Señor Primer Ministro,
Señor Presidente de la Conferencia,
Estimados amigos:
Este es un momento único, un momento de gran orgullo para la OIT al ver hoy reunida aquí su representación tripartita africana: gobiernos-empleadores-trabajadores. Es para mí un inmenso placer poder compartir con ustedes este momento privilegiado el mismo año en que asumí mis funciones al frente de la OIT.
Deseo ante todo agradecer al Primer Ministro, Sr. Daniel Kablan Duncan, por honrarnos con su presencia en el acto inaugural de nuestra novena Reunión Regional, en representación de Su Excelencia el Sr. Henri Konan Bédié, Presidente de la República de Côte d'Ivoire, quien fuera nuestro distinguido invitado el pasado 10 de junio en la reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo en Ginebra.
Pienso también hoy en el primer Presidente de nuestro país anfitrión, el recordado Sr. Félix Houphouët Boigny, el «Bélier de Yamoussoukro», cuya desaparición, hace seis años, se conmemoró ayer con recogimiento en toda Côte d'Ivoire. Era mi deber recordarlo en esta oportunidad, ante los representantes de un continente donde fuera tan respetado.
El objetivo de esta reunión, tanto hoy como en el transcurso de los próximos días, consiste en permitir que la Organización pueda tomar conocimiento de las orientaciones que ustedes querrían dar a nuestras actividades en Africa. Quisiera situar las prioridades propias de Africa en el marco de los cuatro objetivos estratégicos que hemos adoptado y que constituyen la base para la acción de nuestra Organización, a los que volveré a referirme después. Las discusiones y conclusiones de esta asamblea serán el reflejo de la visión que tienen los africanos de Africa, y han de guiarnos en la puesta en práctica de nuestros futuros programas en la región.
Se trata de algo muy importante, y tengo plena confianza en la Mesa de la Reunión, presidida por el Sr. Zirimba Aka Marcel, Ministro de Empleo, Administración Pública y Previsión Social de Côte d'Ivoire, para conducir con éxito nuestras labores. Quiero expresar al Sr. Ministro, así como al representante empleador y al representante trabajador, mis sinceras felicitaciones por su elección, y agradecerle también las bondadosas palabras que me dirigió.
Me encuentro en Africa y, como dije en Windhoek, éste es un continente que quiero y respeto. Un gran número de hombres y mujeres de esta región son mis amigos y colegas, con los cuales he compartido ideales y luchas y encontrado dificultades y decepciones en este mundo difícil para los países en desarrollo. Son hermanos y hermanas de todas las edades que forman parte integrante de mi gran familia internacional.
Desde que era joven, he observado con pasión el surgimiento de un continente africano independiente y cada día más autónomo en el conjunto de las naciones. Desde entonces, he conservado una viva admiración por los héroes de la emancipación africana.
Quisiera evocarlos hoy a través de un personaje que los simboliza, el recordado Julius Nyerere, el «Mwalimu», cuya amistad tuve la dicha de compartir. Fue mi maestro y mi mentor. Hace poco aún, cuando representaba a mi país ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, me guiaba en el análisis de las complejas cuestiones de la Región de los Grandes Lagos. Siento una inmensa pena por la dolorosa pérdida de este ser querido, cuya acción, sobre todo en los últimos años al frente del Centro Sur en Ginebra, contribuyó en gran medida a que los países en desarrollo, y más particularmente el mundo rural, fuesen escuchados y comprendidos.
Grandes figuras africanas han dejado una huella perdurable en el mundo por la generosidad de su compromiso en pro de la dignidad humana y de la paz. Profundamente inspirado por su visión, soy de los que creen en las promesas de futuro y las del presente de este continente, un futuro y un presente que se construyen sin duda sobre la base de los sueños y las más hermosas aspiraciones de todos ustedes.
Debemos reconocer, no obstante, que los sueños no se realizan por sí solos. Necesitan artesanos que los forjen. Necesitan instituciones que los encarnen y los concreticen. En esta encrucijada de los siglos, la OIT se propone pues, con realismo y determinación, acompañar al continente africano en el camino hacia la consecución de sus ambiciones.
