Señor Presidente, Primera Dama, constituye un honor y una gran satisfacción dar la bienvenida a la Conferencia Internacional del Trabajo al Presidente de los Estados Unidos y a su séquito en nombre de los representantes de los gobiernos, de los empleadores y de los trabajadores. Le acompaña una distinguida delegación en la que figuran la Sra. Albright, Secretaria de Estado, cuya presencia agradecemos sinceramente, el Embajador Moose, con el que trabajamos a diario, y tres personas que han realizado contribuciones esenciales en el marco de la OIT en la lucha contra el trabajo infantil, a saber, la Secretaria de Trabajo Sra. Herman, el Senador Harkin, que ha desempeñado un papel fundamental a la hora de reunir apoyos en el Congreso para la labor relativa al trabajo infantil, y el Consejero Económico Nacional, el Sr. Gean Sperling. También deseo saludar al Sr. Sweeney, que se encuentra entre nosotros y ha realizado importantes contribuciones, y a Karen Tramontano, que también forma parte de su séquito.
Como puede imaginar, señor Presidente, se trata de un día muy especial. Es usted el primer Presidente de los Estados Unidos que se dirige a la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra. Su presencia entre nosotros simboliza el compromiso activo de su Administración con la OIT, así como el suyo personal con la determinación de la OIT para lograr que el respeto de los derechos de los trabajadores y el trabajo decente para todos sean los cimientos de una economía mundializada.
La OIT ha recibido un apoyo sin precedentes por parte de su Gobierno, y deseo darle las gracias a usted personalmente por ello. Pero la contribución de los Estados Unidos no ha sido únicamente la financiera, que por supuesto agradecemos, sino que también se ha manifestado en el ámbito de las ideas, por conducto de la creatividad de la representación tripartita de su país en la OIT y del liderazgo de la Secretaria de Trabajo Herman y su equipo, incluso fuera del ámbito de la OIT, en las reuniones del G-8 y en Asia, África, Europa central y oriental y en Latinoamérica.
Hace cuatro años, tuve ocasión de trabajar con la Primera Dama, la Sra. Hillary Rodham Clinton, durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Copenhague. Deseo agradecerle su presencia entre nosotros y rendir tributo a la claridad de ideas y objetivos que aportó a la Cumbre de Copenhague y a tantas otras reuniones de las Naciones Unidas.
En Copenhague, llegamos a la conclusión de que la estabilidad en la creación de riqueza era el requisito previo para una distribución equitativa del bienestar, y que la creación de empresas era fuente de mayores oportunidades de empleo.
Pero sabemos que no existen inversiones estables en sociedades o comunidades inestables. La inestabilidad reposa sobre la inseguridad, la inseguridad de la pobreza, del desempleo, de la violencia en las calles y en el hogar, y de diversas formas de discriminación y exclusión social. Estas son las raíces de la crisis social con la que, por desgracia, entramos en el siglo XXI.
En la mayor parte de nuestras sociedades, la gente exige acción, unos dirigentes que se atrevan a asumir su papel, políticas que les proporcionen oportunidades para demostrar su valía individual, y que se cumpla el viejo sueño de que, trabajando duro y respetando las reglas, uno consigue una vida mejor para sus hijos.
Sin embargo, existe un sentimiento creciente de que las «normas» imperantes son injustas y de que las personas parten de situaciones desiguales, de que un sistema económico mundializado que no haga partícipes de sus beneficios a los más débiles y que no reduzca la inseguridad en la vida diaria de las familias trabajadoras no superará la prueba de la dignidad fundamental del ser humano. Nos enfrentamos todos juntos al reto de hacer que los mercados nos favorezcan a todos.
¿Podemos hacerlo? No me cabe duda de que sí, pero ello exigirá voluntad política y coraje intelectual. Es necesario introducir cambios políticos fundamentales para que la persona vuelva a desempeñar su papel, cosa que no lograremos si continúan las tendencias actuales.
Al dirigirse durante el pasado mes de octubre a la reunión anual del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, dejó usted en nosotros una imagen de liderazgo al afirmar, y cito: «el reto económico fundamental al que nos enfrentamos es el de poner riendas a las energías positivas de una economía internacional abierta y evitar los altibajos cíclicos que reducen la esperanza y destruyen la riqueza». Añadió usted que «el reto político fundamental al que debemos hacer frente es la creación de un sistema que refuerce la protección y las instituciones democráticas, de modo que todos puedan cosechar en la práctica y en todo el mundo los beneficios del crecimiento». Instó al Banco Mundial, al Fondo Monetario Internacional y a la Organización Mundial del Comercio a colaborar con la OIT, a fin de prestar mayor atención a las cuestiones laborales y a la protección del medio ambiente.
