Presidente Sweeney, muchas gracias por su cálida acogida, distinguidos delegados, invitados y amigos. Quiero expresarles mi agradecimiento por brindarme la oportunidad de estar aquí, lo cual es para mí un gran honor.
Todos ustedes encarnan la lucha por la justicia social y la dignidad humana. Algunos de sus invitados internacionales son figuras destacadas en la lucha por la libertad, y la presencia de Muktahar Pakpahan y Branislav Canak constituye un símbolo.
También me hubiera gustado poder encontrar hoy aquí, como en otras ocasiones, a mi compatriota Manuel Bustos, que falleció el mes pasado.
Manuel era un memorable dirigente sindical que durante casi dos decenios desempeñó un papel prominente en la lucha contra la dictadura en Chile. En los momentos más sombríos, ustedes y otros miembros de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres y de la ORIT (quiero saludar a Luis Anderson que está hoy aquí) estuvieron al lado de los demócratas chilenos. Nosotros no olvidamos su solidaridad y les hacemos también partícipes de nuestra victoria.
Mi propia vida ha estado marcada por la verdad simple pero fundamental de que, sin lucha, no hay progreso social en ninguna esfera. Como hoy mismo ha dicho el Sr. Gephardt, miembro del Congreso, se trata de un combate, de una cuestión de poder. Es preciso compartir el poder para que las sociedades puedan gozar de estabilidad y tomar en consideración las diferentes necesidades e intereses. La capacidad de organizarse y movilizarse por una causa constituye el fundamento de una vida mejor para todos nosotros, y aún mejor para nuestros hijos. Sí, tenemos que negociar; yo creo en la posibilidad de llegar a un consenso, aunque a veces eso significa tener la capacidad de volcarse a la calle. El auténtico sentimiento de respeto hacia las competencias de los interlocutores sienta unas bases sólidas para la concertación de acuerdos duraderos.
Esta es la razón por la que la sindicación es un derecho humano tan fundamental. Es un derecho que nos corresponde a todos en nuestra calidad de ciudadanos.
La sindicación es la fuerza motriz. Pero como ustedes saben, es preciso orientarla por medio de valores: decencia, equidad, justicia, solidaridad. También se requiere iniciativa y perspicacia. La sindicación debe traducirse en una mejora de la legislación y en la introducción de cambios en la conducta y la conciencia. También es necesario actuar con valentía. Ser promotor sindical puede implicar riesgos. En algunos países, puede verse en peligro la propia vida.
Si reunimos todos esos factores, podremos conseguir grandes cambios. Durante el debate celebrado esta mañana, he podido comprobar que la AFL-CIO está avanzando en esa dirección y quiero felicitarle por sus logros.
Estos pasillos estaban animados de energía y espíritu de progreso, así como de un deseo de realizar esfuerzos por conseguir que el movimiento sindical americano entre creativamente en el siglo XXI. Aquí, se encuentran hoy reunidas personas con gran experiencia. Dejen aflorar esos conocimientos. Compártanlos entre sí. Les propongo que se sirvan de la estructura tripartita de la OIT para ayudar a otros a organizarse, negociar y concertar acuerdos.
Esta tarde, quiero decirles en primer lugar por qué considero que la Organización que dirijo es importante para la labor que ustedes están realizando; en segundo lugar, aludiré a algunas de las reglas que la OIT está elaborando para afrontar el reto de la mundialización y, por último, expondré lo esencial de un sistema mundial que nos permita adentrarnos en el próximo milenio con nueva esperanza.
La Organización Internacional del Trabajo es la única instancia en donde los sindicatos se sientan con los gobiernos y los empleadores de todo el mundo a negociar en un pie de igualdad. Es ahí donde se reúnen en torno a la mesa del gobierno mundial.
Su mandato consiste en promover la justicia social por medio de la mejora del mundo del trabajo:
Cuando tomé posesión del cargo de Director General en marzo, acometí la tarea de renovar la OIT. En la reunión de nuestra Conferencia anual de junio, que culminó con la visita histórica del Presidente Clinton, la Organización se reunió en torno a un nuevo programa de trabajo decente para todos. Dondequiera que voy, el mensaje que se me dirige es que después del respeto de los derechos humanos básicos, las personas quieren un trabajo decente con el que poder fundar una familia y educar a sus hijos, y disfrutar de una pensión.
Creo que la OIT está en condiciones de aceptar el reto de nuestra época, articulando los intereses divergentes de sus Miembros en torno a objetivos comunes.