Por convicción y por experiencia, he creído siempre en la capacidad de los pueblos para transformar la realidad, y creo que en ninguna parte esta convicción tiene más arraigo que aquí, en Africa. Hoy más que nunca, los pueblos de Africa - y habría que decir quizá las mujeres de Africa - hacen frente a sus problemas con dinamismo y creatividad. Confirman así día tras día su deseo inquebrantable de ser dueños de su propio destino.
Varios países africanos han efectuado en los últimos años progresos decisivos en la vía de la apertura política, la democracia y los derechos humanos. Han realizado también avances significativos hacia una mayor participación social y han logrado mantener una mejor estabilidad macroeconómica. Me complace comprobar la reanudación desde hace algunos años del crecimiento económico en varios países africanos, y el hecho de que, durante cuatro años consecutivos, el continente en su conjunto haya logrado salir del círculo vicioso de un crecimiento negativo per cápita.
Pero todos sabemos que hay aún desafíos considerables.
Las tasas de crecimiento son insuficientes para hacer retroceder la extrema pobreza. Africa sigue atormentada por los conflictos étnicos, y las guerras civiles que la sacuden aumentan la vulnerabilidad de una región agobiada, además, por el peso abrumador del servicio de la deuda.
Como destaqué en la Memoria titulada Trabajo Decente, que presenté a la Conferencia el pasado mes de junio, la situación económica de la región en su conjunto sigue siendo frágil. La situación social, por su parte, es también crítica: una proporción importante de la población sigue viviendo en condiciones de pobreza absoluta.
Desde esta perspectiva, una mejor articulación de las cuestiones económicas y sociales requiere una relación más estrecha de la OIT con esas instituciones, así como con otros organismos como, por ejemplo, el Banco Africano de Desarrollo. Pienso que el refuerzo de esta cooperación, junto con un papel más activo de la OIT acompañando a sus mandantes en el proceso de ajuste estructural, será beneficioso para Africa. Este ha sido, por otra parte, uno de los principales pedidos que ustedes han formulado en el transcurso del intenso proceso de consultas que llevé a cabo antes y después de mi elección y durante las reuniones de la Conferencia Internacional del Trabajo y del Consejo de Administración de la OIT.
Por eso fui a Washington, el pasado mes de septiembre, ya que la OIT estaba invitada a participar como observadora en la reunión del Comité Provisional del FMI y del Comité para el Desarrollo del Banco Mundial. En esas reuniones, señalé especialmente que todos podemos contribuir de manera eficaz a la reducción de la pobreza si se presta una mayor atención al mundo del trabajo en la elaboración de un marco integrado de políticas de desarrollo. Insistí asímismo en lo que constituye el carácter específico de nuestra organización dentro del sistema multilateral, esto es, su estructura tripartita y su vocación social.
La OIT no es un organismo de financiación. Nuestro capital es el conocimiento. Nuestro producto es la investigación, el análisis y la información sobre el mundo del trabajo, así como la formulación de políticas sociales para responder a los problemas que se plantean en ese ámbito, y la cooperación técnica al servicio de nuestros mandantes para poner en práctica esas políticas. Basamos nuestra labor en la experiencia adquirida en el transcurso de 24 años de diálogo y de cooperación tripartitos.
En Seattle, donde tuvo lugar hace unos días la Conferencia Ministerial de la OMC, hice hincapié también en la dimensión social de la mundialización recordando que son demasiado pocas las personas que se benefician hoy de esas ventajas. Exhorté asimismo a un cambio de rumbo para conseguir que los mercados funcionen en beneficio de todos, y destaqué también que esa reunión constituía una ocasión para adaptar el comercio a los imperativos de los países en desarrollo.
