este comunicado. Dice así:
«Las estrategias para erradicar la pobreza, promover el empleo productivo y lograr la igualdad de géneros deben encaminarse a tratar las condiciones y necesidades de mujeres y hombres en condiciones de igualdad y equidad. Deben tener un planteamiento amplio al tiempo que permiten el uso flexible de instrumentos de política de conformidad con condiciones nacionales y sectoriales específicas, entre ellas las existentes en el sector rural, y deben emprenderse, según convenga, a nivel nacional e internacional, prestando especial atención a:
- la necesidad de promover el crecimiento económico y el desarrollo dinámicos, sostenidos y centrados en la persona humana de manera que generen empleos;
- la necesidad de tratar de mejorar los resultados del mercado en beneficio de todas las personas que viven en la pobreza, en especial las mujeres y los grupos vulnerables;
- el desarrollo de políticas públicas a fin de crear en entorno favorable para el funcionamiento eficiente de los mercados al tiempo que se fomentan la igualdad y la protección social;
- la promoción de la participación de las mujeres en pie de igualdad con los hombres en la planificación, la adopción de decisiones y la aplicación de estrategias.»
Creo que ésta es una síntesis perfecta de lo que trata de conseguir esta serie de sesiones de alto nivel. Ahora, el principal problema que tenemos es cómo alcanzar estos objetivos. ¿Cómo podemos conseguir todo eso?
Por mi parte, deseo hacer tres comentarios sobre su aplicación. El primero es que tenemos que garantizar que los mercados funcionen para todos. El segundo, que tenemos que integrar las propuestas de análisis y de política que provienen del sistema multilateral. Pienso que estamos llegando al límite de nuestro tratamiento de los problemas mundiales proponiendo soluciones sectoriales a los problemas integrados, de acuerdo con las opiniones de cada Organización. Y en tercer lugar: tenemos que ampliar el concepto de productividad y hacer que vaya más allá del orden económico. Si no se hace así, resulta demasiado restrictivo para medir el progreso social y la satisfacción de las necesidades humanas.
Ante todo, los mercados deberían funcionar para todos. Este es el significado de la afirmación que se repite con frecuencia, de que tenemos que dar un rostro humano a la economía mundial. A finales de este siglo sabemos ya que las economías abiertas son más eficaces que las economías cerradas. Comprendemos que el crecimiento dirigido por la inversión privada tiene una enorme capacidad de creación de riqueza: lo estamos viendo todos los días. Y sabemos también que la reglamentación excesiva ahoga la creatividad.
No obstante (y ésta es una reserva importante) los beneficios de esta nueva economía mundial parecen estar bloqueados en alguna parte, porque no alcanzan a un número suficiente de personas. Por consiguiente, estamos viendo toda clase de consecuencias negativas. Creo que la principal responsabilidad que tenemos ante nosotros es que -- reconociendo los aspectos positivos de la economía mundial -- nos concentremos ahora en el modo en que los mercados y las sociedades se interrelacionan y tenemos también que ser capaces de demostrar en la práctica, por medio de nuestro análisis y de nuestra adopción de decisiones en materia de políticas, que los mercados pueden realmente funcionar para todos. Si no se hace así, la legitimidad y el apoyo democrático de las actuales tendencias políticas serán puestas en tela de juicio por las familias trabajadoras de todo el mundo.
El segundo comentario que desearía hacer es que necesitamos desarrollar una mayor capacidad de pensamiento integrado y de propuestas conjuntas de políticas dentro del sistema multilateral. El documento que están examinando constituye un buen ejemplo de que ello es posible. Hoy en día, como todos sabemos muy bien, la adopción de decisiones está organizada de manera sectorial, tanto a nivel nacional como internacional. Y sin embargo la sociedad, como el cuerpo humano, es un conjunto integrado y sabemos muy bien que algo que duela en una parte del cuerpo acaba por tener efectos en las demás. Todo está interrelacionado. Esto es lo que ocurre en la sociedad, y también en los procesos mundiales en los que estamos inmersos.