¿Pueden imaginarse la influencia de esta Organización si nos mostramos capaces de movilizar a los gobiernos, los empleadores y los sindicatos tras una serie de objetivos compartidos a escala mundial? Este es nuestro principal desafío, y el derecho de sindicación debe ser una de las metas más importantes.
La mundialización es la característica propia de nuestra época. No la detendremos, pero debemos modelarla y orientarla.
Las ventajas de las fuerzas económicas que ha liberado no están llegando a suficientes personas. Para muchas, ha supuesto un retroceso. La mundialización se ve impulsada por decisiones sobre las que la inmensa mayoría de personas consideran que no ejercen ningún control, como lo muestra la competición financiera mundial que condujo a la crisis asiática. Muchos empresarios también ven con inseguridad su propio futuro y el de sus compañías.
Pero ustedes, en primer lugar, observan y sienten su impacto en sus lugares de trabajo, hogares y comunidades americanos.
Como ya hemos oído, para muchas personas la mundialización ha significado una situación caracterizada por la inseguridad, las dificultades y la desigualdad.
Como Director General de una organización mundial, quiero invitarles a dirigir su mirada más allá de sus fronteras.
A aceptar el hecho de que 1.300 millones de personas deben sobrevivir con menos de un dólar diario y de que no podemos abandonarlas a su suerte.
Y a tomar conciencia del hecho increíble de que la riqueza conjunta de las 200 personas más ricas del mundo es superior a los ingresos anuales de los 2.500 millones de seres humanos más pobres.
En alguna parte del camino, la economía mundializada ha perdido su brújula moral.
Tenemos que actuar. Es realmente preciso dar un rostro humano a la economía mundializada. Tenemos que conseguir que los mercados funcionen en beneficio de todos.
Presidente Sweeney, quiero dar mi beneplácito al programa de la AFL-CIO sobre el nuevo internacionalismo expuesto en la resolución sometida al Congreso.
Ese programa muestra que la AFL-CIO está preparada para salir a afrontar el reto de la mundialización sin dar marcha atrás.
Muestra el reconocimiento de que el futuro de los trabajadores americanos está inextricablemente vinculado al de todos los hombres y mujeres de cualquier parte del mundo.
Porque, como la OIT afirmó en su memorable Declaración de Filadelfia, aprobada aquí en los Estados Unidos ya en 1944, la «pobreza, en cualquier lugar, constituye un peligro para la prosperidad de todos».
Lo que ustedes quieren, con toda razón, son normas justas.
En la OIT ya estamos estableciendo las reglas sociales de la economía mundializada.
El año pasado, los empleadores, los gobiernos y los sindicatos adoptaron en la OIT una Declaración relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo. Por primera vez, esta Declaración obliga a todos los países a respetar los derechos fundamentales de los trabajadores.
Esos derechos están relacionados con la sindicación y la negociación colectiva, el trabajo forzoso, el trabajo infantil y la discriminación. Por medio de la promoción de esos derechos y de la prestación de asistencia a los países para que respeten sus compromisos y respondan de ellos, la OIT estará ayudando a nivelar el terreno de juego, deteniendo en el punto de partida a quienes compiten sin respetar las normas mínimas.
Esta Declaración no es una panacea. No es un antídoto contra los males que aquejan al mundo del trabajo. Es más bien un instrumento adicional que tienen en sus manos y que pueden utilizar quienes comparten sus objetivos. Sirve de respaldo y de apoyo a su activismo, sin el cual, vuelvo a decirlo, no se puede esperar gran cosa.
Como seguimiento de la Declaración, en la reunión de la Conferencia de la OIT de este año se adoptó por unanimidad absoluta y sin precedentes el Convenio sobre las peores formas de trabajo infantil.
Su objetivo es la adopción de medidas inmediatas para poner fin a la aborrecible explotación de los niños en el trabajo que representa para ellos un peligro físico, psicológico y moral. No necesito insistir excesivamente sobre este punto, ya que hemos visto los vídeos y hemos oído las declaraciones presentadas aquí.
La erradicación de las peores formas de trabajo infantil es una causa de ámbito mundial que todos podemos y debemos suscribir. Quiero invitarles a asumir ese compromiso como también lo hice con el Gobierno de los Estados Unidos y la comunidad empresarial americana representados en la OIT.