La necesidad de perseguir simultáneamente los objetivos de eficacia económica y eficiencia social no ha sido nunca tan evidente como ahora. A mi parecer, el sistema multilateral de los organismos internacionales dista mucho de funcionar cabalmente. Cada organización, incluida la OIT, cumple su propio mandato específico con una visión estrecha sin referirse lo suficiente al trabajo de las demás. Pienso que en el seno de este sistema llegamos al límite de nuestras posibilidades, tanto intelectuales como políticas, persistiendo en proponer soluciones sectoriales para los problemas integrados de la economía mundializada. Creo que deberíamos ahora hacer juntos el esfuerzo de ir más lejos y adoptar un enfoque y una acción más integrados para atender de manera adecuada las necesidades de las poblaciones.
Debemos por consiguiente dar todo el impulso necesario a la creación y el desarrollo de empresas. El progreso económico y social necesita el aporte del espíritu empresarial como factor de crecimiento, de generación de empleos y de ingresos. Sabemos, en efecto, que en Africa la respuesta al problema del empleo consiste en particular en la creación de pequeñas y medianas empresas. La empresa es el elemento central del desarrollo duradero y, por eso, debemos fomentar y apoyar la iniciativa privada. Asimismo, debemos prestar particular atención a la economía informal que en muchos países de la región concentra el 90 por ciento de los empleos recientemente creados, pero en la que persisten problemas graves que afectan la vida de millones de hombres, mujeres y niños.
A ese respecto, no podemos dejar de insistir en la necesidad de un enfoque cualitativo para abordar las cuestiones relativas al empleo. Nuestro objetivo consiste sin duda en promover la creación del mayor número posible de empleos, pero queremos que sean empleos de calidad aceptable. Se trata de una cuestión de principio para nuestra Organización. ¿Cómo vamos a lograrlo?
Pienso que la respuesta consiste en lograr que los mercados trabajen en beneficio de todo el mundo.
Nos enfrentamos con la pesada tarea de encontrar soluciones modernas para el problema histórico de velar por que nuestros pueblos tengan acceso a la educación, la formación, el empleo, condiciones de salud e ingresos adecuados para que cada uno de ellos pueda desarrollar sus capacidades, su creatividad y sus recursos.
En una economía basada cada vez más en el conocimiento, Africa, al igual que todas las demás regiones, afronta el desafío de conciliar la justicia social y la modernidad, mediante el pleno respeto de los derechos fundamentales en el trabajo, ya que éste es el fundamento de una sociedad abierta y democrática.
Debemos pues hacer frente a la necesidad de proporcionar una mejor protección para todos, sabiendo que la mayoría de la población activa del mundo no está amparada por ningún régimen de protección social. Este problema afecta particularmente a los países en desarrollo y es sumamente agudo en la región del Africa al sur del Sahara, donde el alcance de la protección social llega por lo general a menos del 10 por ciento de la población total, debido principalmente a la falta de protección social en general para los trabajadores del sector informal de la economía y otros grupos vulnerables.
En este nuevo marco de acción, hay dos temas de alcance general: la igualdad entre hombres y mujeres, y el desarrollo. En relación con a la igualdad, quisiera rendir homenaje aquí al importante papel que desempeñan las mujeres africanas en el mundo del trabajo. Lo que justifica nuestro optimismo con respecto al porvenir de Africa es precisamente la fuerza y las cualidades de las mujeres africanas. Esto debería inducirnos a hacer un esfuerzo aún mayor por cambiar las actitudes, las estructuras, las políticas, las leyes y las prácticas con miras a promover una participación plena y equitativa de las mujeres en la vida económica, política y cultural. Al integrar la dimensión de la igualdad de género en todos los programas y actividades de la OIT, reconoceremos el papel crucial de las mujeres en el proceso de desarrollo, lo cual constituye nuestro segundo tema genérico.
La aceleración y la durabilidad del proceso de desarrollo en Africa, al igual que en todo el mundo, son aspectos esenciales de la realización de todos nuestros objetivos estratégicos. Pero no hay milagros. Todos sabemos que esto exige mucho trabajo, muchos esfuerzos. Los africanos son los arquitectos de su propio porvenir, pero la comunidad internacional tiene también la responsabilidad de secundarlos en los esfuerzos que despliegan en el ámbito del desarrollo. Y esa es precisamente la razón de mi presencia, aquí, entre ustedes.