Con sólo mirar a los participantes que están aquí esta mañana podemos percatarnos de las cosas tan importantes que estamos haciendo de manera sectorial. Estamos preparando una nueva arquitectura financiera; un nuevo marco general de desarrollo; una nueva ronda de negociaciones comerciales; una nueva Conferencia de la UNCTAD; unas nuevas Conferencias como las de Copenhague y Beijing cinco años más tarde -- y por supuesto -- la Asamblea del Milenio, todo ello sin olvidar el trabajo decente por medio del empleo, los derechos de los trabajadores, la protección y el diálogo social. No hay duda de que cada una de estas cosas es, por separado, de la mayor importancia. Pero no obstante, hemos de llegar a la conclusión de que la suma de todas estas actividades, la suma de todas estas partes, no llega a producir un conjunto. Hemos de encontrar el modo en que el sistema multilateral (respetando el mandato de cada uno) ponga en el mercado un nuevo producto: un marco analítico más integrado, que en mi opinión debería basarse en las Cumbres y Conferencias de las Naciones Unidas del decenio de 1990.
Como Director General de la OIT, tal vez tenga una sensibilidad particular para estas cuestiones porque, como la OIT es una organización tripartita, en cada problema tengo que preguntarme: ¿cuál es el punto de vista de los empleadores? ¿cuál es el punto de vista de los trabajadores?, y ¿cuál es la perspectiva de los gobiernos, tan distintos entre sí, que se sientan en el Consejo de Administración y en la Conferencia de la OIT? Además, tengo una tendencia innata a pensar de manera integrada porque, como ustedes saben, he sido a veces presidente del ECOSOC y fui miembro de la Mesa, de modo que esto era casi como un mantra por mi parte. En cualquier caso, no tuve que esforzarme por adquirir este modo de pensar cuando me senté por primera vez en el sillón de Director General de la OIT. Durante mucho tiempo, he estado plenamente convencido de que el sistema multilateral tiene que dar un paso adelante si queremos ser más eficaces para dar las respuestas que la economía mundial nos exige. Invito a mis colegas a trabajar en este sentido y deseo que la OIT trabaje en equipo en este esfuerzo.
El tercer problema consiste en ampliar la noción de productividad para llevarla más allá de lo puramente económico. Me plantearía incluso esta cuestión en relación con los criterios con que actualmente juzgamos la productividad económica. Por ejemplo, ¿cómo actuarían ustedes en el caso de los subsidios silenciosos que la economía actual está recibiendo, por ejemplo, del trabajo doméstico (sobre todo en el caso de la mujer) y que no siempre se recoge en los datos estadísticos? Si echan una mirada a las estadísticas del PIB, verán que las labores domésticas ni siquiera existen. Hemos de preguntarnos cuáles son los costos de esta situación. Aun un simple «sombreado» de costos en este insumo mostraría que lo que actualmente suponemos que es gratuito, está de hecho actuando como una subvención para el resto de la economía. Algo parecido podemos decir en relación con el trabajo voluntario, la utilización gratuita del medio ambiente y un cierto número de otras subvenciones escondidas. Hemos de estudiar estos problemas para obtener un concepto de productividad fiable y generalmente admitido con el fin de evaluar la economía mundial.
Esto es para hoy. Para mañana, creo que tenemos que elaborar un marco más amplio para el concepto de productividad. Necesitamos también un marco de productividad social. ¿Cómo miden ustedes la aportación que ha hecho la evolución de las cuestiones de género? ¿Cómo miden las ventajas que trae consigo la protección del medio ambiente? ¿Y el reconocimiento de los derechos fundamentales o la existencia de procesos de participación adecuada? Desearía citar de nuevo el proyecto de comunicado, cuando dice:
«La democracia, el estado de derecho y la promoción y protección de todos los derechos humanos y libertades fundamentales, en particular el derecho al desarrollo, son condiciones importantes de una estrategia eficaz de erradicación de la pobreza y creación de empleos. En el campo del empleo y el trabajo, los convenios de la OIT así como la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo, representan un marco realista. Los mecanismos de participación, en particular las formas tripartitas de diálogo social entre los gobiernos, los trabajadores y las organizaciones de empleadores, pueden facilitar la adopción de políticas».
