Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

La crisis del COVID-19 podría provocar trastornos de salud mental a muchos trabajadores

La pandemia y la consecuente recesión económica exacerbarán desigualdades que existían previamente en el plano sanitario y repercutirán en mayor medida en la salud mental de grupos de personas desfavorecidas y vulnerables, en particular las personas con discapacidad y los desempleados.

Opinión | 28 de abril de 2020
Lode Godderis, Departamento de Salud Pública y Cuidados Primarios, Bélgica
Debemos ser conscientes de los efectos a largo plazo para la salud de todos los trabajadores. Cabe esperar reducciones de personal, no sólo como consecuencia de la infección por el COVID-19, sino también a raíz de la tensión, la frustración y el aislamiento. También es previsible que se produzcan amplias desigualdades en materia de salud provocadas por la pandemia y la recesión económica. La salud mental de los trabajadores del sector sanitario podría verse afectada adversamente como consecuencia de su elevada carga de trabajo durante la crisis. La salud metal de los profesionales que trabajan en oficinas podría padecer los efectos del aislamiento y de la cuarentena. Y, por último, la inseguridad laboral y la pérdida de ingresos podrían provocar problemas de salud mental a trabajadores y obreros.

No obstante, es posible adoptar medidas para evitarlo. En pandemias anteriores, seguidas por una recesión económica, se puso claramente de manifiesto que los países que invierten en protección social, fomentan programas al respecto y brindan oportunidades de empleo suficientes pueden mitigar los efectos de la crisis que provocan las pandemias en la salud mental.

A raíz de su sobrecarga de trabajo durante esta crisis, los trabajadores del sector sanitario necesitarán tiempo para recuperarse, a medida que los servicios sanitarios retomen su actividad normal. Es importante que las personas que hayan trabajado a distancia desde su hogar durante la crisis se preparen mentalmente para regresar al trabajo. Ese grupo de personas podría mostrarse reticente a retomar al trabajo por temor a un mayor riesgo de contagio o a un futuro profesional incierto. Por último, cabe destacar los trabajadores, una gran parte de la población, que han perdido su empleo, desarrollan su labor en jornadas reducidas, o deben afrontar graves restricciones salariales.

© Nathan Laine / Hans Lucas AFP
Por lo general, las recesiones exacerban desigualdades que ya existían previamente en el plano sanitario y repercuten en mayor medida en la salud de grupos de personas desfavorecidas y vulnerables, en particular las personas con discapacidad y los desempleados. En relación con estos trabajadores, es necesario aplicar medidas de apoyo suplementarias para que puedan volver a desempeñar su función en la sociedad, así como para evitar graves consecuencias financieras o de salud mental.

Hasta ahora, en las actividades de planificación frente a la pandemia no se han abordado suficientemente ese tipo de desigualdades y factores determinantes subyacentes en el plano social. No obstante, si se aprovecha la extraordinaria solidaridad a la que ha dado lugar la pandemia del COVID-19, los efectos de la recesión económica podrían repercutir favorablemente, de forma inesperada, en nuestra salud. Ello exige la aplicación de medidas adecuadas para evitar desigualdades en materia de salud.

Los gobiernos deberían elaborar planes eficaces para reducir las desigualdades con respecto a la carga que conlleva la enfermedad, tanto a escala nacional como internacional. Los esfuerzos deberían hacer hincapié en los trabajadores de las clases sociales más bajas, en las que las medidas pueden resultar más eficaces para mitigar los efectos de las enfermedades. También es necesaria la colaboración internacional para brindar apoyo a los países de ingresos bajos o medios, en los que gran parte de la población se encuentra en situación de pobreza.

De la formulación de políticas de apoyo que permitan reducir la desigualdad social dependerá la seguridad futura en los planos financiero y de salud mental después de la crisis del COVID-19. Esas políticas permitirán que, aunque se produzca una recesión, la creación o el mantenimiento de puestos de trabajo seguros contribuya a paliar todo lo posible los efectos de dicha recesión en la salud de los trabajadores después de la crisis.

Por Lode Godderis, Centro para el Medio Ambiente y la Salud, Departamento de Salud Pública y Cuidados Primarios, Bélgica



Extracto de un artículo elaborado para conmemorar el Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo.

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