Estas orientaciones tuvieron repercusiones muy alentadoras en vista del apoyo que ha brindado la OUA a nuestro enfoque estratégico al haberse decidido el pasado mes de abril en Windhoek que «la Comisión del Trabajo y de Asuntos Sociales de la OUA deberá inscribir siempre en el orden del día de sus reuniones ordinarias un punto sobre los esfuerzos desplegados por los Estados Miembros de la OIT con respecto a la Declaración de la OIT sobre los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento, así como en materia de empleo, protección social, diálogo social y cooperación técnica».
En primer lugar, por lo que respecta al principio básico de la OIT, según el cual toda persona que trabaje tiene derechos, hemos comenzado por promover la Declaración de la OIT relativa a los principios y derechos fundamentales en el trabajo y su seguimiento. Esta Declaración es la respuesta dada en 1998 por la OIT a la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social de Copenhague, en la que se individuaron los siete convenios de la OIT que constituyen la base social mínima de la economía mundial.
Con el fin de ayudar a los países que encuentran dificultades para ratificar esos convenios fundamentales, quise que la primera actividad de nuestro nuevo Programa InFocus sobre la Promoción de la Declaración se llevase a cabo en Africa, más precisamente en Dakar. El mecanismo de seguimiento permitirá determinar la asistencia técnica que la OIT podría aportar para reforzar la aplicación de esos principios y derechos fundamentales en Africa. Esto favorecerá evidentemente el desarrollo.
Permítanme detenerme en particular en una de las categorías definidas en la Declaración, la de la abolición efectiva del trabajo infantil. He prestado especial atención a la situación de esta nación silenciosa compuesta por 80 millones de niños trabajadores en Africa. Con edades de entre cinco y catorce años, estos niños comparten con 170 millones de niños diseminados en todo el mundo el dolor de una juventud birlada y de un porvenir hipotecado por la privación de sus derechos fundamentales.
Pero todos sabemos que el trabajo infantil está vinculado con la pobreza, y tenemos que asegurarnos de que el desarrollo implique empleo para los padres y educación para los niños, ya que ésta es la única solución durable a largo plazo. Este año, hemos decido combatir desde ahora las formas moralmente intolerables de trabajo infantil, que deben ser eliminadas inmediatamente y en todas partes del mundo y que no pueden justificarse o excusarse bajo ninguna circunstancia. Se trata de la prostitución, la pornografía, los trabajos peligrosos y perjudiciales para la salud, las actividades relacionadas con la droga y la delincuencia, y el trabajo forzoso de los niños, incluida su participación en conflictos armados.
En este contexto se inscribe la adopción de manera unánime por la Conferencia Internacional del Trabajo del Convenio número 182 sobre las peores formas de trabajo infantil. Rindo homenaje, en ese sentido, al Ministro Achi Atsain de Côte d'Ivoire, quien dirigió los trabajos de la Comisión del Trabajo Infantil, con rigor y habilidad y en un clima de entendimiento ejemplar.
Gracias a la determinación de Africa se ha fijado ya la fecha de entrada en vigor de este Convenio capital: el 19 de noviembre de 2000. En efecto, las dos primeras ratificaciones necesarias para su entrada en vigor fueron comunicadas por países pertenecientes al continente africano, a saber, Seychelles y Malawi.
No tengo dudas de que la región seguirá dando el ejemplo y les invito a todos y cada uno de ustedes a actuar, a su vez, como embajadores de buena voluntad de esta causa mundial. Por mi parte, velaré personalmente por que nuestro Programa InFocus sobre el Trabajo Infantil (IPEC), les proporcione toda la asistencia que puedan necesitar en este ámbito. Estamos actuando ya en 60 países que nos han invitado a hacerlo.
Por lo que respecta a la creación de empleo, los representantes de los gobiernos me confirmaron en Windhoek la importancia que atribuyen al apoyo que se les pueda prestar en la elaboración y puesta en práctica de políticas activas de empleo. Los empleadores destacaron a su vez, la función central de la inversión como medio para la creación de empleos, y los trabajadores hicieron hincapié en la importancia de valorar los recursos humanos.