Estos son procesos. ¿Cómo valoran ustedes un proceso? ¿Cómo examinan la productividad de una sociedad, la estabilidad de una sociedad y la sensación de seguridad que producen muchos de estos procesos? Cuando hayan respondido a esa pregunta, pregúntense además cómo se vinculan con las nociones de productividad económica que actualmente tenemos. Permítanme que les dé un ejemplo. Creo que aún no hemos establecido el correspondiente vínculo entre el desempleo y la separación de las familias. Sabemos perfectamente bien que un hogar que pierde su sueldo principal suele ser presa de toda clase de perturbaciones. Los desempleados pierden la estima de sí mismos, y lo mismo ocurre con los que tratan en vano de encontrar un empleo. La violencia aumenta en el hogar por las tensiones que genera esta situación; hay un sentimiento de incertidumbre y de ansiedad, que flota en la atmósfera familiar; el rendimiento de los niños en la escuela suele también caer en picado: entonces aparece la alternativa de la droga. No quiero decir que estas cosas no ocurren en las familias trabajadoras. Lo que quiero decir es que todos estos problemas se hacen mucho más graves cuando están presentes el desempleo y la pobreza.
Así pues, por una parte examinamos el desempleo en términos estadísticos, y por otra examinemos separadamente los problemas de una familia, como si no tuviesen nada que ver con la falta de seguridad económica fundamental que originan la pobreza y el desempleo. Y cuando digo que necesitamos un concepto nuevo de productividad, lo digo porque creo que es incorrecto tener una noción de productividad económica que no sea capaz de tener en cuenta sus repercusiones en la estabilidad de las familias y de las sociedades.
Permítanme que termine con ejemplo. Creo que las peores formas de trabajo infantil no son más que la expresión de esta desconexión. Citaré una vez más su Proyecto de Comunicado Ministerial: «acogemos con agrado la adopción del Convenio de la OIT sobre la prohibición y la eliminación inmediata de las peores formas de trabajo infantil. Reiteramos nuestro llamamiento a todos los Estados para que conviertan en acción concreta su compromiso con la eliminación progresiva y eficaz del trabajo infantil contrario a las normas internacionales aceptadas y los instamos a que, como cuestión prioritaria, supriman las peores formas del trabajo infantil, tales como el trabajo forzado, la servidumbre y otras formas de esclavitud».
Les agradezco que hayan reconocido esto. La OIT acaba de aprobar un Convenio dirigido a la erradicación de las peores formas de trabajo infantil. Pero, ¿por qué existen estas formas de explotación? Pues existen porque los padres no tienen trabajo. Existen porque la educación no llega a todos. Existen porque no disponemos de un enfoque integrado entre nosotros para decidir desde el principio sobre esta cuestión. Y existe por muchas de las razones que han llevado a convocar hoy esta reunión.
Desearía terminar mi presentación proponiendo que, si tenemos un sistema multilateral que sirve para trabajar conjuntamente sobre algo, ¿por qué no escogemos la erradicación de las peores formas de trabajo infantil como causa común a la que todos queremos adherirnos, como una causa que todos nosotros queremos promover? Tengo la intención de invitar a otras instituciones a organizar un grupo de trabajo multilateral en el que todos podamos trabajar conjuntamente para eliminar las peores formas de trabajo infantil en el mundo. Esto será una modesta contribución de la OIT a la celebración del 10.º aniversario de la Convención de los Derechos del Niño, y un homenaje a la incansable labor del UNICEF y de su líder Carol Bellamy.
Pero eso no es sólo una cuestión que se plantea al sistema multilateral. Creo que si hay una causa en un mundo que verdaderamente está falto de causas por las que luchar, esa es la condición de esos niños. Creo que ésta es una causa mundial en la que todo el mundo puede coincidir. El hecho de que el nuevo Convenio de la OIT se haya aprobado por unanimidad y sin abstenciones, sin un solo voto en contra, debería galvanizarnos para ir todos juntos hacia un objetivo en el que creemos todos profundamente. Desearía invitarles a todos a participar en esta causa mundial, de modo que pueda convertirse en una imparable fuerza mundial.
Muchas gracias.