Presidente Sweeney, delegados, el programa de la OIT relativo al trabajo decente constituye una parte decisiva de lo que debe hacerse para que el mercado mundializado funcione para todo el mundo. Ese mercado tiene que existir, pero por sí solo no será suficiente. Cada día que pasa nos trae pruebas adicionales de la necesidad de mejorar la acción internacional orientada al gobierno de la economía mundializada.
Ya he dicho, y quiero volver a repetirlo, que con respecto a este asunto el sistema de las organizaciones internacionales está obteniendo resultados insuficientes.
El problema es que cada una de estas organizaciones está actuando por separado, aplicando alegremente sus propias políticas, a su propia manera con frecuencia burocrática y sin la debida consideración por lo que están haciendo los otros.
La OMC está ocupada en la preparación de una nueva ronda para este milenio, que deberá ser una ronda que se ocupe realmente del desarrollo y que aporte beneficios concretos a los países en desarrollo y a las familias trabajadoras de todo el mundo.
El FMI está concibiendo la nueva estructura financiera.
El Banco Mundial está construyendo un marco integral de desarrollo.
Nosotros, en la OIT, seguimos adelante con el trabajo decente.
El Grupo de las Naciones Unidas para el Desarrollo trabaja activamente en muchas esferas.
En el peor de los casos, esos esfuerzos pueden ser contradictorios y servir objetivos múltiples. En el mejor de los casos, pueden ser poco coherentes y, por consiguiente, carecer de eficacia.
Es preciso que estas organizaciones trabajen conjuntamente, cada una dentro de sus propias esferas de competencia. Permítanme exponer claramente lo que quiero decir: necesitamos un proyecto compartido de gobierno para la economía mundializada. Un proyecto compartido que sitúe las necesidades de la población, de sus familias y de las comunidades en el centro del proceso decisorio. Hemos llegado al límite de la adopción de soluciones poco sistemáticas.
Ya he aclarado que la OIT está dispuesta a abogar por la causa común de incorporar la dimensión social en el proceso de mundialización. Poseemos los conocimientos, las competencias y el empeño necesarios. Cada organización tiene algo que ofrecer, pero se conseguirá mucho más si actuamos conjuntamente con un objetivo común.
Algunas de las esferas de acción para responder a las necesidades de la población resultan obvias:
Este fue el mensaje que pronuncié en las reuniones anuales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional celebradas el mes pasado, y lo repetiré en cada ocasión que se me presente. Los discursos de los directores del Banco Mundial y del FMI que orientan a estas instituciones hacia la disminución de la pobreza constituyen contribuciones importantes a este proceso de convergencia.
Presidente, colegas,
He comenzado hablando de sindicación y desearía terminar con este mismo asunto.
La AFL-CIO está avanzando y afianzando el futuro de su movimiento con sus cursillos sindicales estiales. Ha conseguido que estén representados aquí en California grupos como los trabajadores de asistencia a domicilio tras una lucha ganada con esfuerzo y ha establecido contactos con diversos grupos étnicos, con sectores económicos nuevos y en desarrollo, con mujeres, con jóvenes, con otras organizaciones comunitarias y con los grupos más desfavorecidos y vulnerables.
Como ya he dicho, quiero invitarles a todos ustedes a compartir su experiencia y conocimientos personales por medio de los programas de la OIT para apoyar a los trabajadores a organizarse en los muy diferentes contextos sociales existentes en el mundo. ¡Unanse a la OIT para ayudar a otros trabajadores a progresar!
Todo lo que he dicho, y todo lo que representa la OIT, significa obviamente que la promoción de la capacidad y del derecho de los trabajadores a sindicarse constituye una prioridad máxima para la Organización.
Deseo que haya más trabajadores afiliados a sindicatos más fuertes en todas partes. La sindicación es una fuente de equilibrio entre los intereses y de mayor estabilidad social. Si, cuando deje mi cargo, la OIT ha contribuido al logro de ese objetivo, sentiré que he cumplido en gran parte con mi deber.
Quiero asimismo decirles que considero que me incumbe la responsabilidad especial de alzar la voz o de actuar entre bastidores para proteger la seguridad de los promotores sindicales de todo el mundo. Esta ha sido mi manera de actuar y seguirá siéndolo.
Presidente Sweeney, usted ha dicho que es una época fascinante para ser sindicalista en los Estados Unidos, y yo comparto su opinión. Puedo añadir que es también un período espléndido para estar en la Organización Internacional del Trabajo.
Actuemos de manera solidaria y avancemos conjuntamente.
Muchas gracias.