Con el fin de intensificar nuestra asistencia en esos ámbitos, particularmente mediante la promoción de estrategias de crecimiento innovadoras que permitan crear empleos y reducir la pobreza, he procurado prever actividades específicas que permitan que los interlocutores sociales perfeccionen sus estrategias para contribuir mejor a promover empleos decentes. Por otra parte, en junio decidí asignar recursos complementarios a los proporcionados por el PNUD, a fin de extender el ámbito de aplicación del programa Empleos para Africa de diez a 16 países. Velaremos por garantizar la continuidad de este programa.
Por lo que atañe a la protección social, el Presidente de Namibia, su Excelencia el Sr. Sam Nujoma, destacó especialmente en Windhoek la propagación alarmante del VIH/SIDA en el continente africano. El ONUSIDA estima efectivamente que los países africanos concentran el 70 por ciento del total de las personas afectadas por ese virus en todo el mundo, es decir, cerca de 23 millones de personas infectadas por el VIH. La magnitud de esta pandemia es tal que constituye una tragedia humana, económica, social y cultural.
Esto pone en peligro los frágiles logros alcanzados en materia de desarrollo y amenaza los esfuerzos tendentes a reforzar el capital humano, al mismo tiempo que sumerge a familias enteras en una pobreza aún más profunda. Asimismo, pone a prueba nuestras ideas sobre la compasión y la inclusión social.
La historia nos enseña que, ante la adversidad, las sociedades sólo pueden sobrevivir, vencerla y prosperar en la medida en que consigan mantener su cohesión y reforzar su tejido social. Este es uno de los dilemas planteados por esta pandemia.
Para apoyar el trabajo de fondo realizado en sus respectivos países, decidí reforzar las actividades de la OIT en ese ámbito convocando una reunión en Windhoek. La plataforma de acción común, preparada en esa ocasión con la participación activa de los representantes tripartitos de 20 países africanos y una estrecha colaboración con el ONUSIDA será examinada en el curso de los trabajos de esta Reunión regional. Habría que definir pues el papel específico de la OIT en la lucha mundial contra esta pandemia.
Por último, en lo que respecta al diálogo social, nadie puede creer que la estabilidad política, el crecimiento económico, la creación de empleo y la justicia social van a surgir espontáneamente. Esos factores esenciales del progreso humano exigen convicción y arrojo, pero sobre todo una fe sincera en el recurso al diálogo y la concertación para resolver los conflictos de intereses o para subsanar simplemente una falta de comunicación.
Una vez más, quise que la primera actividad de nuestro Programa InFocus sobre Fortalecimiento de los Interlocutores Sociales se llevara a cabo en la escena africana, precisamente en Addis Abeba, sede de la OUA, por su valor simbólico. En la medida en que permiten la búsqueda y el mantenimiento de la paz, nutren la vida democrática y favorecen la transformación del desarrollo económico en justicia social, el tripartismo y el diálogo social podrán contribuir a hacer realidad el conjunto de los objetivos estratégicos de la OIT.
La experiencia prueba que el diálogo, aunque indispensable, no siempre es fácil. Requiere un espíritu de apertura, tolerancia y respeto del otro. Esas cualidades son los ingredientes necesarios del progreso social. Invito pues a los países africanos a situar el diálogo social en el centro de todas las políticas económicas y sociales como instrumento indispensable para el progreso y la estabilidad.
Les exhorto pues a que sean creativos e imaginativos en sus deliberaciones, y ambiciosos y audaces en sus proposiciones para impulsar nuestra cooperación técnica en la región.
Me comprometo a garantizar que Africa encontrará siempre en la OIT un interlocutor que le escuche con atención, y un aliado privilegiado que le acompañe efectivamente en el camino del desarrollo. Y en mí, tendrán ustedes siempre un amigo fiel.
Nota
1. Para más de informaciones, le ruega consultar el sitio public du Web. (Back)