En la OIT, estamos convencidos de que las principales instituciones multilaterales tienen que trabajar unidas para proponer soluciones integradas a fin de abordar los problemas interdependientes que se plantean a escala mundial. La OIT y sus mandantes están dispuestos a realizar su contribución. Colaborando con otras instancias de la comunidad internacional, podremos dotar de un pilar social a la naciente economía mundializada. Es evidente que aún nos queda mucho camino por recorrer. Un verdadero avance en la cuestión de la deuda exterior sería una señal de que comenzamos a movernos.
Nos complace recibirle en la única organización tripartita del sistema internacional. Nos sentimos orgullosos de nuestra tradición de 80 años. La interacción entre gobiernos, trabajadores y empleadores nos mantiene en estrecho contacto con las realidades económicas y sociales.
Hemos comenzado recientemente un proceso de modernización de nuestras estructuras, centrándonos en unos objetivos estratégicos que nos permitan servir mejor a nuestros mandantes como una organización, de conocimientos, de servicios y de apoyo activo. Nuestro mandato evoluciona en y con el mundo del trabajo.
Nuestros instrumentos son los convenios, las propuestas políticas y la cooperación técnica para ampliar al mismo tiempo el empleo y los derechos de los trabajadores, con una protección social adecuada en un marco de diálogo social. Las políticas de desarrollo y generales sirven de base para todos los esfuerzos que desarrolla la OIT.
En este foro, nos referimos con frecuencia a los empleadores y a los trabajadores llamándolos «los interlocutores sociales». Entendemos que caben distintos intereses bajo el techo de la OIT pero creemos que, en última instancia y si abordamos los problemas con amplitud de miras, son más los intereses que nos unen que los que nos separan. Creemos en el diálogo que desemboca en el consenso para la acción.
El principal objetivo de la OIT en la actualidad es la promoción de las oportunidades para hombres y mujeres de obtener un trabajo decente y productivo en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.
Hemos progresado mucho desde 1919. El Presidente Franklin D. Roosevelt se refirió en 1941 a la creación de la OIT con las sorprendentes palabras que cito a continuación: «muchos consideraba que era un sueño absurdo. ¿Acaso se había oído alguna vez que los gobiernos se hubieran reunido para elevar las condiciones del trabajo a un plano internacional? Parecía aún más absurda la idea de que el pueblo mismo que estaba directamente afectado -- los trabajadores y empleadores de los diversos países -- participase juntamente con el gobierno en la determinación de estas condiciones del trabajo».
En el mundo de 1999, lo que el Presidente Roosevelt calificó de sueño absurdo sigue demostrando su valor. Mañana, los delegados tripartitos que hoy se sientan ante usted votarán para adoptar oficialmente un nuevo convenio y una nueva recomendación de la OIT destinados a erradicar las peores formas de trabajo infantil.
Vivimos en un mundo sin causas. Son pocas las ideas, si es que las hay, que movilizan al mundo entero. ¿Por qué no hacer de la erradicación de las peores formas de trabajo infantil en un plazo determinado nuestra causa común? Una causa mundial que pudiéramos compartir entre regiones, culturas, tradiciones espirituales y niveles de desarrollos distintos. No hay ningún padre en todo el mundo que desee ver a sus hijos atrapados en la prostitución, la pornografía, la venta de drogas u otras situaciones degradantes.
Otra flecha en el carcaj de la justicia social es la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Para todos los miembros de la OIT representa el compromiso de respetar, promover y llevar a la práctica los principios y derechos relativos a la libertad sindical, a la negociación colectiva y a la eliminación del trabajo infantil, del trabajo forzoso y de la discriminación.
Es usted el dirigente de la primera potencia mundial de la actualidad. Puede usted ser fuerte y a la vez humano y bondadoso con los desposeídos de este mundo.
Como inspiración, su país ha ofrecido a la humanidad uno de los documentos fundacionales más revolucionarios, su Declaración de Independencia. Hace una de las síntesis más conmovedoras de lo que se entiende por dignidad humana cuando afirma que «consideramos que estas verdades son evidentes por sí mismas: que todos los hombres son creados iguales, y que su Creador les ha dotado de ciertos derechos inalienables, entre los que se cuentan el derecho a la vida, a la libertad y la búsqueda de la felicidad».
Los mandantes tripartitos de la OIT se honran en darle la bienvenida. Respetamos su mensaje, rendimos tributo a su compromiso respecto de las cuestiones que se refieren a la gente, y esperamos que continúe la participación de los Estados Unidos en la renovada y dinámica OIT que estamos construyendo.
Señor Presidente, se encuentra usted en una casa que ha visto muchas esperanzas convertirse en realidad. No podía resultar más oportuno el dar hoy la bienvenida a un hombre procedente de un lugar llamado Esperanza. Bienvenido, señor.